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Nací el día del asalto al cuartel Moncada, pero 28 años después.

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Celebrando al “Presidente Guerrero”

Publicado por moncadista en 22 mayo, 2012

El caso de los Demócratas por la grandeza de la política exterior de Obama es más relevante por lo que alegremente ignora.

30 de abril de 2012
Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
22 de mayo de 2012

Peter Bergen, el Director de Estudios de Seguridad Nacional en la Nueva Fundación Americana que apoya al partido Demócrata, tiene hoy un largo artículo de opinión-editorial en el New York Times glorificando a Obama como un valiente e inquebrantable “Presidente guerrero”; empieza así:

EL presidente que ganó el Premio Nobel de la paz en menos de nueve meses después de su investidura ha resultado ser uno de los líderes estadounidenses más agresivos militarmente en décadas.

Sólo reflexionar que: no sólo el Partido Demócrata, sino también su facción progresista, está salvajemente entusiasmada con “uno de los líderes más agresivos militarmente en décadas.” Eso es bastante revelador a muchos niveles. Bergen apunta esa ironía: recuerda que Obama usó su discurso de recogida del Nobel de la Paz para defender las justificaciones para la guerra y señala: “si aquellos de la izquierda estaban escuchando, no parecía importarles.” Añade que “la izquierda, que ha condenado fuertemente a George W. Bush por las torturas durante los interrogatorios y las violaciones del debido proceso en Guantánamo, estuvo relativamente callada mientras que la administración Obama, actuando como juez y verdugo, ordenó más de 250 ataques aéreos con aviones no tripulados en Paquistán desde 2009, durante los cuales se perdieron al menos 1400 vidas.”

Para explicar el comportamiento de “la izquierda,” Bergen propone esta teoría: “Tanto de la izquierda como la derecha, ha habido una desconexión cognitiva continua y dramática entre el historial del Sr. Obama y la percepción pública de su liderazgo: a pesar de su demostrada disposición para usar la fuerza, ninguno de los lados le supone como el presidente guerrero que es.” En otras palabras, los progresistas son servilmente adeptos de “uno de los líderes estadounidenses más agresivos militarmente en décadas” porque se han engañado a sí mismos al negar esta realidad y continuar pretendiendo que es algún tipo de personaje anti guerra.

Esta no es una especulación irracional, pero al final creo que no es verdad. Dejando de lado la sobre-generalización de Bergen (algunas facciones de “la izquierda” han hecho bastante ruido al condenar las acciones de Obama en esos temas) la mayoría de los Demócratas son perfectamente conscientes de la agresión militar de Obama. Ellos no le apoyan a pesar de eso, sino que más bien, esa es una de las cosas que les encanta de él. Después de años de burlas desde la derecha como un debilucho que mima a los terroristas, Obama (pavoneándose y enseñando su propia fuerza) les deja sentirse fuertes y poderosos exactamente de la manera en la que la arrogancia de Bush y Cheney dejaba a los conservadores que se chulearan por ahí como tipos duros, jugando a que hacían de guerreros. Más que ignorar esta agresión, los comités de expertos demócratas apuntan con una orgullosa sonrisa radiante a los cadáveres apilados por el Comandante en jefe demócrata para argumentar que la política exterior ha sido un rotundo “éxito”, mientras que los expertos demócratas celebran y defienden el valor político de sus majestuosos asesinatos.

Ayer, Chris Hayes en su show matinal de MSNBC, condujo una excelente discusión de dos partes sobre la escalada en el asesinato de civiles por los ataques mediante aviones no tripulados de Obama, con un fuerte énfasis en la gente inocente, incluyendo numerosos niños, que habían sido asesinados. Enseñó un vídeo desgarrador con la angustia de un hombre mientras describía el ataque aéreo con bombas de racimo que en el 2009 mató a su mujer embarazada y a sus niños; mostró el asesinato en Yemen, mediante aviones no tripulados de EEUU, de Abdulrahman Awlaki, un ciudadano estadounidense de 16 años de edad; y entrevistó a Clive Stafford Smith, abogado de derechos humanos, que describió al chico paquistaní de 16 años que conoció en un encuentro para discutir las muertes de civiles por ataques de aviones no tripulados y que, apenas 3 días más tarde, un ataque estadounidense con avión no tripulado acabó con su propia vida.

Más tarde ese día, Hayes envió este tweet: “Un poco sorprendido por la fealdad que la conversación sobre los aviones no tripulados hace salir en la gente.” Se refería a la avalancha de ataques furiosos por Twitter de los leales a Obama de siempre que alegremente defienden el programa de los aviones no tripulados, se burlan de las preocupaciones sobre los civiles muertos, e insisten que él no debería estar dando cobertura a tales asuntos porque pueden dañar a Obama en un año de elecciones (por supuesto, no sólo los seguidores del Presidente, sino, como Hayes señaló, el mismo Presidente que es un experto en encontrar humor en sus ataques con aviones no tripulados).

Al contrario de la generosa creencia de Bergen de que los progresistas se están engañando a sí mismos sobre el militarismo de Obama, muchos son plenamente conscientes de ello y, porque es un demócrata haciéndolo, han terminado apoyándolo agresivamente. Eso, sin duda, será uno de los legados más duraderos de Obama: transformar esas políticas de excesivo militarismo, rampante secretismo y asaltos a las libertades civiles de un radicalismo de derechas a un robusto consenso bipartidista (aunque podrían intentarlo, ni siquiera los progresistas serán capaces de dar la vuelta y pretender con credibilidad poner objeciones a tales cosas la próxima vez que haya un presidente republicano).

Ahora, hay un elemento de engaño en el apoyo demócrata al militarismo de Obama, y se extiende no sólo a sus más ardientes defensores sino también a la editorial de Bergen. La mayoría de los demócratas que alaban “los éxitos de la política exterior de Obama” fallan incluso al reconocer, no digamos condenar, a las miles de personas inocentes cuyas vidas fueron acabadas por su militarismo. Esas muertes simplemente no existen en su mundo. Cuando los obligas a hablarlo, simplemente lo descartarán con la terminología militar que fue popularizada por primera vez por Timothy McVeigh (eso es sólo un “daño colateral”) y entonces rápidamente vuelven al mantra de la era Bush de invocar descuidadamente la palabra “terrorismo” para justificar cualquier violencia que el gobierno de los EEUU cometa. Se ven a sí mismos, y especialmente a su líder, tan justo y noble que incidentes como este y este y tantos otros son felizmente guardados lejos de sus conciencias porque la realidad de lo que ellos apoyan no puede ser reconciliada con su propia percepción; eso, más que nada, es lo que explica el rencor dirigido a Hayes ayer: él hizo públicos hechos que ellos prefieren desesperadamente que sean escondidos, no de otros, sino de ellos mismos.

Así, Bergen (que ha pasado los últimos años defendiendo diligentemente en periódicos de los demócratas la escalada bélica de Obama en Afganistán y el aumento de la guerra mediante aviones no tripulados) escribe casi 2000 palabras aclamando los espectaculares logros de la política exterior de Obama. Y ni siquiera una vez la palabra “civil” o “inocente” aparece. No hay ninguna mención (cero) a los numerosos civiles inocentes que han sido asesinados por las políticas militaristas que Bergen celebra. Simplemente no existen. Bergen (que ha afirmado anteriormente, contrario a las numerosas pruebas, que los civiles muertos por los ataques por aviones no tripulados en Paquistán están sobrestimados) aquí ni siquiera reconoce su existencia. Como de costumbre, las muertes de numerosos extranjeros inocentes por los misiles y las bombas de los aviones no tripulados estadounidenses, incluyendo niños, es lo innombrable, la verdad irrelevante del militarismo norteamericano.

En efecto no es sorprendente que algún “experto” del grupo de expertos como Bergen encuentre que muertes de civiles a manos del militarismo estadounidense sea demasiado insignificante para tenerlo en cuenta, sin contar con que interfiere con su frívola veneración. Pero el hecho que buena parte del Partido demócrata, incluyendo su facción progresista, lo siga es de hecho muy relevante.

Un último apunte: durante los ocho años de la administración Bush, Bush, Cheney y decenas de otros partidarios de su militarismo que no habían servido en el ejército eran rutinariamenteridiculizados por los demócratas y progresistas como “gallinas[i]” (una acusación, que, con alguna salvedad y modificación yo apoyé). ¿Qué ha pasado con eso? Ahora tenemos un presidente al que Bergen aclama como “uno de los líderes estadounidenses más agresivos militarmente en décadas” a pesar de no haber servido ni un sólo día en el ejército, y hordas de demócratas que no han servido en el ejército lo animan cuando lo hace. Parecido a cuando se burlaron de George Bush merecidamente por declararse a sí mismo como un “presidente de guerra,” ¿Se terminó este concepto de “gallina”, como tantos otros aparentes creencias políticas, el 20 de enero de 2009?

ACTUALIZACIÓN: Como muchos comentarios sugieren, hay otro aspecto ilusorio de la glorificación demócrata de la política exterior de Obama que no he mencionado aquí (aunque lo he hecho en muchas otras ocasiones): la ridícula noción de que estar continuamente matando civiles en el mundo musulmán (una década después del 9 de septiembre) nos mantiene a salvo más que exacerbar la verdadera amenaza terrorista que ostensiblemente pretende resolver. El quid de la mentalidad Bush/Cheney era que el terrorismo terminará justo cuando mates a todos los terroristas (incluso cuando esos esfuerzos hicieron más para asegurar la continuación y el aumento del odio anti-americano que ninguna otra causa) y es la misma mentalidad en el corazón de la defensa de Obama.

En otro asunto, Jesse Walker de Reason me escribe con una corrección: “Daño colateral entró en el léxico general durante la primera guerra de Irak, no después de lo de la Ciudad de Oklahoma. Imagino que de ahí lo recogió McVeigh, también.” Después añadió que tal vez “fue ampliamente usado antes de Irak y yo no lo noté hasta entonces. Por lo que debería decir que entró en el léxico común “por lo menos” cuando la primera guerra de Irak. Pero fue definitivamente usado ampliamente entonces. Me acuerdo de cuando nosotros en el movimiento anti guerra nos burlábamos de las noticias por estar repitiendo sin crítica el eufemismo. Hubo incluso un libro que usaba la frase como título.”

Para terminar, Jeremy Scahill dio un excelente discurso en la cumbre sobre los aviones no tripulados de ayer en el que lo llamó “el gabinete de la muerte de Obama”; Kevin Gosztola tiene como siempre un excelente resumen junto con el vídeo del discurso.

ACTUALIZACIÓN II: De acuerdo con la CNN hoy, “un supuesto ataque de aviones no tripulados de EEUU mató a tres personas el domingo en una escuela en el norte de Pakistán.” El artículo cita a “oficiales de inteligencia” que aseguran que los “militantes estaban escondidos” en la escuela. Aparentemente no hay información todavía sobre quién murió, aunque espero (y confío) en que esto no impedirá las celebraciones a nuestro “Guerrero en Jefe.”

Este artículo apareció originalmente en Salon.com el 29 de abril de 2012.


[1] Chickenhawk es aquel que hace propaganda pro-guerra pero que nunca ha servido en el ejército.


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La lección de Jose Rodríguez

Publicado por moncadista en 14 mayo, 2012


3 de mayo de 2012

Tal vez es una mala idea confiar al brazo ejecutivo el esgrimir los poderes más extremos, en la oscuridad, sin controles.

Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
14 de mayo de 2012

Jose Rodriguez, el oficial de alto rango de la CIA que ordenó la destrucción de 92 vídeos en los que se veían los interrogatorios que la agencia hacía a sospechosos de terrorismo, fue entrevistado el domingo por la noche sobre su nuevo libro pro-tortura en 60 minutos (la cadena del programa, CBS, y la editora del nuevo libro de Rodriguez, Simon & Schuster, son ambos propiedad de CBS Corp., ahora juntos haciendo dinero mediante la defensa de la tortura). Hay una lección importante que aprender de esta entrevista.

Como muchos comentaristas apuntaron correctamente, la tortura que defiende Rodriguez es claramente una demencia sociópata (del tipo claramente banal identificado por Hannah Arendt). En Esquire, Charles Pierce tiene un post perfecto sobre todo esto, en el que dice: “Estoy perfectamente convencido de que Rodriguez es tanto un sociopata como un maniaco” (su primer párrafo, sobre la protección consecutiva por parte de la administración Obama de estos criminales de guerra, es de recomendada lectura). Las notas de Amy Davidson en El New Yorkerque Rodriguez hizo ni siquiera se molestan en defender la tortura como una maldad necesaria sino que “se jactan sobre su uso al demostrar la valentía del torturador” (de hecho, la afirmación de Rodriguez de que autorizando la tortura significaba que la gente en el gobierno fueron capaces de “ponerse los pantalones” demostraba un totalmente nuevo nivel de adulación psicosexual). Andrew Sullivan dice que Rodriguez es un “criminal de guerra” que “no se avergüenza de nada de eso, y pretende ganar dinero con ello.”

Todo esto es verdad, pero el punto clave aquí es que Rodriguez (siendo un criminal de guerra, maniaco y sociópata) no era un oficial deshonesto, de bajo rango y no representativo de la CIA. Lo contrario es verdad: pasó su carrera en la agencia y ascendió continuamente, llegando a liderar lo que Dana Priest de El Washington Post llamó esta semana “la todopoderosa junta de operaciones de la Agencia Central de Inteligencia,” localizada “en el centro del universo en la agencia.” Él estaba esencialmente al cargo de operaciones clandestinas, incluyendo la tortura de la CIA, rendiciones, centros clandestinos de detención y los programas de detención. Y los programas criminales que “sociopáticamente” está defendiendo fueron los que las más altas instancias del gobierno de EEUU apoyó, autorizado por su Departamente de Justicia, y protegido por la actual administración de ser investigado o perseguido. Rodriguez (sociópata y todo) no es una aberración en el mundo de la inteligencia y el paramilitarismo del gobierno de los EEUU: él es su símbolo.

Cuando tanta gente reacciona con repugnancia a la mentalidad de Jose Rodriguez, entonces tal vez este es un buen momento para parar y darse cuenta de por qué es tan peligroso y equivocado confiar al Brazo Ejecutivo el que ejerza poderes tan extremos (de asesinato, detención indefinida, rendición, vigilancia) en la sombra, sin vigilancia, limitación o transparencia. Aquellos de vosotros que estéis contentos de que el Brazo Ejecutivo decida -sin control o transparencia- quién vive o muere, quién está libre o en prisión, quién tiene el derecho al debido proceso y quién no, estáis poniendo vuestra fe ciega en los Jose Rodriguez del mundo.

Incluso la gente que en principio no asume ese nivel de poder incontrolado en un estado corrupto y sociópata puede (y lo hará) fácilmente ser transformado por ello. Esa es la naturaleza corruptora inherente al poder incontrolado (de la naturaleza humana) que llevó a los fundadores americanos a insistir en los múltiples niveles de difíciles controles en el momento que se ejercen poderes de esta clase. Jose Rodriguez (sus actos y mentalidad) es el inevitable fruto de poner fe y confianza en la benevolencia de los oficiales del Brazo Ejecutivo Americano para ejercer los más extraordinarios poderes del mundo sin un escrutinio y límites significativos.

Ayer, John Brennan, el jefe asesor anti-terrorista del Presidente Obama, dio un discurso en el cual pretendía proveer de más “transparencia” al programa de aviones no tripulados de Obama. Pero no hizo nada de eso. En cambio (mientras justificaba todo lo que el gobierno hace con el mantra estándar: “Estamos en guerra… sí, la guerra es el infierno. Es horrible. Involucra seres humanos matando a otros seres humanos, a veces civiles inocentes” (ofreció una serie de tópicos vacíos asegurándonos que “el presidente Obama ha demandado que nos adhiramos a los procesos y estándares más altos posibles” cuando se trata del programa de aviones no tripulados. En el momento en que alguien en el brazo ejecutivo propone a alguien para que sea muerto de manera sumaria, dice, los oficiales “tienen en cuenta toda la información disponible, cuidadosamente, con responsabilidad”; “estos esfuerzos son supervisados con extraordinario cuidado y consideración”; y ellos “sólo autorizan un ataque aéreo si tenemos un algo grado de confianza de que civiles inocentes no serán heridos o asesinados, excepto en las más extrañas circunstancias.”

Pero esto son sólo vagas afirmaciones sin verificar (el novelista Herman Hesse, en 1917, describió perfectamente lo prosaico y sin sentido de las afirmaciones de Brennan). De hecho, la prueba que revelaría lo que la administración está haciendo, lo que en realidad esos ataques con aviones no tripulados tienen como resultado, continúa siendo ocultado (basado en la insistencia por parte de la administración y por largo tiempo defendida ante las cortes de que no puede confirmar o negar con certeza la existencia del programa de aviones no tripulados, incluso aunque Brennan hizo exactamente eso ayer: “el Gobierno de los Estados Unidos lleva a cabo ataques aéreos selectivos contra terroristas de al-Qa’ida, en ocasiones utilizando aviones teledirigidos, normalmente referidos públicamente como drones (aviones no tripulados).

En lugar de evidencias y vigilancia, se nos pide, en cambio, simplemente poner nuestra fe en John Brennan y sus demandas, juicios y magnanimidad. Brennan (como Rodriguez) fue un agente de la CIA durante la era Bush que expresamente defendía “las técnicas mejoradas de interrogatorio” (abreviación para “la técnica del submarino”) y la rendición. También tiene un historia de demostradas mentiras sobre las muertes de civiles por los aviones no tripulados de EEUU, ymentiras que caen por su propio peso, retórica para crear falsedades, sobre el asesinato de Osama bin Laden. ¿Qué posible justificación existe para poner nuestra fe ciega en sus pronunciamientos no verificables, o mejor, investirlo con el poder incontrolado y secreto de la vida y la muerte, la prisión y la libertad?

De hecho, no hay justificación para poner ninguno de estos poderes en las manos de ningún líder político sin una letanía de controles, transparencia y restricciones. Cualquiera que juegue con la noción de que esto puede ser hecho de manera segura debería dedicar algún tiempo a ver la entrevista con Jose Rodriguez, que adquirió el poder no por una desviación de la mentalidad del Brazo Ejecutivo, sino más bien por su ejemplificación.

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Como apunté la semana pasada (y como Pierce cuenta con más detalles) el verdadero escándalo de la gira de presentación del libro de Jose Rodriguez es que el Departamento de Justicia de Obama (DOJ por sus siglas en inglés) lo ha protegido a él y a sus compañeros criminales de todas las formas de rendición de cuentas. Ayer, el senador demócrata Diane Feinstein hizo una declaraciónsobre su entrevista en 60 minutos donde con total naturalidad afirma que su orden de destruir las cintas “refleja un flagrante desprecio por la ley.” Sí, obviamente lo es: y eso es lo que hace que el rechazo del DOJ a perseguirlo sea tan corrupto. Desde luego, los oficiales del Brazo Ejecutivo, incluso cuando se trata de los crímenes más atroces, están por encima del imperio de la ley cuando se trata de acciones que ellos llevan a cabo como parte de la política del gobierno de los EEUU.

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Andrew Sullivan (que una vez hizo un llamamiento para que Obama fuera perseguido como criminal de guerra por su complicidad con los crímenes de guerra de Bush) hoy habla con entusiasmo sobre que Obama “restauró la credibilidad moral del país después de un periodo oscuro de interrogaciones al estilo nazi bajo Cheney, Bush y Rumsfeld.” ¿Exactamente cuál de ellos hizo eso?

ACTUALIZACIÓN: Sam Seder me hizo una entrevista ayer para el programa Majority Reportsobre la entrevista a Rodriguez y la no-persecución; la discusión de 15 minutos puede ser oída aquí.

Este artículo apareció originalmente en Salon.com el 1 de mayo de 2012

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Los verdaderos criminales en el caso de Tarek Mehanna

Publicado por moncadista en 9 mayo, 2012

Glenn Greenwald
De Salon.com Artículo original
13 de abril de 2012

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
26 de abril de 2012


Se puede ver a Tarek Mehanna en esta imagen sacada de una secuencia del vídeo tomado en Boston en el 2009. (Créditos Reuters/WHDH-TV)

En una de las más atroces violaciones de las garantías de libertad de expresión de la Primera Enmienda que se han visto en mucho tiempo, Tarek Mehanna, un estadounidense musulmán, fue condenado esta semana en una corte federal en Boston y sentenciado ayer a 17 años de prisión. Se le encontró culpable de apoyar a Al Qaeda (debido a la traducción de documentos terroristas al inglés y por expresar una “visión comprensiva” al grupo) así como conspirar para “asesinar” a soldados de EEUU en Irak (véase hacer campaña contra un ejército invasor perpetrando un agresivo ataque contra una nación musulmana). Estoy todavía viajando y no tengo mucho tiempo hoy para escribir sobre el caso en sí – Adem Serwer escribió hace varios meses un excelente resumen de por qué la persecución contra Mehanna es una odiosa amenaza contra la libertad de expresión. Además más antecedentes del caso están aquí, y yo he escrito antes sobre la creciente criminalización de la libertad de expresión bajo los Departamentos de Justicia (DOJ por sus siglas en inglés) de Bush y Obama, por los que los musulmanes son perseguidos por sus visiones políticas obviamente protegidas – pero animo a todo el mundo a leer algo bastante impresionante: la declaración de Mehanna, increíblemente elocuente y reflexiva, durante la audiencia de su sentencia, antes de ser condenado a 17 años de prisión.

En algún momento en el futuro, creo que la historia aclarará de verdad quiénes son los criminales en este caso: no Mehanna, sino más bien los arquitectos de las políticas a las que él se sintió obligado a combatir y a las entidades que han conspirado para consignarlo a una jaula durante dos décadas.

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DECLARACIÓN DE LA SENTENCIA DE TAREK

12 de abril de 2012

Leída al juez O’Toole durante su sentencia, 12 de abril de 2012.

En el nombre de Dios, el más misericordioso, el más compasivo. Este mes hace exactamente cuatro años que estaba terminando mi cambio de turno en un hospital local. Mientras caminaba a mi coche se me acercaron dos agentes federales. Me dijeron que tenía dos opciones: Podía hacer las cosas de manera fácil, o podía hacerlas por el camino más duro. La “fácil”, tal como me explicaron, era que me convirtiera en un informante del gobierno, y si hacía eso nunca vería una sala de justicia por dentro o la celda de una prisión. Y el camino difícil, este es. Aquí estoy, habiendo pasado la mayor parte de estos cuatro años desde entonces en una celda de aislamiento del tamaño de un pequeño armario, en el que estaba encerrado durante 23 horas al día. El FBI y esos fiscales trabajaron muy duro y el gobierno gastó millones de dólares de los contribuyentes para encerrarme en esa celda, dejarme allí, llevarme a juicio, y finalmente tenerme hoy aquí de pie ante ustedes para ser sentenciado a pasar incluso más tiempo en una celda.

En las últimas semanas mucha gente me ha hecho sugerencias sobre lo que debería decirles. Algunos me decían que debería pedir clemencia esperando una sentencia leve, mientras que otros sugería que debería golpear fuerte en cualquier caso. Pero lo que yo quiero hacer es hablar sobre mí mismo durante algunos minutos.

Cuando rechacé convertirme en un informante, el gobierno respondió acusándome del “crimen” de apoyar los mujahideen que luchan contra la ocupación de los países musulmanes alrededor del mundo. O como les gusta llamarles, “terroristas”. Sin embargo yo no nací en un país musulmán. Yo nací y crecí justo aquí, en EEUU, y esto enfada a mucha gente: ¿cómo puede ser que siendo estadounidense crea esas cosas y tome las posiciones que tomo? Todo a lo que un hombre está expuesto en su ambiente se convierte en un ingrediente que le da forma a su visión, y yo no soy diferente. Por lo que en más de una manera, es el país del que soy lo que me ha hecho lo que soy.

Cuando tenía seis años, empecé a coleccionar una gran cantidad de libros de cómics. Batman metió un concepto en mi mente, me introdujo un paradigma de cómo el mundo está montado: que hay opresores, hay oprimidos, y están esos que da un paso y defienden a los oprimidos. Esto resonó mucho en mí durante toda mi infancia, yo gravitaba hacia cualquier libro que reflejara ese paradigma – La Cabaña del Tío Tom, la autobiografía de Malcolm X, o incluso vi una dimensión ética en El Guardían entre el Centeno.

En el momento que empecé el instituto y recibí verdaderas clases de historia, fui aprendiendo precisamente cómo de real es ese paradigma en el mundo. Aprendí sobre los nativos americanos y lo que les ocurrió a manos de los colonos europeos. Aprendí sobre cómo los descendientes de esos colonos eran a su vez oprimidos por la tiranía del Rey Jorge III.

Leí sobre Paul Revere, Tom Pain, y cómo los americanos empezaron una insurgencia armada contra las fuerzas británicas – una insurgencia que ahora celebramos como la guerra revolucionaria americana. Cuando era un chico incluso fui a excursiones escolares sólo a unas calles de donde estamos sentados. Aprendí sobre Harriet Tubman, Nat Turner, John Brown, y la lucha contra la esclavitud en este país. Aprendí sobre Emma Goldman, Eugene Debs, y las luchas de los sindicatos, las clases trabajadoras, y los pobres. Aprendí sobre Anne Frank, los nazis, y cómo persiguieron a las minorías y metían en prisión a los disidentes. Aprendí sobre Rosa Parks, Malcolm X, Martin Luther King, y la lucha por las libertades civiles.

Aprendí sobre Ho Chi Minh, y cómo los vietnamitas lucharon durante décadas para liberarse de un invasor tras otro. Aprendí sobre Nelson Mandela y la lucha contra el apartheid en Sudáfrica. Todo lo que aprendí durante esos años confirmaba lo que empecé a aprender cuando tenía 6: que a lo largo de la historia, ha habido una lucha constante entre los oprimidos y los opresores. Con cada lucha sobre la que aprendí me encontré a mí mismo consistentemente del lado de los oprimidos, y consistentemente respetando a aquellos que dieron un paso adelante para defenderlos – sin importar la nacionalidad, sin importar la religión. Y nunca tiré mis apuntes de clase. Mientras estoy aquí de pie hablando, están en un ordenado montón en el armario de mi habitación en casa.

De todas las figuras históricas de las que aprendí, una sobresalía sobre el resto. Estaba impresionado de muchas cosas sobre Malcolm X, pero sobre todo, estaba fascinado por la idea de la transformación, su transformación. No sé si han visto la película “X”, de Spike Lee, dura como tres horas y media, y el Malcolm del principio es diferente del Malcolm del final. Empieza como un criminal analfabeto, pero termina como un marido, un padre, un líder elocuente y protector de su gente, un musulmán disciplinado haciendo el camino a la Meca, y al final, un mártir. La vida de Malcolm me enseñó que el Islam no es algo heredado; no es una cultura o etnia. Es un modo de vida, una forma de pensar que cualquiera puede elegir sin importar de dónde vienen o cómo fueron criados.

Esto me llevó a mirar con más profundidad el Islam, y me enganché. Era sólo un adolescente, pero el Islam respondía la pregunta sobre la que las mentes científicas más grandes no tenían ni idea, la cuestión que lleva a los ricos y famosos a la depresión y al suicidio al ser incapaces de responderla: ¿cuál es el propósito de la vida? ¿Por qué existimos en el universo? Pero también respondía la pregunta de cómo se supone que tenemos que existir. Y ya que no hay jerarquía o sacerdocio, podía sumergirme directa e inmediatamente en los textos del Corán y las enseñanzas del profeta Mahoma, para empezar el viaje de entender de qué iba todo esto, las implicaciones del islam para mí como ser humano, como individuo. Para la gente a mi alrededor, para el mundo; y cuanto más aprendía, más valoraba el islam como a un pedazo de oro. Esto cuando era un adolescente, pero incluso hoy, a pesar de las presiones de los últimos años, me pongo en pie ante usted y todos los que están en la sala como un musulmán muy orgulloso de serlo.

Con eso mi atención se desvió a lo que estaba pasando a otros musulmanes en diferentes partes del mundo. Y dondequiera que miraba, vi los poderes que estaban intentando destruir lo que yo amaba. Aprendí lo que los soviéticos habían hecho a los musulmanes en Afganistán. Aprendí lo que lo serbios habían hecho a los musulmanes bosnios. Aprendí lo que los rusos estaban haciendo a los musulmanes de Chechenia. Aprendí lo que Israel había hecho en Líbano – y lo que sigue haciendo en Palestina – con total apoyo de los Estados Unidos. Y aprendí lo que América estaba haciendo a los musulmanes. Aprendí sobre la Guerra del Golfo, y las bombas de uranio empobrecido que mataron a miles e hicieron que las tasas de cáncer se dispararan por todo Irak.

Aprendí sobre cómo las sanciones llevadas por EEUU impedían que comida, medicinas, y equipo médico entrara a Irak, y cómo – de acuerdo con las Naciones Unidas – más de medio millón de niños fallecieron por ello. Recuerdo un vídeo de una entrevista en “60 minutos” a Madeline Albright donde ella expresaba su opinión de que la muerte de esos niños “merecía la pena”. Vi como el 11 de septiembre un grupo de personas secuestraron unos aviones y los hicieron estrellarse contra edificios por el ultraje causado por la muerte de esos niños. Vi cómo EEUU después atacó e invadió Irak directamente. Vi los efectos de la estrategia “Conmoción y pavor” en el día de comienzo de la invasión – los niños en los pabellones de los hospitales con metralla en sus cabezas de los misiles estadounidenses (por supuesto nada de eso salió en CNN).

Aprendí sobre la ciudad de Haditha, donde 24 musulmanes – incluyendo un hombre de 76 años en una silla de ruedas, mujeres, e incluso bebés – fueron disparados y reventados en sus pijamas por marines de los EEUU mientras dormían. Aprendí sobre Abeer al-Janabi, un chica iraquí de catorce años violada por cinco soldados estadounidenses, que después le dispararon a ella y a su familia en la cabeza, quemando a continuación sus cuerpos. Sólo quiero señalar, como puede ver, que las mujeres musulmanas ni siquiera enseñan el pelo a un hombre que no sea familiar. Por lo que intente imaginarse esta joven chica de una aldea tradicional, con su vestido arrancado, siendo atacada sexualmente no por uno, ni dos, ni tres, ni cuatro, sino cinco soldados. Incluso hoy, mientras estoy sentado en mi celda, leo sobre los ataques aéreos con aviones no tripulados que siguen matando musulmanes a diario en sitios como Paquistán, Somalia o Yemen. Justo el mes pasado, todos oímos sobre los diecisiete musulmanes afganos – la mayoría madres y sus hijos – asesinados a tiros por un soldado estadounidense, que también le pegó fuego a sus cuerpos.

Esas son sólo las historias que aparecen en los titulares, pero una de los primeros conceptos que aprendí en el islam es la lealtad, la hermandad – que cada mujer musulmana es mi hermana, cada hombre es mi hermano, y que juntos, somos un gran cuerpo que debe protegerse uno a otro. En otras palabras, no podía ver que esas cosas se hicieran a mis hermanos y hermanas – incluso por EEUU – y permanecer neutral. Mi simpatía por los oprimidos continuaba, pero ahora era más personal, como lo era el respeto por aquellos que los defienden.

Mencioné a Paul Revere – cuando, cabalgó a medianoche para avisar a la gente de que los británicos estaban marchando a Lexington para arrestar a Sam Adams y John Hancock, y después a Concord para confiscar las armas almacenadas allí por los Minuteman. Cuando llegaron a Concord se encontraron que los Minuteman los estaban esperando con las armas en la mano. Dispararon a los británicos, lucharon contra ellos, y los vencieron. De aquella batalla vino la Revolución Americana. Hay una palabra árabe que describe lo que los Minuteman hicieron ese día. Esa palabra es: JIHAD, y esto es de lo que va mi juicio.

Todos esos vídeos y traducciones, y disputas infantiles sobre “Oh, tradujo ese párrafo” y “oh, editó esa frase,” y todas esas exhibiciones se movían alrededor de un solo asunto: los musulmanes que se están defendiendo de los soldados estadounidenses que hacen exactamente lo que los británicos hacían en América. Quedó claro como el agua durante el juicio que yo nunca jamás planeé “matar americanos” en centros comerciales o la historia que sea. Los propios testigos del gobierno contradijeron esta afirmación, y nosotros pusimos a un experto tras otro en esa tarima, que se pasaron horas analizando cada una de las palabras que he escrito, que explicaron mis creencias. Además, cuando yo estaba libre, el gobierno envió un agente secreto para meterme en uno de sus pequeños “complots terroristas,” pero yo rechacé participar. Sin embargo, misteriosamente, el jurado nunca oyó esto.

Entonces, este juicio no era sobre mi postura acerca de los asesinatos de civiles estadounidenses. Era sobre mi postura sobre los asesinatos de civiles musulmanes por estadounidenses, y es que los musulmanes deberían defender sus tierras de invasores extranjeros – soviéticos, estadounidenses, o marcianos. Eso es lo que creo. Es lo que siempre he creído, y lo que siempre creeré. Esto no es terrorismo, no es extremismo. Es lo que las flechas en ese escudo sobre su cabeza representa: la defensa de la patria. Por lo que no estoy de acuerdo con mis abogados cuando dicen que no tiene que estar de acuerdo con mis creencias -no. Cualquiera con sentido común y humanidad no tiene otra elección sino estar de acuerdo conmigo. Si alguien entra en tu casa para robarte y dañar a tu familia, la lógica dicta que tú haces lo que sea necesario para echar al invasor de tu casa.

Pero cuando esa casa es tierra musulmana, y el invasor es el ejército de EEUU, por alguna razón los estándares cambian de repente. El sentido común es llamado “terrorismo” y la gente defendiéndose de esos que vinieron a asesinarlos desde el otro lado del océano se convierten en “los terroristas” que están “matando americanos.” La mentalidad de que América era victimizada cuando los soldados británicos caminaban por estas calles hace dos siglos y medio es la misma mentalidad de los musulmanes que son victimizados por los soldados americanos que caminan por sus calles hoy. Es la mentalidad del colonialismo.

Cuando el Sargento Bales mató a tiros a esos afganos el mes pasado, toda la atención de los medios fue hacia él y su vida, su estrés, su “desorden de estrés postraumático”, la hipoteca de su casa – como si él fuera la víctima. Poca simpatía se expresó por la gente que de hecho mató, como si no fueran reales, como si no fueran humanos. Por desgracia, esa mentalidad se filtra a todo el mundo en la sociedad, se den cuenta o no. Incluso con mis abogados, les llevó casi dos años de discusiones, explicando y clarificando antes de que fueran capaces de pensar fuera de la caja y por lo menos en apariencia aceptar la lógica en lo que estaba diciendo. ¡Dos años! Si le llevó tanto tiempo a gente tan inteligente, cuyo trabajo es defenderme, desprogramarse a sí mismos, después lanzarme delante de un jurado elegido al azar bajo la premisa de que ellos son mis “iguales imparciales,” venga hombre. No fui procesado ante un jurado de mis iguales porque con la mentalidad dominante hoy en Estados Unidos, no tengo iguales. Teniendo en cuenta este hecho, el gobierno me persiguió – no porque lo necesitaban, sino simplemente porque podían.

Aprendí una cosa más en clase de historia: Estados Unidos ha apoyado históricamente las políticas más injustos contra las minorías – prácticas que incluso estaban protegidas por la ley – sólo para más tarde mirar hacia atrás y preguntar: ¿en qué estábamos pensando? Esclavitud, Jim Crow, el encierro de los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial – todas y cada una aceptada ampliamente por la sociedad americana, cada una defendida por la Corte Suprema. Pero conforme el tiempo pasa y EEUU cambia, tanto la gente como las cortes miran atrás y se preguntan: ¿en qué estábamos pensando? Nelson Mandela fue considerado un terrorista por el gobierno sudafricano, y condenado a cadena perpetua. Pero el tiempo pasó, el mundo cambió, se dieron cuenta de lo opresivas que fueron sus políticas, que no fue él el que era un terrorista, y lo liberaron de prisión. Se convirtió en presidente. Por lo que todo es subjetivo – incluso esta historia del “terrorismo” y quién es “terrorista”. Todo depende del tiempo y el lugar y de quién tenga los superpoderes en ese momento.

A tus ojos soy un terrorista, y es perfectamente razonable que esté aquí de pie vestido de naranja. Pero un día, América cambiará y la gente reconocerá ese día como lo que es. Verán cómo cientos de miles de musulmanes fueron asesinados y mutilados por los militares estadounidenses en países extranjeros. Sin embargo, yo voy a ser el que vaya a prisión por “conspirar para matar y mutilar” en esos países – porque apoyo a los Mujahidin que defienden a esa gente. Mirarán atrás y verán cómo el gobierno gastó millones de dólares para meterme en la cárcel como un “terrorista”, pero si de alguna manera lleváramos a Abeer al-Janabi de nuevo a la vida en el momento en que está siendo violada por vuestros soldados, y la tuviéramos como testigo y preguntarle quiénes son los terroristas, seguro que ella no señalaría hacia mí.

El gobierno dice que estaba obsesionado con la violencia, obsesionado con “matar americanos.” Pero, como un musulmán viviendo estos días, no puedo pensar en una mentira más irónica.

Tarek Mehanna

12 de abril de 2012

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Las mil caras del capitalismo en EEUU

Publicado por moncadista en 17 abril, 2012

Uno de los objetivos de mi “estancia” en EEUU es conocer en profundidad su cultura, sus valores, idioma, sus luchas e historia, etc. Esta semana ha sido muy fructífera en ese aspecto. Con mi intérprete cultural a mi lado he asistido al festival “Full Frame“, que se traduciría algo así como encuadre completo.

Haré comentarios sobre los documentales-películas relacionados con el capitalismo en EEUU (aunque en ningún momento sea algo explícito en las pelis), y a ver qué sale.

La primera película de la que quiero hablaros es Matewan, 1987, de John Sayles. Se ha convertido en una de mis películas favoritas. Es una historia de trabajadores humildes que gracias a una teoría revolucionaria sencilla, respetuosa e inteligente logra unir a hombres y mujeres, estadounidenses e italianos, negros y blancos por un mismo objetivo, y contra un mismo enemigo: “el que no trabaja”. La Batalla de Matewan como es conocida sucedió en 1920. Me llama la atención que apenas tiene referencias en español, aquí y en wikipedia podéis leerlo en inglés.

Quiero centrarme en tres aspectos de la historia y la película que me interesan mucho: la democracia, la unidad y la violencia.

Al pueblo donde los mineros están en huelga llega un tipo del sindicato que se reúne con lo que sería el comité de huelga y dice esto: (debajo está la transcripción)

¿Queréis que se os trate como a hombres? ¿Tratados justamente? No sois hombres para esta empresa. Sois material como las palas, las vagonetas, o los barrenos. Os utilizan hasta que os largáis, no servís o morís en un deslizamiento de tierras, y entonces cogerán a otros. Poco importa el color o de dónde vengan. Poco importa el carbón que podáis sacar o desde cuándo vuestras familias viven aquí. Pero si os quedáis aislados les estáis haciendo el juego. ¿Creéis que este hombre es vuestro enemigo? (señalando al negro). Es un obrero. Un sindicato que rechaza a este hombre no es ya un sindicato. ¡Es un puto “club”! Estáis luchando blancos contra negros. Los nacidos aquí contra los extranjeros. Mineros contra mineros. ¿Cuándo os enterareis de que solo hay dos grupos en este mundo? Los que trabajan y los que no trabajan. Vosotros trabajáis…y ellos, no… Es lo único que debería contar. Habéis dicho que teníais fusiles. Sé que sois todos muy valientes. Y sé que estáis listos para luchar contra la empresa, si es necesario. ¡Pero la empresa no quiere este sindicato! ¡El gobierno estatal tampoco lo quiere, y el gobierno federal, tampoco ¡Y lo que esperan es una razón para intervenir! Señores, estamos sobre un barril de pólvora. Una chispa en el momento equivocado, y todo habrá acabado para nosotros! Por eso debemos actuar despacio y con cautela. Debemos organizarnos establecer las bases. Debemos trabajar todos juntos. ¡Unidos! Hasta que ya no puedan sacar su carbón sin nosotros. ¿Cómo se pueden cerrar las minas sin dinamitarlas? Los mineros deben ir a la huelga. ¡Todos!

Para vencer al enemigo que te considera otro elemento de la maquinaria hace falta unidad entre todos los trabajadores. La unidad no es fácil, porque el enemigo trata en todo momento de dividir a esos que trabajan, por raza, origen, género o religión. Y la película muestra todas esas dificultades, y cómo en las necesidades de la lucha se superan las diferencias. Esa unidad no está libre de esquiroles, traidores, contradicciones y violencia, sobre todo violencia. En nuestros días, tanto en España como en EEUU observamos cómo el Capital y su representante en la Tierra, el Estado, monopolizan la violencia. Pero no siempre ha sido así. Los huelguistas asturianos en el ’34, o las huelgas de principios de siglo XX en EEUU, entre ellas esta que ocurrió realmente en Matewan, han utilizado la violencia directa para defenderse. Al final de la película el responsable del centro de estudios documentales (o algo así) dio una pequeña charla sobre las huelgas mineras y su evolución. A este hombre lo entrevistaré dentro de poco, pero comentaré algo muy interesante. En los años 80 en el mismo Estado de Matewan, Virginia Occidental, hubieron huelgas mineras. En una de ellas se generó todo un movimiento de resistencia noviolenta con cajas de resistencia.

El que la unidad es necesaria es obvio, pero a qué me refiero con la democracia. Tanto el Sheriff como algo que vendría a ser el “alcalde”, que en este país ambos son normalmente electos, están con los trabajadores. Pero también lo están los que tienen pequeños comercios, hostales, etc. El que da el discurso en el vídeo es un sindicalista enviado por el sindicato para apoyar y organizar la huelga. A pesar de hacer todo lo posible para evitar la violencia visceral, irracional, y de luchar por la unidad, acata las decisiones de la asamblea y no deja de trabajar por los intereses de los trabajadores. La violencia directa ejercida por parte de los trabajadores no puede ser juzgada externamente, aplicando juicios morales abstractos, ajenos a las condiciones reales de esos trabajadores. Y lo que es más importante, tal como se refleja en la peli, la violencia es legítima cuando es una decisión tomada de manera puramente democrática.  Otra cosa es que sea acertada por sus consecuencias.

La describiré con adjetivos: actual, imprescindible, solidaridad, honor, unidad, humildad, contradicción, sufrimiento, esperanza,

El jueves vino “una de arena” con el documental “La guerra invisible“. En él se retrata el escandaloso dato de que miles de mujeres son violadas en el ejército estadounidense por sus compañeros y superiores. Sólo en el 2011 se calcula que 19.000 mujeres sufrieron abuso sexual en el ejército. Un tema que prometía. Sin embargo, toda la película es pura propaganda del Sistema llena de sentimentalismo, individualismo y patriotismo. Como las pelis de Hollywood donde a pesar de que hay polis y jueces malos, al final el sistema es el que gana. Las mujeres, a pesar de ser violadas por el ejército, y obviadas por el Sistema, sin pensión, sin seguridad social, abandonadas, siguen,  en su mayoría, pensando que estaban sirviendo (defendiendo) a su país, que era un trabajo que les llenaba.

El documental no saca ni una sola imagen de lo que es el ejército, una máquina para hacer la guerra. No hay combates o campos de batalla. En toda la película de dos horas se menciona una sola vez Irak, y es cuando cuenta que el padre de una de las mujeres violadas en total impunidad y soledad, pasó un año combatiendo en Irak después de que su hija fuera violada por un comandante y después expulsada por denunciar. A él le hacen una entrevista, donde entre lágrimas, no entiende cómo una institución tan ejemplar como el Ejército de los EEUU puede permitir que criminales sigan impunes. Todo es cuestión de que una organización buena como el ejército de los EEUU, no es perfecta. Necesita retoques, para que esos criminales no queden impunes. Curioso el hecho de que el porcentaje de violadores dentro del ejército es del 10% (cifras del gobierno), ¡el doble que en la sociedad! Ojo: el 5% de los hombres en la sociedad estadounidense han cometido una violación.

Inciso. Me comentaba al salir  mi compi que las chicas solían sufrir violaciones en las fiestas universitarias y de instituto, especialmente si se emborrachaban. O sea, que es algo que las chicas tienen muy presente en este país. ¡Algo insólito para mí! ¿habéis escuchado algo semejante en España? La propaganda contra el abuso sexual del ejército no puede ser más ridícula: “Espera a preguntarle cuando esté sobria“.

La sala estaba llena, más de cien personas que no paraban de murmurar, rechistar y menear la cabeza. ¡Estaban escandalizados! Todos esos blancos liberales estaban enfadadísimos porque su insignia tenía una mancha intolerable. No amigos, no es hipocresía, por desgracia es ingenuidad. La organización más criminal que la Humanidad nunca tuvo, el ejército de los EEUU, y resulta que sus ciudadanos se escandalizan porque los soldados “violan” más que la media. No les preocupa que las violaciones sean a los Derechos Humanos en países lejanos e incluso que ejecuten sin juicio a conciudadanos. ¿qué esperan de esos soldados? Chavales de origen humilde sometidos a un entrenamiento y unas presiones (tal como se testimonia en este artículo que acabo de traducir) que los llevan a cometer los crímenes más atroces.

Y es que ¡ay que ver!, no hay justicia dentro del ejército de los EEUU. La solución que se da es que se creen tribunales civiles para tratar los casos de violaciones, nada se habla de los casos como el de Bradley Manning, que será “juzgado” por un tribunal militar, por confesar los crímenes de guerra que le ordenaban cometer.

Sin embargo la mañana del sábado fue soleada y primaveral. El documental “La casa en la que vivo” me impresionó. Trata la guerra contra las drogas dentro del país. Compara muy acertadamente el nazismo con esa guerra. EEUU es el país con más porcentaje de presos del mundo. Las tasas de encarcelamiento de negros es el doble que de blancos. La ley obliga a los jueces a encarcelar como mínimo a 5 años de cárcel, 10 si se es reincidente, sin derecho a apelación, por posesión de unos gramos de crack. Lo curioso es que si te pillan con 1 gramo de crack es la misma condena que si te pillan con 100 gramos de coca. El crack era la droga de los negros, no la coca, cuando se hizo la ley.

Uno de los entrevistados en el documental es David Simon. Y es que Simon dice explícitamente cuando habla, lo que transmite sutilmente mediante el arte: La guerra contra la droga es una guerra de clases contra los pobres, ya sean negros y ahora también blancos pobres.  Como dicen Simon, ya que no nos sirven y tenemos que eliminarlos, por lo menos que den dinero: policías, jueces y sobre todo prisiones. Uno de los negocios más lucrativos en este país. Con celdas comunes que “alojan” a decenas de presos en condiciones inhumanas.

A diferencia de “La guerra invisible”, este documental es capaz de llevar ese sentimentalismo estadounidense al terreno de la política, para criticar feroz y radicalmente al sistema. No tiene desperdicio el testimonio del guardia de prisiones que dice que la guerra contra las drogas es como el holocausto judío, pero este es un holocausto en cámara lenta.

Para terminar, y no me enrollo más, una película documental sobre el neoliberalismo y la industrialización del campo, aunque ninguna de esas dos palabras aparece en toda la película. Se llama “Troublesome Creek“, algo así como el riachuelo problemático. Trata sobre una familia, campesina por varias generaciones, que es desahuciada por los bancos al ser incapaz de pagar las deudas debido a la continua caída de los precios. Sin la garra de Las Uvas de la Ira, pero con una cinematografía preciosa, la película refleja de nuevo la ingenuidad  (naïve), pero también la humildad y solidaridad del campesino estadounidense, especie en extinción.

Las clases populares de EEUU sufren la lucha de clases como el resto del mundo. Tenemos la imagen de una sociedad egoísta, conservadora, pasiva y engreída. Es verdad que la situación digamos “ideológica”, la correlación de fuerzas actual, debida a la derrota que vienen sufriendo desde los años 60, hace que parezca imposible el surgimiento de movimientos populares y obreros de los años 20 o los años 60. Si a esto sumamos la ingenuidad, cuando no cinismo, que impregna a buena parte de la sociedad, la esperanza parece quedar en un movimiento pequeñoburgués y sectario que no será capaz de organizar a las masas populares de este país. Sin embargo la Historia me dice que las clases populares de este país todavía tienen mucho que decir.

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Un llamamiento de Ethan McCord por la defensa de Bradley Manning.

Publicado por moncadista en 16 abril, 2012

27 de marzo de 2012

Ethan McCord

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
16 de abril de 2012

Mientras servía en mi 2ª unidad del 16 batallón de infantería en Nueva Baghdad, Irak, recuerdo vivamente el momento en el 2007 cuando nuestro comandante de batallón entró en la habitación y anunció nuestras nuevas reglas para entrar en combate:

“Escuchad, desde ahora tenemos un nuevo procedimiento estándar de operaciones (SOP por sus siglas en inglés) en el batallón: Cada vez que el convoy es golpeado por un dispositivo explosivo improvisado (IED por sus siglas en inglés), quiero que se abra fuego en todas direcciones, a 360º. ¡Matáis a todo [con énfasis] el que esté en la calle!”

No fuimos entrenados exhaustivamente para reconocer una orden ilegal, o sobre cómo informar de una. Pero muchos de nosotros no podíamos creer lo que se nos acababa de decir que teníamos que hacer. Aquellos de nosotros que sabíamos que era moralmente incorrecto nos esforzábamos por encontrar una manera de evitar disparar a civiles inocentes, a la vez que evitábamos la repercusiones de los sub-oficiales que imponían la estrategia. En tales situaciones, muchos de nosotros disparábamos nuestras armas a los tejados o a vehículos abandonados, dando la impresión de que estábamos siguiendo el procedimiento.

El 5 de abril de 2010, ciudadanos estadounidenses y gente de todo el mundo obtuvo una muestra de este procedimiento de operaciones estándar cuando WikiLeaks sacó a la luz el ya famoso vídeo Asesinato Colateral. Este vídeo mostraba la horrible y totalmente innecesaria matanza de civiles iraquíes desarmados además de periodistas de Reuters.

Yo formaba parte de la unidad responsable de esta atrocidad. En el vídeo se me puede ver intentando llevar niños heridos a un lugar a salvo después del ataque. Saqué de la horrible escena a una chica y un chico jóvenes. Ambos fueron gravemente heridos por disparos. Mucho más tarde, después de que WikiLeaks publicara el vídeo, vi a ambos entrevistados en televisión – los dos sobrevivieron. Pero perdieron a su padre. El vídeo publicado por WikiLeaks se ha difundido públicamente. Intentar tapar este incidente es algo que merece investigación penal. Quien sea que lo reveló para mí es un héroe americano.

El soldado de primera clase Bradley Manning lleva cerca de dos años confinado por la acusación del gobierno de que él filtró a WikiLeaks que después se publicó, el vídeo y montones de otros documentos clasificados.

Si el soldado Bradley Manning hizo lo que se le acusa, entonces es claro – de las conversaciones que son atribuidas a él – que esta decisión fue motivada por una agencia consciente y política. Estas conversaciones supuestamente describen cómo el soldado Manning tiene la esperanza de que esas revelaciones resultarán en una “discusión internacional, debates y reformas.”

Los contenidos de las revelaciones de WikiLeaks han retirado la cortina que cubrían la degradación de nuestro sistema democrático. Se ha convertido en algo totalmente normal para los que toman las decisiones promulgar políticas, estrategias diplomáticas y operaciones militares en el extranjero, procedimientos que son hostiles a los ideales democráticos en los que nuestro país fue fundado. El incidente del que yo formé parte – que sale en el vídeo del Asesinato colateral – se vuelve más terrible aún cuando comprendemos que no fue una excepción. Cuando los soldados tienen un mal momento tragando todos los horrores de la realidad dentro de la que regularmente se nos ordena operar, se nos dice que tenemos que ser fuertes – y hay repercusiones si no lo hacemos.

Cuando hablé con mi sargento después del incidente, me reprendió diciéndome que necesitaba tragármelo, y otro montón de cosas horribles. No hay mecanismos adecuados para que los soldados lleven esos asuntos arriba en la cadena de mando. Bradley Manning supuestamente describió (en las conversaciones grabadas) un incidente donde se le ordenó entregar a académicos iraquíes inocentes a interrogatorios policiales tristemente conocidos, por el delito de publicar una crítica política a la corrupción del gobierno titulada: “¿Dónde fue el dinero?” Su comandante le dijo que se callara e hiciera su trabajo.

Tenemos que cambiar este tipo de políticas y procedimientos en las operaciones. Para hacer eso, necesitamos saber la verdad sobre lo que está realmente pasando. Necesitamos información. Por eso es por lo que necesitamos informantes.

>Todos tenemos que hablar en favor de Bradley. No podemos dejar que nuestro gobierno castigue a un verdadero héroe sólo porque se avergüenzan de la verdad.

Este artículo apareció originalmente en bradleymanning.org, la página web de la red de apoyo a Bradley Manning.


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Hipocresías e ironías de la justicia en EEUU

Publicado por moncadista en 2 abril, 2012

20 de marzo de 2012
Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
1 de abril de 2012

(1) Un lector me recordó esto el miércoles y es algo bastante importante: en julio del 2009, Chuck Todd de la NBC fue a “La mañana de Joe” para defender la decisión del Presidente Obama de proteger a todos los oficiales de Bush de ser perseguidos por torturas, argumentando que porque los abogados de Bush dijeron que podía torturar, entonces era legal. Yo entrevisté-debatí con Todd un par de días más tarde sobre esas opiniones, pero antes de hacerlo, escribí una respuesta al argumento que hizo en televisión.

Mientras hacía eso, intenté pensar en la potestad más tiránica e ilícita posible que un presidente podía hacer valer, de manera que pudiera dar a conocer la invalidez del razonamiento de Todd, y esto es lo que escribí:

Me gustaría preguntar a Chuck Todd: si Bush hubiera hecho que John Yoo escribiera un memorándum opinando que era perfectamente legal que Bush utilizara escuadrones de la muerte dentro de EEUU para asesinar a ciudadanos estadounidenses sin el debido proceso, ¿estaría mal investigar y perseguir eso también, sobre el terreno de que todo el mundo tenía hojas de permiso de un abogado del Departamento de Justicia (DOJ de las siglas en inglés) y eso es lo que los abogados hacen?

El actual presidente ha obtenido, por supuesto, su propia hoja de permiso del DOJ para asesinar a ciudadanos estadounidenses sin el debido proceso. Ya que la hoja de permiso es demasiado secreta para que nosotros la veamos, no sabemos si la potestad para asesinar autorizada está confinada a terreno extranjero o se extiende a los EEUU, aunque una vez que uno abraza la teoría de Bush-Cheney-Yoo de que el mundo entero es un “campo de batalla”, no hay una manera coherente para limitar esa potestad atribuida, a suelo extranjero. En cualquier situación, el punto real aquí es que nuestro gobierno se ha hecho tan radical y deformado que supera la habilidad de cualquiera para imaginar absurdos poderes hipotéticos de manera que pueda poner prueba la validez de un principio: antes de que pestañees, habrás descubierto que tu hipótesis se ha hecho realidad.

(2) Ayer, la administración Obama – que sólo en los últimos seis meses ha matado a tres ciudadanos estadounidenses en Yemen: Anwar Awlaki, Samir Khan, y Abdulrahman el hijo de Awlaki de 16 años – hizo pedazos los límites conocidos en el uso de la ironía:

Los EEUU instan a que se haga justicia sobre el estadounidense asesinado en Yemen

AFP – hace 15 horas.

El lunes, los Estados Unidos condenaron el asesinato de un estadounidense en Yemen e instan a las autoridades a detener a los autores materiales responsables después de que Al-Qaeda reclamara su responsabilidad.

El Departamento de Estado confirmó que Joel Shrum, un estadounidense que trabajaba para una organización no gubernamental llamada “Centro de desarrollo de entrenamiento internacional” ( en inglés: International Training Development Center) fue disparado mortalmente el domingo en Taez y dijo que estaban trabajando para repatriar sus restos.

“Condenamos este acto terrorista en los términos más severos y expresamos nuestras más profundas condolencias a su familia y amigos,” dijo a los reporteros la portavoz del Departamento de Estado Victoria Nuland.

“Instamos a las autoridades yemeníes a llevar a la justicia a los responsables de este crimen atroz,” dijo.

El único modo de matar estadounidenses en Yemen es mediante el uso de aviones no tripulados. O, digámoslo de otra manera: ¡Matar estadounidenses en Yemen: ese es nuestro trabajo – no el de vosotros terroristas!

(3) Después de que Bradley Manning fuera detenido acusado de que había filtrado documentos a WikiLeaks, fue mantenido en aislamiento por diez meses hasta que la presión política al final forzó su traslado al Fuerte Leavenworth en unas condiciones más humanas; el máximo representante sobre la tortura en la ONU concluyó la semana pasada que el trato a Manning durante esos 10 meses fue “cruel e inhumano”. En el extremo opuesto, el sargento Robert Bales – el principal sospechoso de la matanza de 16 civiles afganos – está todavía en el fuerte Leavenworth y está recibiendo este trato:

Bales llegó al Fuerte Leavenworth el pasado viernes y es mantenido en una celda aislada. “Ha sido ya integrado a la rutina normal de confinamiento de antes del juicio,” dijo Rebecca Steed, la portavoz de la prisión.

Esta rutina incluye recreo, comidas y área limpia en el sitio que vive. Steed dijo que una vez que las reuniones con sus abogados se completaran al final de la semana, Bales terminaría el proceso de integración normal.

Un artículo de las Noticias de ABC de cuando Manning fue transferido al Fuerte Leavenworth incluía estos detalles:

A los 150 internos de la instalación – incluyendo a ocho que están esperando un juicio – se les permite 3 horas de recreo al día, dijo, y tres comidas al día en el comedor.

Eso probablemente significa que habrá bastante interacción entre Bales y Manning. Piensen sobre ello: si expones al mundo pruebas antes desconocidas de extendidos y caprichosos asesinatos de civiles (como Manning supuestamente hizo), entonces terminarás en el mismo sitio que alguien que de hecho está involucrado en la caprichosa matanza de civiles (como Bales supuestamente hizo), excepto que aquel que cometió las atrocidades recibirá mejor tratamiento que el que las mostró. Esta es una buena reflexión sobre el sistema de valores de nuestro gobierno (parecido a la manera en que manifiestos crímenes de altos oficiales del gobierno son inmunizados, mientras que esos que los muestran son perseguidos agresivamente). Si los registros de las conversaciones son creíbles, Manning decidió filtrar esos documentos porquerevelaban crímenes atroces que él en buena consciencia no podía permitir que fueran ocultados, y ahora se encontrará él mismo con un soldado que es acusado de cometer crímenes atroces.

(4) Tengo un artículo de opinión en The Guardian sobre lo rápido que se llevaron a Bales de Afganistán y la exclusión de los afganos de la investigación sobre lo que pasó. Hoy, El New York Times explica las serias dificultades que esto podría plantear para la acusación de Bales:

El caso podría hundirse en las cuestiones de pruebas recogidas bajo difíciles condiciones a miles de kilómetros… Reunir pruebas y asegurar la cooperación de testigos puede ser descalabrado en sitios remotos, y puede contribuir al colapso de las acusaciones contra los marines relacionados con el asesinato de los 24 hombres, mujeres y niños de la ciudad iraquí de Haditha. Los cargos contra la mayoría de los marines que fueron acusados en ese caso fueron retirados.

A lo mejor juzgándole en Afganistán hubiera resuelto esos problemas. Es verdad que los soldados estadounidenses acusados de cometer crímenes no están sujetos legalmente al sistema judicial afgano, pero eso no significa que los juicios no pueden darse en Afganistán, asegurando así la participación de los afganos en la investigación y los posteriores intentos para llevar justicia a esos que la merecen.

(5) Hay un par de artículos que han aparecido en la última semana o así sobre la buena voluntad de muchos demócratas para aceptar pasivamente, o incluso animar activamente las políticas del presidente Obama que ellos condenaron vehementemente (o habrían condenado) bajo el presidente Bush: este es de Politico, y este de Tim Carney en el Washington Examiner. En junio del 2009, en New York Times, el columnista Bob Herbert – antes ferviente admirador del presidente Obama – escribió una columna arremetiendo contra su historial de libertades civiles, y esta fue la primera frase de la columna de Herbert: “Las políticas erróneas bajo George W. Bush no lo son menos porque Barack Obama esté en la Casa Blanca.” En ese momento realmente no entendí cómo ese principio – que realmente debería ser un axioma tácito – vendría a ser no sólo tan controvertido sino rutinariamente violado e ignorado.

(6) En noviembre de 2011, Jonathan Chait escribió un artículo para el New York Magazine criticando duramente a los liberales como “poco razonables” por no venerar al presidente Obama tanto como Chait hace. Hoy Chait escribió un artículo titulado “Cómo Obama intentó traicionar al liberalismo en 2011” sobre un nuevo fragmento del Washington Post en el que se detalla los intentos del presidente durante el pasado año para recortar masivamente los fondos a la Seguridad Social y otros programas de ayuda social. Chait concluye: “Lo que enseña de hecho la historia es que la desastrosa debilidad de Obama en el verano de 2011 fue mucho más lejos minando el liberalismo de lo que nadie sabía antes.” Esta fue la esencia de la acusación de Chait cuando estaba en modo venerador de Obama: “Los liberales están insatisfechos con Obama porque los liberales, en su conjunto, son incapaces de sentirse satisfechos con un presidente Demócrata.” El principal principio del gurú progresista: El rango permitido de crítica a Obama es precisamente igual al nivel de mi crítica a Obama.

Mientras tanto, el principal competidor de Chait para ser el máximo defensor mediático de Obama, Andrew Sullivan, ha pasado esta semana haciendo lo que suele hacerinsistir en que el presidente Obama es un “verdadero conservador”, y que por tanto la Derecha es irracional por no adorarle en la manera que Andrew lo hace. Hay que destacar que Andrew ataca igualmente a liberales que no adoran al presidente tanto como Andrew hace, utilizando el tema de que Obama ha logrado más éxitos progresistas que ningún presidente en décadas. En otras palabras, el eje central de la defensa de Andrew del presidente – expuesta con más claridad en su historia de la portada del Newsweek donde declara que las críticas al presidente tanto de la derecha como de la izquierda son básicamente estúpidas y locas – llegando a afirmar esto al mismo tiempo: (1) las críticas conservadoras a Obama son estúpidas porque Obama es realmente un conservador; y (2) las críticas liberales al presidente son estúpidas porque la presidencia de Obama es un buen periodo de éxitos progresistas. Como lo planteó Guy Saperstein: “El hecho que esas dos críticas son internamente inconsistentes de alguna manera se le ha escapado al señor Sullivan.”

Lo que parece permitir sostener a la vez ambas visiones es creer que la grandeza personal del presidente Obama es tan vasta y profunda (a lo mejor merece subirlo al Monte Rushmore dado la pila de cadáveres que ha acumulado) que de hecho es tanto “El gran presidente conservador” como “el gran presidente liberal” todo en uno. Merece la gratitud y la admiración de todo el mundo sin importar si se está de acuerdo con sus políticas y acciones: así es de fantástico como líder. Dicho esto, Andrew realmente pareció disfrutar la cena de estado en la Casa Blanca a la que fue invitado la semana pasada, incluyendo su “cálida conversación con el presidente” y descubriendo “el impacto que la historia de Obama en la portada del Newsweek tuvo entre los donantes y los miembros del personal de Obama,” está bien. Es importante y gratificante como periodista saber que has dado algo de gran valor a los donantes y personal de los políticos; ¿no es eso por lo que los Fundadores (Padres) insistían en la libertad de prensa?

(7) Ayer estuve en el programa de Al Jazeera Inside Story debatiendo sobre el apoyo material dado a MEK, un grupo señalado como terrorista por la mayoría de los ex- oficiales de Washington mejor conectados. Fue un debate contundente y beligerante, que merece la pena ver, ya publicaré el vídeo cuando esté disponible. Las noticias de la NBC informaron la semana pasada de que más citaciones judiciales se han llevado a cabo tratando de investigar los pagos a esos oficiales, incluyendo ahora al anterior gobernador Ed Rendell, al ex-director del FBI Louis Freeh, y el anterior presidente del Estado Mayor Conjunto General Hugh Shelton. Las leyes de “apoyo material” son extremamente amplias y son una grave amenaza a la libertad de prensa y libertad de asociación, pero nadie con alguna relevancia en Washington le importó o puso alguna objeción cuando los que fueron encarcelados fueron musulmanes anónimos e indefensos (de hecho, algunos de los que ahora reciben pagos de MEK eran los mismos que apoyaban o incluso llevaban a cabo esas persecuciones por “apoyo material”). A lo mejor esto es lo que hace falta para motivar a esos con alguna influencia para parar esas persecuciones Mccarthistas. Yo haría una analogía con la guerra contra las drogas: las injusticias son fáciles de perpetuar cuando afectan principalmente a aquellos que están indefensos y marginados; es mucho más difícil cuando se aplican igual a aquellos con poder.

Este artículo apareció originalmente en Salon.


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Las sorpresas que esconde una Iglesia Universalista en Carolina del Norte

Publicado por moncadista en 24 marzo, 2012

Esta semana pasada ha sido muy rara e intensa. Dos magníficos documentales sobre la guerra y la esperanza en Colombia y una charla sobre Irán y la política internacional estadounidense. Es de esto último de lo que quiero escribir. El miércoles Ray McGovern, un antiguo miembro de la CIA habló en la Iglesia Comunitaria Universalista unitaria, o al menos es así como lo traduzco literalmente. El acto era organizado por la “Coalición por la Paz con Justicia”, “Acción por la paz de Carolina del Norte” y “Mayores por la Paz”. De hecho yo creo que por la media de edad la mayoría venían de la última organización. Pensábamos que iba a ser un rollazo, una iglesia, un ex-de la CIA, hablando sobre Irán. Será propaganda, pero bueno, nos atrevimos.

Cuando entramos no pude cerrar la boca de mi asombro. Mesas con información sobre Palestina, donde podías comprar pañuelos palestinos auténticos (no los de Zara) y libros sobre la ocupación israelí, panfletos, y uno de esos impresionantes mapas con la pérdida de territorio palestino con los años.

Lo que no sabíamos es que Ray McGovern además era un activista político, y la charla se titulaba:”Irán: amenazas y exageraciones – ¿Quién se está quedando con quién?. “La charla explora las decepciones y tergiversaciones en el discurso público sobre Irán, así como los potenciales peligros de una agresión de un aliado de EEUU a Irán”.

El tipo, un hombre mayorcete, empieza saludando a los miembros del FBI presentes en la sala, aunque ninguno saludó. Y empezó a hablar, paró casi dos horas y media después. Resumiré lo que dijo (y lo que entendí):

Cuando empezó en la CIA, una de sus primeras misiones fue cubrir el conflicto en Irlanda. Él se refirió a ello como hacerle el juego al imperio británico, que había maltratado, robado sus vacas y saqueado sus tierras, las de sus abuelos. Sí, es católico e irlandés.

Enseguida entra en materia, hace una breve exposición histórica de Irán, de cómo en el ’53 se produjeron las primeras elecciones democráticas en Irán y ganó un tipo al que no se le ocurrió otra cosa que “darle al pueblo el petróleo que estaba en manos de la BP”. Entonces la CIA organiza un golpe que puso en el poder al Sha, uno de “los dictadores más sanguinarios que se han conocido en medio oriente”. El Sha fue derrocado por otra revolución y hasta nuestros días.  Explica con todo lujo de detalles cómo tanto la inteligencia estadounidense como israelí han enseñado que Irán no está preparando armas nucleares, que antes “tendrían que echar a la agencia de la energía atómica de allí”. Sin embargo, tanto el gobierno israelí como sobre todo los medios se empeñan en la guerra.

Pero antes de hablar en detalle sobre la situación actual entre Irán e Israel cuenta cómo Truman sabía que Pearl Harbor iba a ser atacado, de cómo ciudadanos estadounidenses han sido asesinados con la complicidad del gobierno, por ejemplo Rachel Corrie, o USS Liberty. De esto último cuenta una anécdota muy interesante. Resulta que ese barco estadounidense fue atacado por Israel, de tal mala manera que no lo hundieron, y al darse cuenta los israelíes salieron por patas. Los supervivientes lanzaron el SOS y unos aviones fueron al rescate. El mando de esa operación de rescate recibió una llamada de Robert McNamara, secretario de defensa entonces, ordenando que los aviones se volvieran. El que estaba al mando se negó, “señor, hemos sido atacados, no abandonamos a nuestros hombres heridos en combate, pongame con su supervisor”. Y efectivamente, su superior, el presidente Lyndon Jhonson, ordenó que no se rescatara a esos hombres porque sería una vergüenza para la nación, atacados por “fuego amigo”.

Habló largo y tendido sobre “el genocidio palestino”, de cómo los palestinos viven en una cárcel al aire libre con el apoyo militar, económico y político del gobierno estadounidense. Y es que según él, el 50% de los impuestos de los contribuyentes estadounidenses va a la guerra.

La parte más interesante es cuando empieza a contar cómo los sionistas mandan en este país. Dice que los generales israelíes entran en el pentágono como si estuvieran en su casa. El sionismo está en todas las estructuras del Estado, pero donde más poder o influencia tienen es en los medios de desinformación. De hecho, Obama y Clinton, aunque muy tímidamente, se oponen a un ataque a Irán, pero según McGovern, se le teme tanto al sionismo que nadie se atreverá a contradecir lo que un presidente israelí diga y entrarán “inevitablemente” en guerra con Irán si Israel finalmente decide atacar. Cuándo será eso o si será es algo que nadie parece tener claro. Unos dicen que Israel esperará a después de las elecciones en EEUU, así Obama no le temblará el pulso para corresponder a su principal aliado. Otros que será antes porque así Obama no “le quedará otro remedio que entrar en la guerra” porque no hacerlo sería algo imperdonable por el electorado demócrata pro-sionista, pero sobre todo por los medios de comunicación que lo machacarían.

Preguntaba alguien en el público por qué los medios de desinformación  son tan pro-guerra, más que los mismos políticos. Él dio una respuesta clara y contundente: La General Electrics, una de las principales compañías de armamento, es una de las principales propietarias de los medios de comunicación que a su vez son controlados por los “halcones sionistas”. Se cierra el círculo.

Durante el debate alguien le pregunta sobre la National Patriot Act, o Ley patriótica nacional, que firmó Obama hace unos meses (de la que he publicado varias traducciones) y que permite al ejército detener indefinidamente y ejecutar incluso a ciudadanos estadounidense sin control judicial. Dice que es un despropósito, algo que no pasaba desde la Guerra Civil, y que fue el propio gobierno el que insistió en que se metiera esa enmienda que incluyera a ciudadanos estadounidenses. Según él, la ley se aprobó en plena efervescencia del movimiento Occupy (el15M estadounidense), al que temían se convirtiera en un movimiento tan poderoso que desbordara las capacidades represivas “normales” del Estado (policía) y necesitaran de un apoyo extra, como son las desapariciones y ejecuciones con un velo legal. Algo que siempre se ha hecho, pero ilegalmente. Y aquí es cuando empiezo a estar en desacuerdo con este grupo (como no podía ser de otra manera, ¿verdad?):

Los asistentes, como decía, son un grupo de veteranos y hippies setentones blancos, muy blancos. Sólo un negro en la sala (con alrededor de 40-50), el que llevaba la cámara. En una ciudad donde el 50% de la población es negra. La “progresía” estadounidense tiene un problema (entre otros muchos), la segregación racial política. El “1%” no está asustado de Occupy, sino de los que realmente representan a la mayoría de la población, los pobres: blancos, negros y latinos. Esas 3 comunidades no sólo no se hablan entre ellas, ni se reconocen como iguales, pero es que ni siquiera hablan los mismos idiomas (en un sentido literal y metafórico). Y hasta que no se miren y comuniquen, hasta que la “intelectualidad” no sea capaz de integrar las reivindicaciones populares con las del fin de la guerra y el imperialismo, nada cambiará a mejor en este país. Eso, y que son unos chovinistas, por muy progres que sean no son capaces de mirar más lejos de su ombligo, lo que realmente les fastidia de la Ley Patriótica es que afecta a compatriotas.

Os dejo un vídeo fantástico (en inglés) donde McGovern se enfrenta a Donald Rumsfeld durante una conferencia. Simplemente le llama de mentiroso para arriba. Hay que echarle “cojones“.

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El Fiscal General Holder defiende las ejecuciones sin cargos

Publicado por moncadista en 21 marzo, 2012

6 de marzo de 2012
Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
20 de marzo de 2012

Ayer, en un discurso en la Universidad del Noroeste, Eric Holder, Fiscal General de los EEUU, dió la explicación más detallada hasta ahora de porqué la administración Obama cree que tiene la autoridad para seleccionar en secreto a ciudadanos estadounidenses para ser ejecutados por la CIA sin ni siquiera acusarlos de un crimen, notificarles las acusaciones o darles la oportunidad de responder. Por el contrario los condenan a muerte sin una chispa de transparencia o vigilancia judicial.

La administración sigue manteniendo en secreto el memorandum legal que obtuvo para justificar estos asesinatos, y, como Charlie Savage del New York Times anotó, el “discurso de Holder no tenía notas a pie de página o específicas referencias legales, y estaba muy por debajo del nivel de detalle contenido en el memorandum de la Oficina del Consejo Legal.”

Pero el punto crucial del argumento de Holder tal como se expresa en el discurso de ayer es esto:

Algunos han argumentado que el presidente necesita obtener permiso de una corte federal antes de tomar acción contra un ciudadano de los Estados Unidos que sea un veterano líder de operaciones de Al Qaeda o fuerzas aliadas. Esto sencillamente no es exacto. “El debido proceso” y “el proceso judicial” no son una cosa y la misma, especialmente cuando se refiere a seguridad nacional. La Constitución garantiza el debido proceso, no el proceso judicial.

Cuando los oficiales de Obama (como los de Bush antes de ellos) se refieren a alguien como “un veterano líder de operaciones de Al Qaeda o fuerzas aliadas,” lo que realmente quieren decir es esto: alguien al que el Presidente ha acusado y a continuación decretado en secreto que es un terrorista sin ni siquiera presentar ninguna prueba. El “proceso” usado por la administración Obama para seleccionar a estadounidenses para ser ejecutados por la CIA es, como informó Reuters el pasado octubre, como sigue:

Militantes estadounidenses como Anwar al -Awlaki son metidos dentro de una lista para capturar o asesinar por un panel secreto de oficiales veteranos del gobierno, que después informan al presidente de sus decisiones… No hay ningún registro público de las operaciones o decisiones del panel, el cual es un subgrupo del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca… Ni hay ninguna ley que establezca su existencia o exponga las reglas por las que se supone que esta gente actúa.

Como Leon Panetta confirmó recientemente, el presidente toma la última decisión en cuanto a si el estadounidense será asesinado: “[El] presidente de los Estados Unidos obviamente revisa los casos, revisa la justificación legal y al final dice si se hace o no.”

O sea, este es el “proceso” el cual Eric Holder argumentaba ayer constituye el “debido proceso” como requería la Quinta Enmienda antes de que el gobierno pueda privar a alguien de su vida: el presidente y sus subordinados son tu acusación, tu juez, tu jurado y tu ejecutor. Todos convertidos en uno, actuando en total secreto y sin ni siquiera tú saber que te ha acusado y sentenciado a muerte, y no tienes ni la oportunidad de saberlo, sin hablar de enfrentar o enfocar sus acusaciones; ¿no es eso suficiente proceso para ti? En Esquire, Charles Pierce, escribiendo sobre el discurso de Holder, describió esto mejor: “una inmensa montaña de tonterías que debería avergonzar a cualquier Demócrata que haya dicho una palabra descortés sobre John Yoo.”

* * * * *

Obviamente he escrito sobre el programa para asesinar de Obama muchas veces ya pero hay algunos puntos que merece la pena examinar a la luz del discurso de Holder y la reacción al mismo:

(1) La disposición de los Demócratas para abrazar y defender esta potestad es especialmente reprobable debido a que sin duda está total y deslumbrantemente en desacuerdo con todo lo que clamaban bien alto creer durante los años de Bush. Recordemos dos de los “escándalos” más significativos de la Guerra de Bush contra el Terror: el poder que se confirió para meramente espiar y detener a acusados de terrorismo sin una revisión judicial de ninguna clase. ¿Recordáis aquello? Los progresistas no dejaron de acusar a Bush de “asaltar nuestros valores” y “destrozar la Constitución” sólo porque los oficiales de Bush querían escuchar y detener a sospechosos de terrorismo – no matarlos, sólo espiarlos y detenerlos – sin primero ir a una corte y probar que hicieron algo mal. Y aquí tenemos a una administración Demócrata haciéndose valer no solamente el derecho a vigilar o detener a ciudadanos sin cargos o revisión judicial, sino a matarlos sin nada de eso: un acto mucho más extremo, permanente e irreversible. Y encima, con algunas justas excepciones, el silencio es ensordecedor, o peor.

¿Cómo puede nadie que condenara abiertamente las meras escuchas ilegales y los poderes para detener de Bush sin una revisión judicial justificar de ninguna manera las ejecuciones sin revisión judicial de Obama? ¿Cómo puede el predecesor (de lejos con menos potestad) haber sido tal asalto a “todo por lo que nos mantenemos en pie” mientras que con este es una aceptable y tolerable utilización de los poderes de guerra? Si Barack Obama tiene el derecho a ordenar a acusados de terrorismo a ser ejecutados por la CIA porque “Estamos En Guerra”, entonces seguramente George Bush tenía el derecho de ordenar que se hicieran escuchas y se detuviera a acusados de terrorismo en el mismo ámbito.

Que el mismo partido y facción política que chilló sin parar sobre las escuchas de Bush y los programas de detención ahora toleren el programa de ejecuciones de Obama es uno de los actos más extremos, cobardes y deshonestos que hemos visto en bastante tiempo. Al extremo opuesto, los líderes del ala derechaexpertos ybloggers están siendo encomiablemente consistentes: ellos alabaron las escuchas y los programas de detenciones sin el debido proceso de Bush y ahora, basándose exactamente en el mismo razonamiento,alaban profusamente al presidente Obama por extender esa mentalidad a los asesinatos.

(2) No es el mero hecho de que el Partido Demócrata en general y sus hordas de seguidores hayan realizado un giro de 180º sobre estos asuntos desde el 20 de enero de 2009. Sino que es también verdad que el mismo Barack Obama y Eric Holder lo han hecho.

Durante los años de Bush, el entonces senador Obama a menudo hablaba en público muy elocuentemente sobre la “vital importancia del debido proceso incluso para los acusados de terrorismo”. Como ejemplo, él se levantó en el Senado y denunció las detenciones del Guantánamo de Bush en el ámbito de que “un individuo inocente podría ser mantenido y no podría rebatir el caso del gobierno y no tiene ninguna manera de demostrar su inocencia.” Habló del “terror que sentiría si un miembro de mi familia fuera rodeado en medio de la noche y enviado a Guantánamo sin ni siquiera tener la oportunidad de preguntar por qué estaba siendo retenidos o de ser capaces deprobar su inocencia.” Se burló de la afirmación del ala derecha de que “la investigación judicial es un lujo antiguo, trivial y dispensable.” Reconoció que es inevitable que el gobierno a veces cometa errores al acusar a gente inocente de ser terroristas, pero entonces dio la solución obvia: “lo que es evitable es rechazar que ni siquiera se permita que nuestro sistema legal corrija esos errores.”¿Cómo conmueve eso? Qué conmovedor tributo a la urgencia de permitir a los acusados de terrorismo un día en la corte antes de castigarlos.

Y luego tenemos a Eric Holder, que en 2008 dio un discurso a la Sociedad por la Constitución Americana denunciando lo radical del poder ejecutivo de Bush y haciendo un llamamiento a un “juicio público”. Específicamente se refería a la afirmación del ala derecha de que se debería permitir que los presidentes hicieran escuchas a acusados de terrorismo sin un control judicial para “mantenernos a salvo”. A la luz de lo que el fiscal general dijo y justificó ayer, sólo sorprende con lo que dijo hace apenas 3 años:

A aquellos en el ejecutivo que dicen “sólo confía en nosotros” cuando se refiere a secretos y a vigilancia de comunicaciones domésticas sin garantías yo les digo recuerda tu historia. A lo largo de mi vida, los oficiales del gobierno federal han espiado, acosado y chantajeado a Martin Luther King y otros líderes de los derechos civiles en el nombre de la seguridad nacional. Uno de los más grandes héroes de América a quien hoy honramos con un día festivo nacional, innumerables calles, escuelas y pronto un monumento en su nombre, fue tratado como un criminal por aquellos que en nuestro gobierno federal poseían demasiado criterio y un retorcido sentido del patriotismo. Watergate reveló abusos similares durante la administración Nixon.

Para recapitular la visión de Barack Obama: es una forma de “terror” detener a alguien “sin que ni siquiera tenga la oportunidad de probar su inocencia,” pero es bueno y noble para ellos ser ejecutados bajo las mismas circunstancias. Para recapitular la visión de Eric Holder: no debemos aceptar cuando la administración de Bush decía “sólo confía en nosotros” cuando se trata de espiar las comunicaciones de los acusados de terrorismo, pero debemos aceptar cuando la administración de Obama dice “sólo confía en nosotros” cuando se trata de señalar a compatriotas para ser ejecutados. Por lo que se ve, no es el 9 de septiembre del 2001 lo que “cambió todo”. Es el 20 de enero del 2009.

(3)La Unión de Libertades Civiles Americana (ACLU por sus siglas en inglés) dijo ayer que el discurso de Holder “es a fin de cuentas una defensa de una amplia, horrible y aclamada autoridad del gobierno para llevar a cabo asesinatos selectivos de civiles, incluyendo a ciudadanos estadounidenses, lejos de cualquier campo de batalla sin control judicial o sin escrutinio público.” La ACLU después añadió:

Pocas cosas son tan peligrosas para la libertad de EEUU como la proposición de que el gobierno debería ser capaz de matar a ciudadanos de cualquier sitio del mundo en base a normas y evidencias legales que nunca son llevadas a una corte, ya sea antes o después del hecho.

Cualquiera capaz de confiar en el presidente Obama con la potestad de declarar secretamente a un ciudadano estadounidense un enemigo del estado y ordenar su asesinato extrajudicial debería preguntarse si sería capaz de confiar en el siguiente presidente con esa peligrosa potestad.

Esto es de señalar por tres razones: Primero, la ACLU no está apenas diciendo que esto es una mala política; están sin embargo señalando lo obvio: que hay “pocas cosas tan peligrosas” como tener a tu propio gobierno tomándose el derecho a mandar a ciudadanos a morir sin un proceso judicial, y eso es exactamente lo que la administración Obama está haciendo sin ninguna repercusión negativa. Segundo, la ACLU está retando a defensores progresistas del presidente a hacer lo que ninguno hará: explicar por qué confiarían no sólo en Barack Obama, sino también en Sarah Palin, Newt Gingrich o Michele Bachmann para tener la potestad de señalar a ciudadanos de EEUU para ser asesinados en secreto y sin vigilancia judicial. Tercero, que la ACLU está condenando una política de Obama tan “peligrosa para la libertad de EEUU” como una política puede ser – también conocida como: máximo distintivo de tiranía – demuestra el inmenso abismo que se ha abierto bajo la presidencia Obama entre el Partido Demócrata y la ACLU (un grupo totalmente elogiado por demócratas cuando gobierna un presidente republicano), aunque esta brecha ha sido obvia por bastante tiempo.

(4) Lo que es tan impactante es ver cómo los oficiales de Obama y sus defensores suenan idénticos cuando se les compara a los teóricos legales del ala derecha que justificaban los programas más controvertidos de Bush. Incluso los lemas centrales que los justifican son los mismos: Estamos en guerra; el campo de batalla está en todas partes; los presidentes tienen el derecho de espiar, detener y matar combatientes sin permiso de una corte; el brazo ejecutivo es el único órgano para la guerra y ninguna corte puede interferir en las decisiones del presidente, etc. Pasé años escribiendo y refutando esas teorías legales y son idénticas a las que oímos ahora. Sólo considerad qué parecidas suenan una a otra las dos facciones.

Cuando se trata de las controversias de la Guerra contra el Terror, os oficiales de Bush decían todo el tiempo exactamente lo que los oficiales de Obama y sus defensores dicen ahora: sólo usamos estos poderes contra los terroristas – “la gente mala” – no contra buenos, normales y regulares estadounidenses; por lo que si tú no eres un terrorista, no tienes nada por lo que preocuparte. Aquí está lo que Trent Duffy el portavoz de la Casa Blanca dijo en diciembre del 2005, defendiendo el programa de escuchas sin garantías de Bush:

Este es un programa limitado. Esto no es para monitorear llamadas telefónicas destinadas a reservar un entrenamiento o qué llevar a una cena ordinaria. Estas están diseñadas para monitorizar llamadas de gente muy mala a otra gente muy mala que tienen un historial de reventar trenes de cercanías, bodas e iglesias.

Parecido a cuando George Bush se presentó ante las cámaras en diciembre de 2005 para admitir con orgullo y defender su programa de espionaje sin garantías, aseguró a la nación que todo eso estaba justificado porque se dirigía sólo a “las comunicaciones internacionales de gente con conocidos lazos con al Qaeda y organizaciones terroristas relacionadas.”

Encuentra a un defensor del programa de asesinatos de Obama y oirás exactamente lo mismo: esto está sólo dirigido a los terroristas como Awlaki, por lo que no necesitamos ninguna revisión de una corte o debido proceso. Aquí está lo que Holder dijo ayer: “es imperativo para el gobierno contrarrestar las amenazas planteadas por experimentados líderes operacionales de al Qaeda, y proteger a gente inocente cuyas vidas podrían perderse en esos ataques,” y las órdenes para asesinar son sólo enviadas una vez que “el gobierno de los EEUU lo ha determinado, después de una meticulosa y cuidadosa revisión, que el individuo supone una amenaza inminente de un ataque violento contra los Estados Unidos.”

Esto no es nada más que un ejercicio de supremo razonamiento circular y con pregunta retórica: si determinar que alguien es de hecho un terrorista puede ser determinado sólo cuando la prueba de su culpabilidad es presentada y ellos tienen la oportunidad de responder, justo como Holder y Obama decían durante los años de Bush. El gobierno asegura que ellos sólo seleccionan terroristas – ya sea dicho por Bush o Obama – no debería tranquilizar a nadie: eso es lo que aseguran siempre los que abusan de su poder, y es por eso precisamente por lo que no confiamos en que los oficiales del gobierno castiguen a gente basándose en acusaciones no probadas. Aquí está lo que John Mitchell, el Fiscal General de Nixon, dijo para apaciguar el creciente temor a nuevos poderes del gobierno para hacer escuchas, tal como se informó en este artículo del Time Magazine del 25 de julio de 1969:

Mitchell rechazó revelar ninguna figura, pero indicó que el número era mucho más bajo de lo que la mayoría de la gente podría pensar. “Cualquier ciudadano de los Estados Unidos que no esté envuelto en ninguna actividad ilegal,” añadió, “no tiene nada que temer.”

Se supone que aprendimos importantes lecciones de los abusos de poder de la administración Nixon, y después de la administración Obama: a saber, que no confiamos en los oficiales del gobierno que ejerzan el poder en la sombra, sin vigilancia judicial, sin obligación de probar sus acusaciones. Y todavía ahora escuchamos exactamente esta misma mentalidad saliendo de Obama, sus oficiales y defensores para justificar una potestad mucho más extrema que tanto Nixon como Bush ni soñaron en tener: él sólo está matando a los “malos ciudadanos”, ¡por lo que no hay ninguna razón que objetar!

Aquí está una crítica que escribí en enero de 2006, sobre el documento oficial de 42 páginas del Departamento de Justicia (DOJ por sus siglas en inglés) de Bush donde se justifica las escuchas ilegales sin garantías a acusados de terrorismo. Si lo leéis veréis: la esencia de la visión del mundo de Bush era esa cuando se trataba de la guerra, es el presidente el que tiene la única responsabilidad y la potestad y las cortes no deben revisar o interferir con lo que él decide sobre quién es un terrorista y qué se le debería hacer. El presidente es “el único órgano para la nación en asuntos internacionales,” declaró el Departamento de Justicia de Bush, y “entre las tareas constitucionales básicas del presidente es la de proteger a la nación de un ataque armado” y así, “la Constitución le da toda la autoridad necesaria para desempeñar esa responsabilidad.” O, como Holder señaló ayer: “La conducción y el manejo de las operaciones de seguridad nacional son funciones cruciales del brazo ejecutivo, como las cortes han reconocido a lo largo de la historia” y por tanto “el presidente no necesita obtener permiso de una corte federal.” Uno no puede rechazar el punto de vista legal de Bush utilizado para justificar aquellos programas mientras se apoya el punto de vista de Obama expresado aquí – al menos no con un ápice de coherencia intelectual o dignidad.

(5) Las dudosas o categóricamente falsas afirmaciones hechas por Holder son demasiado numerosas para repasarlas todas, pero hay un par que merece la pena subrayar. Dijo, por ejemplo, que “la Corte Suprema ha dejado claro que la “clausula del debido proceso” no impone que sirva para todos los requerimientos, sino que en cambio mandata salvaguardas de procedimiento que dependen de circunstancias específicas.” Esa parte es verdad: en el caso del 2004 de Hamdi contra Rumsfeld, la Corte Suprema rechazó el argumento de la administración de Bush de que podía detener ciudadanos estadounidenses acusados de terrorismo sin ningún proceso en el que se pudieran defender de las acusaciones contra ellos, aunque la Corte sostuvo que algo menos que un juicio completo podría satisfacer la cláusula del Debido Proceso. Pero como apunta Marcy Wheeler, la Corte impuso requerimientos “del debido proceso” que son exactamente lo contrario a lo que la administración Obama está haciendo con sus asesinatos. La corte dijo (negrita añadida):

Es durante nuestros momentos más desafiantes e inciertos cuando nuestro compromiso como Nación al debido proceso es puesto a prueba más severamente; y es en estos momentos es que debemos perseverar en nuestro compromiso en casa a los principios por los que luchamos en el extranjero….

Por tanto nosotros mantenemos que un ciudadano detenido buscando poner a prueba su clasificación como un combatiente enemigo debe recibir noticia de las bases objetivas para esa clasificación, y una oportunidad justa para rebatir las alegaciones ante un órgano decisorio neutral…

En suma, mientras que la total protección que la acompaña pone a prueba a las detenciones en otros ámbitos puede hacer inoperable e inapropiado en el ámbito del combatiente enemigo, las amenazas a las operaciones militares planteadas por un sistema básico de revisión independiente no son argumentos tan de peso como deshacerse de los derechos básicos de un ciudadano para poner a prueba con toda razón el caso del gobierno y ser oído delante de un juez imparcial.

¿Cómo puede Eric Holder ni siquiera citar las decisiones de la Corte Suprema sobre el Debido Proceso en el contexto de la “guerra contra el terror” cuando la Corte ha decidido que ciudadanos -meramente detenidos, no digamos asesinados – tienen derecho a exactamente lo que la administración Obama rechaza dar: “ una oportunidad justa para rebatir las alegaciones ante un órgano decisorio neutral” y “ los derechos básicos de un ciudadano para poner a prueba con toda razón el caso del gobierno y ser oído delante de un juez imparcial”? Es precisamente porque Obama rechaza cumplir con las obligaciones impuestas por la Corte antes de ordenar ejecutar a ciudadanos por lo que este comportamiento es tan reprobable.

Si, como Holder argumenta, la “cláusula del debido proceso” permite matar a un ciudadano basándose en acusaciones del presidente que son hechas en total secreto y las cuales él no tiene ni la oportunidad de escuchar, no digamos refutar, entonces la salvaguarda central de la Constitución no tienen ningún sentido. Y la sentencia de la Corte Suprema que tanto Holder referencia no deja ninguna duda al respecto, como requería una vista procesal ante un juez neutral incluso para alguien acusado de ser un “combatiente enemigo” en plena Guerra contra el Terror.

Después está la dependencia de Holder en el viejo truco neocon: citar lo que Lincoln hizo en la guerra civil o lo que Franklin D. Roosevelt hizo en la Segunda Guerra Mundial – como si fueran comprables a la Guerra contra el Terror – para justificar lo que está haciéndose ahora. Así oímos esto de Holder: “durante la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos localizaron el avión en el que volaba el Almirante Isoroku Yamamoto – el comandante de las fuerzas japonesas en el ataque a Pearl Harbor y en la Batalla de Midway – y lo derribó específicamente porque él iba a bordo.” Oficiales de la administración han recurrido a este argumento antes cuando respondían a mis críticas al programa de asesinatos de Obama.

Incluso dejando de lado la enorme diferencia entre guerras que presentaban una amenaza real (La Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial) y la llamada Guerra contra el Terror, la diferencia entre el asesinato de Yamamoto y los asesinatos de ciudadanos de Obama es evidente en sí misma. No había ninguna duda de que el Almirante Yamamoto era de hecho un comandante de un ejército enemigo en guerra con los EEUU: vestía el uniforme del ejército y se identificaba a sí mismo como tal. Por el contrario, hay considerables dudas de si Anwar Awlaki u otros acusados de ser miembros de Al Qaeda son de hecho culpables de planear ataques terroristas contra EEUU. Eso es cierto por exactamente la razón que Holder, en otra parte de su discurso, explicó: los miembros de Al Qaeda “no se comportan como militares tradicionales – vistiendo uniformes, llevando armas abiertamente, o reclutando fuerzas para preparar un ataque.”

Por eso es por lo que aplicar una doctrina tradicional de guerra a acusados de terrorismo (que no se encuentra en un campo de batalla sino en sus coches, sus casas, en el trabajo, etc) es tan inapropiado, y por qué una revisión judicial es tan urgente: porque el riesgo de falsas acusaciones es mucho más alto que cuando se capturan a soldados uniformados en un campo de batalla. Sólo volver a señalar qué dudosas terminaron siendo muchas acusaciones de terrorismo del gobierno una vez que las cortes federales empezaron a mirar con detenimiento esas acusaciones como apoyo probatorio. De hecho, los expertos en Yemen como Gregory Johnsen han señalado repetidamente en respuesta a las afirmaciones de que Awlaki planeó ataques terroristas: “sabemos muy poco, demasiado poco cuando se trata de su papel operacional”“nosotros no sabemos esto, lo sospechamos pero no lo sabemos.” Dado el vergonzoso registro en la Guerra contra el Terror, ¿qué persona racional “confiaría” en el gobierno para hacer determinaciones sobre quién es y quién no es un terrorista en la sombra, sin límites o controles sobre lo que pueden hacer?

(6) El intento de Holder de justificar estos asesinatos en el ámbito de que la “captura no es factible” no consigue nada. Primero, los EEUU nunca se han molestado en acusar a Awlaki para que voluntariamente se entregara o para que respondiera a los cargos (aunque en un momento, mucho después de que ordenaran su asesinato, “consideraron” incriminarlo); en cambio, simplemente lo mataron sin demostrar que había ninguna evidencia que apoyara esas acusaciones. ¿Qué justifica eso? Además, el hecho de que el gobierno es incapaz de detener y procesar a un criminal no justifica su asesinato; aparte de alguna resistencia violenta durante la captura, el gobierno no es libre de ir simplemente por ahí matando fugitivos que no han sido condenados a nada. Además, que Awlaki no podía haber sido capturado en un país donde el gobierno es poco menos que un cliente estadounidense es dudoso como poco; si los EEUU podían localizar y entrar en la casa de Osama bin Laden sin la cooperación del gobierno paquistaní, ¿por qué no podían hacer lo mismo con Awlaki in Yemen?

Pero el punto más importante es que Holder no está confinando esta potestad para asesinar a las circunstancias donde la “captura no es factible”. Al contrario, específicamente dice que asesinar “sería legal por lo menos en las siguientes circunstancias”: lo que quiere decir que la potestad declarada del presidente no está confinada a esas condiciones. Como escribió Charlie Savage: “Es significativo que el Sr. Holderno dijo que tal situación es la única en la que sería legal matar a un ciudadano. Más bien dijo que sería legal “al menos” bajo esas condiciones.” No tenemos ni idea de qué lejos la administración Obama cree que su potestad para asesinar se extiende porque rechaza publicar el memorándum legal que lo justifica; no hay marco legal gobernándolo; y no hay transparencia o rendición de cuentas para las órdenes de ejecución del presidente.

* * * * *

En suma, el intento de Holder para hacer parecer todo esto normal y común debería ser un insulto a cualquiera con los más básicos conocimientos de la ley estadounidense. Como el New York Times indicó cuando se confirmó por primera vez el programa de asesinatos en abril del 2010: “La administración Obama ha dado el paso extraordinario de autorizar asesinatos selectivos de ciudadanos estadounidenses… Es extremadamente raro, si no sin precedentes, que un estadounidense sea señalado para ser asesinado, dijeron los oficiales. Un antiguo oficial legal veterano de la administración de George W. Bush dijo que no sabía de ningún caso en el que un presidente aprobara el asesinato selectivo de un estadounidense.” Al día de hoy, ni un sólo ciudadano ha sido identificado.

Como siempre, el punto más importante que hay que señalar de todo el debate es lo perverso y retorcido que es que ni siquiera tengamos este “debate”. Debería ser negado en sí mismo, marginado, para afirmar que el presidente, actuando sin verificar o sin transparencia, puede ordenar que ciudadanos estadounidenses sean ejecutados lejos de cualquier campo de batalla y sin ninguna oportunidad de saber ni siquiera sobre, no digamos refutar, las acusaciones. Que esta política está siendo implementada y defendida por el mismo partido político que pasó la última década tan de boquilla y con oportunismo objetando por potestades mucho menos extremas lo hace a todo lo más repulsivo. Ese hecho lo hace más peligroso, porque -como uno puede ver – el hecho de que es un presidente demócrata el que lo está haciendo, y los oficiales del Partido Demócrata lo justifican, significa que es mucho más fácil de normalizar: muy poco de los seguidores del Partido, especialmente en un año de elecciones, son capaces de hacer mucho alboroto de todo ello.

Y así la potestad presidencial para asesinar se asentará como un consenso bipartidista por lo menos por una generación. Ese será sin duda uno de los aspectos más significativos del legado de Obama. Vamos a no dejar que ningún demócrata que ahora apoya o incluso calla sea oído objetar cuando el siguiente presidente republicano ejerza su poder en el modo que a ellos no les gusta.

Este artículo apareció originalmente en Salon.com

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Moncadista en la capi

Publicado por moncadista en 12 marzo, 2012

Si no os gusta cómo ha quedado este post tanto en la estética como en el contenido poned una reclamación que la eliminaré con estilo democrático.

El viernes me pasé como el que no quiere la cosa por la capital del imperio haciendo una breve parada por territorio español. Dos guardias civiles me abren amablemente la puerta y como en una parodia discuten entre ellos si se atiende o no los viernes. En el consulado estaban muy ocupados y me dijeron que me tomara un café y volviera en media hora. Ese rato me lo pasé en la cafetería de enfrente escuchando la conversación de dos ejemplares ciudadanos patrios. Aprendí que las violaciones a los derechos humanos que sucedieron en Valencia no fueron otra cosa que un montaje del diario Público. Y que la huelga general es un despropósito, vergonzosa. Entre otras lindeces como que no hay derecho que una mujer se quede embarazada y la empresa no pueda despedirla.

En ese momento veo una cara conocida, con un par de escoltas. La cara me resultaba familiar y sabía que la había visto en más de una portada de “El Jueves”. !Ahh, la infanta¡. Cuando volví adentro vi a los del consulado alborotados porque a la lista se le había olvidado dejar una foto. Se ve que la pobre no gana ni para fotomatones.

Pero bueno yo venía aquí a enseñaros algunas fotos de mi paseo por la capital de EEUU, Washington DC.

La de la izquierda no es más que una bonita calle de la ciudad, la de la derecha es la del edificio donde se aloja el Instituto de Paz de los Estados Unidos. Lo primero que le viene a uno a la cabeza es el trabajín que tienen que tener ahí dentro viendo qué país invaden al que puedan llevar la paz.

La de la izquierda no sé muy bien qué representa, un misil, un lápiz o “dime de lo que presumes….”. No, en serio, es un obelisco que le hicieron al primer presidente del país, George Washington. Es la estructura de piedra más grande del mundo. No se puede decir que no empezaron con aires de grandeza estos yanquis. No os digo por dónde se podrían meter semejante monumento. El de la derecha es donde está sentado Lyncoln, otra monstruosidad que me recuerda a esta.

Sabes que no me gusta la esclavitud y totalmente admites lo erróneo que es desde un punto de vista abstracto.

Al lado de los baños, por eso lo vi, había una exhibición con citas de Lyncoln, ese presidente que ganó la guerra civil y que supuestamente liberó a los esclavos. No me voy a entretener mucho, pero Lyncoln fue un esclavista hasta el último momento. Los negros no fueron liberados totalmente hasta los años 60 y aún hoy en mi universidad se dedican a limpiarnos la mierda a los blancos. Si queréis saber más sobre el tema leeros La otra historia de los Estados Unidos de Howard Zinn.

Pero si os fijáis en la foto de la derecha, no en la estatua, veréis un ranger que está adoctrinando al personal sobre lo bueno que fue el de la estatua.

La siguiente parada es el memorial a la guerra de Corea. En la misma tónica, una guerra de invasión (todavía hay más de 40.000 soldados de EEUU en Corea del Sur) se convierte por arte de magia en una liberación.

Y es que como dice una placa justo al lado: La libertad no es libre. Que es como decir que el agua moja. Pero yo lo que entiendo que están diciendo es mira lo buena gente que somos que vamos a liberar países. Que ya que estaban se hubieran atrevido a liberar toda la península, pero se quedaron a mitad. Y ahora tenemos una panda de piraos vestidos de rojo arriba y otra panda de salvajes abajo. Ambos en el gobierno me refiero. Sus pueblos demasiado tienen. Y si no, no os perdáis la libertad que los EEUU llevaron a Corea del Sur en el vídeo de abajo.

El memorial de la Segunda Guerra Mundial es más de lo mismo. Nos venden la moto con que liberaron Europa del fascismo, y “Los americanos (véase estadounidenses) vinieron a liberar no a conquistar, a restaurar la libertad y terminar con la tiranía“. Claro, por eso tienen bases militares en Italia y Alemania. O participaron cuando ya habían hecho el agosto comerciando con los nazis. Y la pena es que se quedaron sin fuelle cuando se trataba de restaurar la libertad en España, y no les importó reconocer al tirano Franco y aceptar a España en la ONU a cambio de un par de bases militares y buenos negocios.

Los primeros cerezos donados a la ciudad de Washington por la ciudad de Tokio como gesto de amistad y buen futuro fueron plantados aquí el 27 de marzo de 1912.

Los japoneses, muy majos ellos, en 1912 les regalaron unos cerezos para que los sembraran al lado del río. Se ve que las cerezas tenían que estar amargas porque unos años después les mandaron de vuelta un par de pepinos con el culo amargo a Hiroshima y Nagasaki .

Para rematar me encuentro en la casa de las Américas a Isabel la guarra. ¿No podrían haber elegido a otro personaje para representar a América? Bolívar, Martí….No, a la genocida a la que no le tocaba el agua.

El marxismo es el ángel guardián del capitalismo

Cultiva la paz y el comercio con todos

Después me fui al museo del holocausto, donde no se fiaban del agua que llevaba y me hicieron beber de mi botella…menos mal que no llevaba mi pañuelo palestino si no me lo hacen tragar.

Había una exposición muy buena sobre la propaganda nazi con cartelería y proyecciones de mucha calidad. Me di cuenta que Hitler y su cuadrilla no eran unos mindundis. Igual que no lo son los que gobiernan (en todos los sentidos) este país. La exposición criticaba cuestiones como la violencia, la censura o la falta de libertad. En la parte de la historia de la 2ª guerra mundial España y el franquismo no existen. Y solo los judíos fueron masacrados. En más de un comentario se decía que el nazismo era una reacción a la revolución bolchevique. Por eso el cartel de la izquierda.

Que el museo era sionista estaba claro, que en todo el museo se obviaron los genocidios cometidos por los EEUU, también. Lo que no me esperaba es que la exposición terminara con una foto de Ahmanideyah, en la que se advierte del peligro de un nuevo genocidio judío por el antisemitismo árabe, y se cita al presidente de Irán cuando dijo aquello de “Las grandes potencias han creado el régimen sionista para extender su soberanía en la región… todos los días este régimen masacra a los palestinos, pero como es contrario a la naturaleza, pronto asistiremos a su desaparición y a su destrucción

Concluyendo, Washington DC es evidentemente la capital del imperio. Es una ciudad de monumentos al cinismo. Es parte de la propaganda necesaria para que el pueblo estadounidense siga tragándose barbarie tras barbarie, como la de esta semana por ejemplo. Porque no hay matanzas en Afganistán, son actos de liberación, que tendrán su bonito memorial recordando cómo EEUU liberó a otro país más.

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Repugnante hipocresía progresista

Publicado por moncadista en 27 febrero, 2012

9 de febrero de 2012

Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
27 de febrero de 2012

Durante los años de Bush, Guantánamo fue el centro simbólico del radicalismo del ala derecha y entonces se referían a ello como “el asalto a los valores americanos y el triturado de nuestra constitución”: hasta tal punto que durante la campaña presidencial de Obama, él presentó este asunto no como algo secundario sino como un eje central. Pero ahora que hay un demócrata en el despacho presidiendo lo que se hace en Guantánamo y otras políticas del estilo – en vez de un malvado republicano al que hay que temer – todo eso ha cambiado, como demostraba hoy una encuesta reciente del Washington Post /AbC News:

Los aspectos más delicados de la política antiterrorista de Obama, incluyendo el uso de aviones no tripulados para matar a sospechosos de terrorismo en el extranjero y mantener abierta la prisión militar de la Bahía de Guantánamo, en Cuba, tiene amplio apoyo público, incluyendo desde el ala izquierda del Partido Demócrata.

Obama hizo campaña comprometiéndose a cerrar la prisión militar de la Bahía de Guantánamo y cambiar las políticas de seguridad nacional que había criticado como inconsistentes con la ley y los valores de EEUU, sin embargo, una encuesta reciente del Washington Post-ABC news muestra que tiene poco que temer políticamente al fallar en el cumplimiento de todas esas promesas.

El sondeo muestra que el 70 por ciento de los encuestados aprueban la decisión de Obama de mantener abierta la prisión en la Bahía de Guantánamo… La encuesta enseña que el 53% de los que se identifican como demócratas liberales – y el 67% de los moderados o demócratas conservadores – apoyan mantener la Bahía de Guantánamo abierta, aunque tomara importancia como símbolo de las políticas de seguridad nacional de George W. Bush después del 11 de septiembre, a las que muchos liberales se opusieron con firmeza.

La repugnante hipocresía liberal se extiende más allá del tema de Guantánamo. Un eje central de las críticas de los demócratas fue al asalto a las libertades civiles de Bush/Cheney y a la idea de que el presidente podía hacer lo que quisiera, en secreto y sin control, a cualquiera que él acusara sin juicio de ser un terrorista – incluyendo incluso escuchas en sus comunicaciones o detenerlos sin el debido proceso. Pero el presidente Obama no solo ha hecho lo mismo, sino que ha ido mucho más lejos de las meras escuchas telefónicas o la detención: se ha hecho valer de la potestad para incluso matar a ciudadanos sin el debido proceso. Como dijo esta semana el propio jefe de la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA por sus siglas en inglés) de Bush sobre el asesinato de Awlaki: “Nosotros necesitábamos una orden judicial para hacerle escuchas telefónicas pero no necesitábamos una orden judicial para asesinarlo. ¿No quiere decir algo?” De hecho esto “quiere decir algo”, como el mero hecho de que el que Bush hiciera escuchas telefónicas o detuviera a ciudadanos americanos sin el debido proceso causara tales improperios de los liberales, mientras que las ejecuciones sin el debido proceso de Obama no los causa.

Más allá de esto, Obama ha usado aviones no tripulados para matar niños musulmanes y adultos inocentes por cientosHa rechazado exponersus argumentos legales con los que puede hacer esto o justificar los ataques de alguna manera. Incluso ha atacado a rescatadores y a los que atendían a los funerales de manera deliberada. Como dijo Hayden: “Justo ahora, no hay un gobierno en el mundo que esté de acuerdo con nuestros argumentos legales para estas operaciones, excepto Afganistán y quizás Israel.” Sin embargo, esto parece totalmente normal para la mayoría de los americanos liberales ahora que el líder de su partido lo está haciendo:

El 77 por ciento de todos los demócratas liberales apoyan el uso de aviones no tripulados, lo que quiere decir que es improbable que Obama sufra ninguna consecuencia política en las elecciones de este año como resultado de su política. El apoyo a los ataques por aviones no tripulados a sospechosos de terrorismo permanece alto, cayendo sólo un poco cuando a los encuestados se les pregunta sobre que los atacados sean ciudadanos americanos viviendo en el extranjero, como fue el caso de Anwar al-Awlaki, el americano yemení asesinado en septiembre en un ataque por un avión no tripulado en el norte de Yemen.

Greg Sargent del The Post, consiguió el desglose de estas preguntas y escribió hoy:

El número de los que aprueban los ataques con aviones no tripulados cae cerca de un 20 por ciento cuando a los encuestados se les pregunta qué opinan sobre si son ciudadanos americanos. Pero el 65 por ciento es todavía un número bien alto, sobre todo porque estas políticas realmente deberían ser controvertidas.

Y toma esto: De manera deprimente, los demócratas aprueban los ataques con aviones no tripulados a ciudadanos americanos por un 58-33, e incluso los liberales los aprueban, 55-35. Esos números me los dio el equipo de encuestas del Post.

Es difícil de imaginar que los demócratas y los liberales apoyarían tales políticas en esos porcentajes si el que las llevaran a cabo fuera George W. Bush.

Es más: ¿hay un sólo gurú, blogger o comentarista liberal que habría defendido a George Bush o Dick Cheney si ellos (en vez de Obama) hubieran ejecutado a ciudadanos americanos en secreto sin el debido proceso, o masacrado niños, rescatadores y funerales con aviones no tripulados, o continuando con las detenciones indefinidas incluso una década después del 11 de septiembre? Por favor. Para mí es realmente desconcertante pensar el que cualquiera de estas personas pueda ni siquiera mirarse al espejo, observar la ilimitada deshonestidad intelectual que rezuma y no querer machacar lo que ven.

Uno de los primeros artículos no relacionados con el Acta sobre la Vigilancia y la Inteligencia en el Extranjero (FISA por sus siglas en inglés) que escribí y recibió bastante atención fue este de enero del 2006, titulado “¿Tienen los seguidores de Bush alguna Ideología? Examinaba la manera en la que la derecha que apoyaba a Bush era más un “culto autoritario” que un movimiento político porque sus seguidores no tenían unas creencias políticas reales y fijas; en cambio, argumentaba, el único “principio” que los animaba era la lealtad a su líder, y habrían apoyado cualquier cosa que hiciera sin importar lo dispar que fuera con sus aparentes creencias anteriores. Ese artículo fue enlazado y alabado por decenas de blogs liberales:¿puedes creer qué seguidores tan autoritarios son estos conservadores?, se burlaban al unísonoAquí estaba el punto crucial de mi argumento:

Si uno es un “liberal” – o para el caso un “conservador” – no es ya una cuestión de sus ideas políticas, sino que simplemente sirve para ver su lealtad a George Bush…

La gente que se identifica a sí misma como “conservadora” y siempre se han considerado conservadores se convierten en liberales paganos en el momento en el que no están de acuerdo, incluso en los ámbitos menos ideológicos, con un decreto de Bush. Eso es por lo que el “conservadurismo” es un término que ahora se utiliza para describir lealtad personal al líder (igual que “liberal” se usa para describir deslealtad a ese líder, y ya no se refiere a un conjunto de creencias acerca del gobierno.

Ese “conservadurismo” que ha venido a significar “lealtad a George Bush” es particularmente irónico dado lo no-conservadora que realmente es la Administración… Y en ese aspecto, gente como Michelle Malkin, John Hinderaker, Jonah Goldberg y Hugh Hewitt no son conservadores. Son fanáticos conservadores. Su lealtad no es a unos principios de gobierno sino a una autoridad fuerte a través de un sólo líder.

Como este artículo demuestra, mucho antes de que Barack Obama tuviera ninguna relevancia en la escena política, consideré que la lealtad ciega a un líder es una de las peores toxinas de nuestra cultura política: es la verdadera antítesis de lo que un sistema político saludable necesita (y lo que una mente sana produciría). Una de las razones por las que he escrito tanto sobre el absoluto cambio de rumbo de los progresistas en estos asuntos (de pretender estar totalmente horrorizados cuando lo hecho era por Bush, a tolerarlos o incluso apoyarlos cuando lo hace Obama) es precisamente porque es tan asombroso ver esos rasgos de seguidores autoritarios manifestarse tan fuertemente en el mismo movimiento político – sofisticado, con mentalidad independiente, progresistas con los pies en el suelo – que cree que está por encima de eso, y que solo los primitivos conservadores están plagados de tales seguidores inconscientes.

El Partido Demócrata le debe una sincera disculpa a George Bush, Dick Cheney y compañía por abrazar de manera tan entusiasta muchas de las políticas de terrorismo, las cuales les hicieron lanzar improperios con vehemencia a los republicanos durante todos esos años. Y los progresistas que apoyan la visión de la mayoría tal como se expresa en esa encuesta no deberían ser escuchados de nuevo cuando quieran oponerse a la matanza de civiles y a los asaltos a las libertades civiles cuando sean llevados a cabo por el siguiente presidente republicano (debería llamar la atención sobre que aproximadamente el 35% de los liberales, un número nada despreciable, dicen estar en contra de las políticas de Obama).

Una nota final: He comentado a menudo la cuestión de que uno de los aspectos con más consecuencias del legado de Obama es que ha transformado lo que vino a llamarse el “triturado de la constitución por el ala derecha” en un consenso bipartidista, y eso es exactamente lo que quiero decir. Cuando uno de los dos partidos mayoritarios apoyan cierta política y el otro pretende oponerse – como pasó con esas políticas radicales de la Guerra contra el terror durante los años de Bush – entonces la opinión pública está dividida en esa cuestión, radicalmente dividida. Pero una vez que la política se convierte en el distintivo de ambos partidos políticos, entonces la opinión pública termina apoyándola contundentemente. Eso es porque la gente asume que si ambos partidos políticos apoyan cierta política es porque debe ser sensata, y porque las políticas que disfrutan del consenso bipartidista son retiradas de la esfera del debate predominante. Eso es lo que Barack Obama ha hecho con esas políticas de Bush/Cheney: como Jack Goldsmith predijo allá en 2009, él las ha blindado y protegido como una política de EEUU estándar durante por lo menos una generación, y al llevar a sus seguidores a abrazar esas políticas por ellos mismos ha hecho esto con más éxito que ningún presidente republicano podría haber soñado nunca en conseguir.

Este artículo apareció por primera vez en Salon.

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La maldad de la detención indefinida y aquellos que quieren sacarla de la agenda.

Publicado por moncadista en 22 enero, 2012

8 de enero de 2012
Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
22 de enero de 2012

Este miércoles se cumplirá el décimo aniversario de la inauguración del campo de prisioneros de Guantánamo. En el New York Times, un antiguo prisionero del campo, Lakhdar Boumediene, escribe un increible y poderoso artículo de opinión donde vuelve a contar la flagrante injusticia que supuso su detención sin el debido proceso y que duró 7 años.

Desde el principio quedó claro que las acusaciones contra el ciudadano bosnio – que en el momento de los ataques del 9-11 era director de la Sociedad de la Luna Roja Creciente llevando ayuda humanitaria a niños bosnios – eran falsas; de hecho, un alto tribunal en Bosnia investigó y le retiró los cargos americanos de terrorismo. Pero las fuerzas de EEUU lo secuestraron de todas maneras, lo ataron, lo mandaron a Guantánamo y lo encerraron durante siete años sin juicio.

En septiembre del 2006, el Congreso de EEUU aprobó el Acta de las Comisiones Militares (MCA de sus siglas en inglés) el cual, entre otras cosas, no sólo autorizaba la detención de sospechosos de terrorismo sin un juicio, sino que incluso negaba explícitamente a todos los detenidos en Guantánamo el derecho al Habeas corpus: el procedimiento por mandato constitucional permite a los prisioneros al menos la posibilidad para convencer a un jurado de que están siendo erróneamente retenidos. Las audiencias de Habeas protegen mucho menos que un juicio completo: el gobierno no necesita convencer a un jurado bajo la duda razonable de que alguien es culpable, sino que apenas tienen que presentar algunas pruebas creíbles para justificar el encarcelamiento. Pero el MCA denegaba incluso los derechos de habeas a los detenidos.

Sólo una vez la Corte Suprema de EEUU, en una decisión del 2008 llevando el nombre de Boumediene, sentenció que la disposición del MCA denegando el habeas era inconstitucional, y que los detenidos de Guantánamo tenían derecho a una revisión del habeas corpus. Esto hizo que al final se le requiriera al gobierno de EEUU a enseñar esas pruebas contra Boumediene ante una corte de verdad. 43 jueces federales designados por Bush después sentenciaron que no había ninguna prueba creíble que sustentara las acusaciones contra él, y fue finalmente liberado en mayo de 2009. Por favor primero leed el corto pero apasionante relato de lo que esta detención indefinida le hizo a su vida, y después considerar los siguientes puntos:

(1) Desde la decisión de la Corte Suprema sobre Boumediene, a docenas de detenidos de Guantánamo como Boumediene se les permitió tener una revisión de su caso por una corte federal para ver si había alguna prueba creíble contra ellos, y la gran mayoría de ellos ganaron los casos porque no había ninguna prueba (hubo un momento en el que el 75% de los detenidos prevaleció aunque el porcentaje es ahora algo más bajo). Si el Acta de las Comisiones Militares hubiera sido ratificada como constitucional, Boumedien – y docenas de otros inocentes detenidos que han sido liberados de Guantánamo – sin duda estarían ahora encarcelados indefinidamente.

Mírenlo de otra forma, si aquellos que votaron por el MCA hubieran hecho lo mismo– y eso incluye todos los Senadores republicanos excepto Lincoln Chafee junto con 12 Demócratas, inluyendo Jay Rockefeller, Debbie Stabenow, Robert Menendez, Frank Lautenberg, y en actual Secretario de Interior Ken Salazar – entonces Boumediene y docenas de otros detenidos inocentes estarían erróneamente encarcelados. Además, los Demócratas tenían 46 senadores en ese momento y podrían haberlo intentado bloquear pero no lo hicieron, es más, muchos Demócratas que incluso votaron contra la reforma de ley nombraron a John McCain como su negociador y estaban preparados para votar por la MCA hasta que en el último fin de semana se hicieron algunos cambios que aunque no estaban relacionados, lo hicieron sin su participación y les ofendió ese procedimiento. Como el artículo de opinión de Boumediene refleja, actuar para dar la potestad al Presidente de encarcelar gente indefinidamente sin cargos es una de los pasos más peligrosos y perjudiciales que un gobierno pueda tomar, y precisamente el Congreso de los EEUU en 2006 hizo exactamente eso.

(2) La decisión de la Corte Suprema sobre el caso Boumediene fue con una votación 5 contra 4; por lo que 4 Jueces de la Corte Suprema de los EEUU votaron por mantener la constitucionalidad del encarcelamiento indefinido de seres humanos, probablemente de por vida, sin ni siquiera las mínima protección de la audiencia de habeas. Si Anhonny Kennedy hubiera votado con sus colegas conservadores, no sólo Boumediene y docenas más estarían todavía erróneamente encarcelados, sino que el poder con el que los EEUU ha oprimido por tiempo a sus ciudadanos es el sello distintivo que define a la tiranía – la potestad para encarcelar sin el debido proceso – habría sido totalmente consagrado mediante una ley americana.

(3) Después del caso Boumediene, la detención indefinida sigue siendo una parte clave de la política de Obama. El Departamento de Justicia (DOJ por sus siglas en inglés) de Obama ha argumentado repetidamente que las reglas que se aplicaron a Boumediene no deberían ser aplicadas en Bagram, donde – la administración Obama insiste – se tiene la potestad para encarcelar a gente sin el debido proceso, ni siquiera con audiencia de habeas; el Departamento de Justicia (DOJ) de Obama al final logró tener ese poder consagrado. Obama ha propuesto una ley para darle a él plenas facultades “para detener de manera prolongada” de manera que se pueda permitir que sospechosos de terrorismo sean encarcelados sin juicios. Su plan para cerrar Guantánamo implicaba una mera relocalización de su sistema de detención indefinida a suelo Estadounidense, donde docenas de detenidos, por lo menos, continuarán encarcelados sin juicio. Y por supuesto acaba de firmar la ley que regula el Acta de autorización de defensa nacional (NDAA por sus siglas en inglés) que contiene – como refleja el ACLU- “una disposición que ampliamente permite la detención indefinida en cualquier parte del mundo,” lo que quiere decir – como dice Human Rights Watch – que “el Presidente Obama quedará en la historia como el presidente que consagró como ley estadounidense la detención indefinida sin juicio.” Esos mantenidos en Guantánamo continuarán recibiendo por lo menos la audiencia de habeas, pero no aquellos mantenidos en otras prisiones de la Guerra contra el Terror americana. Leer el artículo de opinión de Boumediene para ver por qué esto es tan detestable.

(4) Como se aproxima un año electoral, cada vez se está volviendo más común una táctica tan repelente como estrambótica y evidente en sí misma utilizada por algunos militantes Demócratas contra aquellos que como nosotros insistimos que temas como el de la detención indefinida (junto con el asesinato de civiles que se está dando en el mundo musulmán) merece una prioridad máxima. El argumento es que poner el énfasis en esos asuntos es perjudicar al Presidente Obama (porque él es responsable de la detención indefinida, la muerte de bastantes civiles, y las agresiones con riesgo de guerra) mientras se ayuda a los candidatos competidores (como Gary Johnson o Ron Paul) quienes vehementemente se oponen a esas políticas. Así que, sigue este razonamiento, reivindicar que temas como la detención indefinida y la muerte de civiles sea prioritario en la valoración de la carrera presidencial significa subordinar la importancia de otros asuntos como el aborto, la igualdad de los gays o los derechos civiles en el país, cuestiones en las que Obama y los Demócratas son mejores. Muchos de estos comentaristas insinúan de manera muy fuerte, o ahora incluso abiertamente plantean, que sólo hombres y blancos están dispuestos a discutir por este esquema de prioridades porque los asuntos a los que se les ha quitado prioridad no les afectan. Pueden ver aquí (Megan Carpentier), aquí (Katha Pollitt) y aquí (Dylan Matthews) como tres de los muchos ejemplos de esta insinuación acusatoria y grotesca.

Hay muchos errores que llaman la atención en su táctica para dividir. Uno, depende de la distorsión deliberada y a gran escala del argumento que se ha hecho; demandando que los temas como la detención indefinida, la muerte de civiles y la guerra agresiva sean temas de alta prioridad en la carrera presidencial no abogan, ni de lejos, por quitarle prioridad a otros asuntos. Otro, muchas mujeres y minorías étnicas y raciales – así como los gays americanos – están dando argumentos similares sobre la necesidad de que estos temas reciban suficientes atención en las elecciones.

Y más importante, es extremadamente irracional defender que el interés personal o los “privilegios” llevarían a alguien a priorizar asuntos como la detención indefinida y las bajas civiles ya que los que están siendo acusados y que defienden las libertades civiles o están en contra de la guerra es extremadamente improbable que se vean implicados en los abusos por los que protestan. No son hombres blancos la mayor parte de los que están siendo detenidos indefinidamente, a los que se les destruye sus casas y coches con aviones no tripulados – las víctimas de esas políticas son gente como Boumediene, o Gulet Mohamed, o José Padilla, o Awal Gul, o Sami al-Haj, o Binyam Mohamed, o aldeanos afganos, o familias paquistaníes, o adolescentes yemenís.

Veamoslo de otra manera, cuando empleas la mayor parte de tu tiempo trabajando contra las injusticias impuestas casi exclusivamente sobre las minorías y los marginados – como hace cualquiera que trabaja en temas de libertades civiles y guerra – es reprobable para cualquiera utilizar ese tipo de tácticas acusatorias, todo al servicio del objetivo vacío de la aplicación de la lealtad partidista. Precisamente esos que actúan por privilegiados intereses propios querrían quitar prioridad a esos asuntos en la campaña presidencial, no insistir en su vital importancia.

Y este es el verdadero punto aquí: lo más retorcido de los que emplean estas tácticas con fines partidistas es lo fácil que podría ser utilizadas contra ellos, en lugar de por ellos. Todos los autores de los tres ejemplos acusatorios mencionados más arriba (Carpentier, Pollitt y Matthews) – así como todos esos Demócratas que se han hundido por argumentar explícitamente que esos asuntos no tienen importancia – son blancos y no musulmanes. Para aplicar su degradada retórica a ellos, uno podría fácilmente decir:

Desde luego que no consideran que la detención indefinida, las invasiones y ocupaciones, y la matanza de civiles estén descalificando a un Presidente o incluso mereciendo mucha atención en la elección presidencial – por supuesto ellos pedirán que todo el mundo apoye fielmente al Presidente que continúa haciendo todas esas cosas de manera agresiva – porque, como no musulmanes, ellos no son los que serán encarcelados por años sin juicio o un avión de EEUU o un ataque aéreo no hará pedazos a sus niños, entonces ¿qué les importa?

No utilizo ni apoyo ese desafortunado razonamiento, pero esos que lo hacen – como los autores de las acusaciones que enlazo más arriba – deberían haberlo aplicado a ellos mismos y a sus prioridades políticas; merecen cosechar lo que están sembrando.

Es más, el Washington Post tiene un excelente artículo sobre los millones de civiles muertos que EEUU ha causado en las últimas décadas y cómo firmemente esos civiles muertos son ignorados en el discurso político y mediático en EEUU. El artículo es de John Tirman, el director ejecutivo y principal científico de investigación en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT por sus siglas en inglés), en el Centro de Estudios Internacionales, que acaba de publicar un libro sobre ese tema. Una de las principales razones por las que esos muertos reciben tuna prioridad tan baja es porque los americanos no se ven afectados por esas bajas y pueden así quitarles prioridad como aberrante.

Esto explica mucho de nuestra respuesta a la violencia en Corea, Vietnam, Irak y Afganistán. Cuando la guerra iba muy mal y la violencia iba en aumento, los americanos tendían a ignorar o incluso culpar a las víctimas. El público descartaba a los civiles porque sus altas tasas de mortalidad, desplazamiento y ciudades destruidas no concordaban con nuestra idea de las misiones y del papel de EEUU en el mundo.

Esas actitudes tienen consecuencias. Tal vez la más importante – aparte de las tensiones creadas con los gobiernos anfitriones, que han hecho bastante ruido protestando por las bajas civiles – es que la indiferencia da permiso a nuestros militares y líderes políticos para buscar más intervenciones.

Para apelar a las tácticas acusatorias y explosivas de Megan Carpentier, Katha Pollitt, Dylan Matthews y otros acusadores que se enlazan más abajo: es mucho más fácil ver esas políticas como no descalificadoras e insistir en quitarles prioridad en favor de otras políticas porque sus privilegios de blancos y no musulmanes significa que ellos no son los que van a ser detenidos indefinidamente, asesinados sin el debido proceso, ni sus casas y niños serán objetivo de aviones no tripulados y bombas de racimo. Los musulmanes tienen momentos más difíciles, consintiendo tan alegremente esos abusos – como hacen los nos musulmanes que son capaces de protestar por las graves injusticias incluso cuando no están directamente afectados por ellas. De nuevo, esta no es una forma de razonar que yo acepto o uso – podría haber todo tipo de razones por las que alguien querría que esas políticas fueran no prioritarias o por lo menos que no sean vistas como descalificadas bajo indiferencia basada en el egoísmo y los privilegios – pero esos que vomitan ese tipo de calumnias deberían entender qué fácilmente se les puede someter a esas mismas acusaciones.

Al final, realmente no es tan complicado entender por qué tanta gente considera esos asuntos tan fundamentales. Esos luchando por entenderlo deberían leer el artículo de opinión de Lakhdar Boumediene. O esta historia y este artículo de opinión sobre un chico de 16 años y su primo de 12 a los que se les quitó la vida cuando el de 16 años fue atacado (en secreto y sin ningún control) con un ataque desde un avión no tripulado en Pakistán. O estos descubrimientos recién documentados de abusos que están ocurriendo a detenidos en Bagram. O las docenas de mujeres y niños yemeníes asesinados por una bomba de racimo de EEUU. O el proceso secreto por el que el actual Presidente ha tomado la potestad unilateral para poner como objetivo a ciudadanos estadounidenses para asesinarlos.

Hay muchas razones por las que uno podría insistir en que hay que poner atención a estos asuntos, incluso en un año electoral. Como expliqué en mi respuesta al modesto ataque de Carpentier en Guardian, el interés propio y los “privilegios” no están entre ellos. Si acaso, es probable que esos rasgos produzcan exactamente la reacción contraria, por ejemplo que esos asuntos no sean priorizados porque dan más poder al partido político propio o que preocuparse sobre asuntos que lo dañan personalmente es el objetivo predominante.

Este artículo apareció originalmente en Salon.com

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La mentalidad del ¡Estamos en Guerra!

Publicado por moncadista en 26 diciembre, 2011

A partir de ahora voy a hacer traducciones de artículos en inglés. Se irán publicando en diferentes páginas a las que enlazaré. En este blog sólo he publicado escritos originales míos, pero a partir de ahora también pondré traducciones.

Publicado originalmente en español aquí.

Glenn Greenwald
15 de diciembre de 2011

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
23 de diciembre de 2011

Dos cosas importantes pasaron el jueves: (1) el Senado liderado por los Demócratas rejuveneció y expandió la Guerra contra el Terror mediante, entre otras cosas, la aprobación de una ley autorizando las detenciones por parte de militares en territorio estadounidense y expandiendo el objetivo principal de la guerra; y (2) los abogados de Obama, por primera vez, justificaron publicamentela insistencia del Presidente en que él tenía el poder (y lo tomó) para decidir que ciudadanos estadounidenses sean objetivo de asesinato sin transparencia o el debido proceso. Yo escribí ampliamente sobre el primer episodio el jueves, y ahora tengo una pregunta para aquellos que apoyan las teorías de asesinato que acaban de darnos los abogados del Presidente.

Para plantear esta pregunta, me gustaría volver por un momento a la controversia sobre el sistema de detención de Guantánamo. Los demócratas afirmaban estar consternados porque la administración de Bush estaba deteniendo a gente de manera indefinida sin cargos o el debido proceso. Barak Obama, como Senador de Illinois, denunció “el intento de la Administración de Bush para crear un agujero negro legal en Guantánamo” – por ejemplo, que se metiera a personas en celdas, quizás para siempre, sin cargos. Pero los abogados de Bush ofrecieron una teoría de por qué el encarcelamiento, sin el debido proceso, era justificable.

La Teoría tenía estas cuatro premisas razonablemente sencillas:

(1). El terrorismo no es en principio un delito criminal. Es un acto de guerra. Por lo que: Nosotros estamos en guerra con los Terroristas.

(2). Aquellos que intenten hacer daño a los EEUU como parte de esta Guerra son combatientes y Terroristas – no criminales – por lo que no se les tiene que reconocer el debido proceso o cualquier otro derecho que se le reconoce a cualquier otro criminal. Son los militares de EEUU (liderados por el Comandante en jefe) – no las cortes – quien decide quién es o no un combatiente o un terrorista.

(3). El que alguien sea un combatiente o un terrorista lo decide una sóla cosa: el decreto unilateral del Presidente. Una vez que el Presidente decreta que alguien es un combatiente o un Terrorista – incluyendo a uno de sus ciudadanos – esa persona por definición se convierte en uno, y entonces puede ser tratado como tal sin ningún proceso judicial posterior o protección constitucional. Una vez que el decreto acusatorio presidencial entra en vigor, la protección de la Constitución y la ley desaparecen. En definitiva, la acusación presidencial de que alguien es un Terrorista es considerada prueba y un veredicto de culpabilidad.

(4). A diferencia de cualquier otra guerra nunca librada jamás, el “campo de batalla” de esta Guerra no está donde las fuerzas enfrentadas se disparan unas a otras, sino que más bien se define como: donde sea que un acusado de terrorismo es encontrado en cualquier parte del mundo. De esta manera, los poderes del Presidente en el campo de batalla – que son ilimitados: señalamiento unilateral para dar muerte, prisión indefinida sin cargos, espionaje en las comunicaciones sin ninguna vigilancia – no están confinados a ninguna localización geográfica, sino que pueden ser aplicados en cualquier sitio. Donde sea que el acusado de combatiente o terrorista exista físicamente – durmiendo en una cama, conduciendo un coche con sus niños, a miles de kilómetros de hecho de cualquier tiroteo – estará el “campo de batalla.”

Esas eran las controvertidas premisas teóricas ofrecidas una y otra vez por los juristas de Bush y otros defensores para justificar el sistema de detención de Guantánamo. En general, esas teorías eran (y todavía lo son) el corazón y el alma de la visión neocon de la Guerra contra el Terror. Una vez que aceptas esas cuatro premisas, no hay una manera coherente de oponerse a Guantánamo. Por lo que aquí va mi pregunta:

A este punto, ¿rechazan los defensores de Obama cualquiera de estas teorías? Me refiero a esto literalmente: No puedo contar cuántas veces he oído exactamente esta misma teoría por los defensores de Obama justificando sus poderes para asesinar (el Presidente está facultado para señalar a ciudadanos para matarlos porque estamos en Guerra, y una vez que tomas las armas contra EEUU (que quiere decir: una vez que el Presidente te acusa de hacerlo). De hecho, simplemente no hay una manera de defender los poderes para asesinar reivindicados por Obama sin apoyar cada una de estas teorías. Y por tanto, aquí está lo que juristas de Obama dijeron el Jueves:

Los ciudadanos estadounidenses son objetivos militares legítimos cuando toman las armas con Al-Qaeda, dijeron el jueves los máximos juristas de seguridad nacional de Obama. A los abogados se les preguntó en una conferencia nacional de seguridad sobre el asesinato por la CIA de Anwar al-Awlaki, ciudadano estadounidense y figura líder de al-Qaida…

Los abogados del gobierno, Stephen Preston abogado de la CIA y Jeh Johnson abogado del Pentágono, no mencionaron directamente el caso de al-Awlaki. Pero dijeron que los ciudadanos estadounidenses no tienen inmunidad cuando están en guerra con Estados Unidos.

Johnson dijo que sólo el brazo ejecutivo, no las cortes, está preparado para tomar decisiones de objetivos militares en el campo de batalla así como a quién se califica como un enemigo.

Cuando los juristas de Obama se refieren a “ciudadanos estadounidenses que toman las armas con al-Qaeda,” lo que quieren decir es esto: aquellos a los que el Presidente acusa (en secreto, sin el debido proceso o prueba presentada) de haber tomado las armas con al-Qaida. Cuando se refieren a “decisiones de objetivos en el campo de batalla,” no se refieren a un lugar donde hay un combate activo, sino más bien: a cualquier sitio en el mundo donde un acusado de terrorismo se encuentre (sin dejar dudas sobre eso, Johnson sentenció que la distinción fuera o dentro del “campo de batalla se ha vuelto anticuada”). En otras palabras: el mundo entero es el campo de batalla, una afirmación que los oficiales de Obama han adoptado desde hace tiempo, y que alguien es un Terrorista en el momento que el Presidente declara que lo es: el Presidente es juez y jurado, y ahora incluso el único verdugo.

Por lo que mi pregunta a los defensores de los poderes para asesinar de Obama es esta: ¿cuál de las cuatro principales premisas de la guerra contra el terror de Bush/Cheney rechazas, si acaso alguna? Dadas las teorías para justificar los poderes de Bush/Cheney – que fueron repetidas casi al pie de la letra por los juristas de Obama cuando se les preguntaba por el asesinato de Awlaki – ¿cómo puede nadie coherentemente haber objetado al sistema de detención de Bush/Cheney en Guantánamo pero apoyar ahora los poderes para asesinar de Obama? Es más, incluso, los poderes para asesinar de Obama son más extremistas que el sistema de detención de Guantánamo; esto es verdad por dos razones: (1) Bush/Cheney encarcelaron a extranjeros en Guantánamo, mientras que Obama ha hecho objetivos para matar a ciudadanos estadounidenses (extranjeros capturados en terreno foráneo tienen - según la Corte suprema - muchas menos protecciones constitucionales (si acaso alguna) que los ciudadanos estadounidenses, que conservan las protecciones constitucionales no importa dónde estén); y(2) las muertes por los aviones no tripulados (drone) de la CIA son obviamente una pena más draconiana que el encarcelamiento en Guantánamo. En definitiva, ¿cómo es posible apoyar los poderes para asesinar de Obama sin hacer propias aquellas cuatro teorías utilizadas para justificar Guantánamo?

Una vez has hecho propias esas teorías ofrecidas por los juristas de Obama, por definición has adoptado la guerra contra el terror de Bush/Cheney (de hecho, como los documentos de Marcy Wheeler, los abogados de Obama incluso defendían explícitamente muchas de las teorías utilizadas por los abogados del Departamento de Justicia (DOJ por sus siglas en inglés) para justificar el programa de escuchas ilegales de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA por sus siglas en inglés) y los exagerados poderes secretos; el abogado del DOJ Marty Lederman, por ejemplo, anunció: a raíz de los amplios poderes secretos, “estamos en conflicto armado con algunos grupos del público americano que no saben que estamos en conflicto armado con ellos”). Durante la presidencia de Bush, pasé años discutiendo -literalmente sin la oposición de un sólo progresista – que las dos más radicales y peligrosas premisas llevadas a cabo por Bush/Cheney fueron estas: (1) el mundo entero – incluyendo sitios donde no se dispara o combate – se considera ahora campo de batalla (lo que significa poderes de guerra ilimitados para el Presidente en cualquier parte); y (2) acusaciones del Presidente de ser un Terrorista son consideradas el equivalente a vinculantes veredictos de culpabilidad. ¿Hay alguna manera de apoyar los poderes para asesinar de Obama sin adoptar ambas ideas? Estoy realmente interesado en escuchar respuestas a esta pregunta.

* * * * *

Hay que hacer otra puntualización sobre lo que solía ser un punto básico de controversia entre progresistas y neocons - el mantra de que ¡Estamos en guerra con los terroristas!” y que debemos tratar a los acusados de terrorismo como combatientes, no como criminales - pero que se ha convertido ahora, en la era Obama, también en un dogma común para los Demócratas (tú no tendrás un debate con un defensor de los poderes para asesinar de Obama o cualquier otra política de la Guerra contra el Terror suya sin oír estas consignas de guerra). No es exagerado decir cómo de central es esta mentalidad de “Estamos en Guerra” para todos esos poderes reclamados en nombre del Terrorismo.

Pero más que una creencia política o legal, es una necesidad psicológica – una necesidad entusiasta y arraigada – para creer que estamos en Guerra. Realmente es una adicción. Por ejemplo, Lindsey Graham – fácilmente uno de los belicistas más radicales de la nación – está tan resueltamente dedicado a insistir en que ¡Estamos en Guerra! que durante años se ha convertido en su obsesión todo el tiempo. Constantemente compara la Guerra contra el Terror a la guerra contra los Nazis (la manera en que los neocons, y ahora los defensores más incondicionales de Obama, han invocado por mucho tiempo la Guerra Civil para justificar los abusos de la Guerra contra el Terror), e incluso una vez fue tan lejos como para declarar: “La libertad de expresión es una gran idea, pero nosotros estamos en guerra.”

Pero esta necesidad de adoptar la idea de que ¡Estamos en Guerra! es llevada más por deseos psicológicos y emocionales que por una visión legal o política. Todo esto va de sentirse fuerte y decidido – somos Guerreros por una gran causa como nuestros nobles ancestros que ganaron la Guerra Civil y derrotaron a los Nazis – y virtualmente no tiene nada que ver con combatir el Terrorismo. Esta obsesión con ordenar detenciones militares para terroristas – cuando los juicios civiles han tenido más éxito que los militares en mantener a los terroristas en prisión – esconde su propósito real: nada tiene que ver con contrarrestar el Terrorismo sino con arrimarse al propósito psicológico otorgado por la Guerra. Como se puede leer en un informe reciente de la Unión Americana por las Libertades Civiles (ACLU en inglés):

Esta dinámica de nuestro discurso político ha sido en parte llevada por un “debate” totalmente artificial sobre si la amenaza del terrorismo necesita una respuesta “militar” o por los “aparatos legales”, con la primera descrita como musculosa y la otra como anémica. De acuerdo a este punto de vista, castigar a los terroristas como los criminales que son es ridiculizado como una reflexión de la mentalidad “pre-11 de septiembre”, mientras que enaltecerlos como los combatientes que ellos claman ser es celebrado como tomar la amenaza con seriedad. Pero este debate dice más de la imagen propia de los llamados combatientes que lo hace sobre ninguna realidad del anti-terrorismo.

Lo que es más asombroso para mí sobre esta necesidad de parte de muchos americanos de ambos partidos en insistir en que ¡Estamos en Guerra! es lo similar que es a la mentalidad que impulsa a los miembros de Al Qaeda. Los miembros de Al Qaeda son tan insistentes como los “pequeños guerreros americanos” de Lindsey Graham, que aunque no son meros criminales, sí son combatientes involucrados en una guerra gloriosa. Así es cómo Richard Reid, culpable de intentar explotar un zapato bomba en un avión civil se describía a sí mismo en su audiencia durante el juicio:

Estoy en guerra con tu país. Estoy en guerra con ellos no por razones personales sino porque ellos han asesinado a más, muchísimos niños y han oprimido mi religión y han oprimido a la gente sin otra razón excepto que dicen que nosotros creemos en Allah.

Como respuesta, la sentencia del juez decía esto – dirigiéndose primero al gobierno de EEUU y después al acusado:

Se ha hablado demasiado de guerra aquí. Y lo digo a todo el mundo con el mayor respeto…[A Reid:] Eres un tipo grande. Pero no eres tan grande. No eres un guerrero. Conozco a guerreros. Tú eres un terrorista. Una especie de criminal culpable de muchos intentos de asesinato. Tenía mucha razón el soldado Santiago cuando te sacaron del avión y te llevaron en custodia y tú preguntabas dónde estaba la prensa y dónde estaban los equipos de TV y dijiste que no eras importante. Tú no eres importante.

La gente envuelta en meras actividades criminales – cometiéndolas o atrapándolas – no son “importantes”. Eso es precisamente por lo que los miembros de al Qaeda y los americanos obsesionados con la guerra tienen el mismo objetivo: elevar su conflicto, y por tanto a ellos mismos, para verse a sí mismos en guerra, como guerreros.

Sólo hay que escuchar lo vital que era para Khalid Shiekh Mohammed ver que lo que estaba haciendo era  un acto de guerra más que un mero crimen, diciendo lo mismo que Lindsey Graham y esos que insisten en EEUU que ¡Estamos en guerra! El cerebro del 11 de septiembre se aferraba desesperadamente al mismo pretexto: que él era  un guerrero y un combatiente en una atroz guerra, exactamente como George Washington y los miembros de los militares americanos él apuntaba a su encargo militar. Como resultado, argumentaba, ellos deberían entender que las bajas civiles del 11 de septiembre de las que Mohammed fue acusado son simplemente parte de lo que todo “militar” hace:

Lo que escribí aquí, no es que me esté poniendo como un héroe, cuando dije que era responsable de esto o aquello. Pero tú eres un militar. Sabes muy bien que hay lenguajes para cualquier guerra. Entonces, hay, nosotros cuando admito estas cosas no estoy diciendo que no lo hice. Lo hice pero este es el lenguaje de cualquier guerra. Si America quiere invadir Irak no enviarán rosas y besos a Sadam, sino que enviarán un bombardeo. Esta es la mejor manera si quiero. Si estoy luchando por cualquiera lesadmito que soy enemigo de los americanos. Seguro, soy enemigo americano. Usama bin Laden, hizo su mejor rueda de prensa en los medios americanos. El señor John Miller estaba allí cuando hizo la declaración contra la Jihad, contra América. Y él dijo, no es necesario que explique lo que dijo, pero básicamente lo que dijo sobre la presencia militar americana en la península de Arabia y ayudando a Israel y otras muchas cosas. Por lo que cuando nosotros hacemos cualquier guerra contra América nosotros somos como chacales en la noche.

Entonces, venimos de líderes religiosos que consideramos que nosotros y George Washington hacemos lo mismo. Cuando se considera a George Washington como un héroe. También muchos de los musulmanes consideran así a Usama bin Laden. Está haciendo lo mismo. No hace otra cosa que luchar. Necesita su independencia. Incluso nosotros pensamos eso, o no sólo yo. Muchos musulmanes, que están haciendo al Qaida o los Talibanes. Ellos han oprimido América. Este es el sentimiento del profeta. Por lo que cuando nosotros decimos que somos enemigos combatiendo, así es. Nosotros lo estamos haciendo.

Lo que nos encontramos aquí es que los extremos de ambos lados de un conflicto en muchas ocasiones son un perfecto reflejo en el espejo. Los colonos israelíes y Hamas tienen el mismo deseo de prevenir un acuerdo de paz y por las mismas razones. Los neocons americanos y los extremistas en Irán tienen el mismo deseo de inflamar el conflicto entre EEUU e Irán y al finalpiensan exactamente del mismo modo. Y los miembros de Al Qaeda y los extremistas de ¡Estamos en Guerra! en los EEUU tienen a converger en su forma de pensar también (ver aquí para entender cómo Lindsey Graham está tan trastornado y sediento de sangre como nadie en el mundo). El historiador Richar Hofstadter, en su relevante ensayo de 1964 en Harper titulado “El estilo paranoico en los políticos americanos,” describía perfectamente cómo los extremistas en ambos lados de un conflicto son casi siempre idénticos (y, al hacer eso, enfatizó, con precisión, que esta dinámica “no está confinada a nuestro propio territorio y tiempo; es un fenómeno internacional”):

El portavoz paranoico ve el destino de la conspiración en términos apocalípticos – transita entre el nacimiento y la muerte de mundos enteros, enteros sistemas políticos, completos sistemas de valores humanos…Él no ve el conflicto social como algo que tenga que ser mediado y de acuerdo mutuo, de la manera que lo hace un político. Como lo que está en juego es siempre un conflicto entre el bien y el mal absoluto, lo que hace falta no es un compromiso sino pelear hasta el final.

Como se cree que el enemigo es totalmente malvado e insaciable, debe ser totalmente eliminado – si no del mundo, al menos del teatro de operaciones al que la paranoia dirige su atención. Esta demanda de victoria total lleva a la formulación de objetivos irreales y sin esperanza, y como esos objetivos no son alcanzables ni de lejos, el fallo constantemente agudiza el sentido de frustración de la paranoia.Incluso éxitos parciales le dejan con la misma sensación de impotencia con la que empezó, y esto a cambio sólo refuerza su consciencia de lo inmensas y aterradoras cualidades de su oponente.

El enemigo está claramente definido: es un modelo perfecto de malicia, una especie de superhombre amoral – siniestro, omnipresente, poderoso, cruel, sensual, lujurioso. A diferencia del resto de nosotros, al enemigo no se le encuentra en las empinadas cuestas que conforman la historia, o como una víctima del pasado, de sus deseos o limitaciones. Él dispone, de hecho construye, el mecanismo de la historia, o intenta desviar el curso normal de la historia de un modo diabólico… Es duro resistirse a la conclusión de que este enemigo es en muchos aspectos una proyección de su yo; ambos aspectos, lo ideal y lo inaceptable del yo son atribuidos a él.

El enemigo – al que los guerreros americanos mantienen y glorifican con su interminable fijación de que ¡Estamos en Guerra!  y en cuyo nombre se hace una Guerra interminable y las libertades civiles son destruidas – es, de hecho, “en muchos aspectos la proyección de él mismo.” Hay una buena razón por la que los miembros de Al Qaeda y los que serían los guerreros americanos están ambos igualmente desesperados por mantener la mentalidad del ¡Estamos en Guerra!: es lo que les da un propósito y justifica todo lo que hacen.

* * * * *

Un último punto sobre estos defensores del ¡Estamos en Guerra!: Jeffrey Goldberg en The Atlantic agrupó informes de noticias oficiales de los diversos actos de guerra dirigidos contra Irán: explosiones, asesinatos de sus científicos, guerra cibernética, y preguntó: ¿Está Irán ya siendo atacada por una alianza de EEUU e Israel? Yo escribí sobre la misma cuestión en el contexto de la columna de Roger Cohen en el New York Times en la que básicamente se argumentaba (y celebraba) que EEUU e Israel ya estuvieran haciendo una guerra encubierta contra Irán (Cohen escribió “sería tremendamente inocente creer que esos eventos no son resultado de acciones americano-israelitas encubiertas). Sólo tener en cuenta lo alucinante que es: los políticos y los medios americanos están tan obsesionados con la guerra que les parece indiscutiblemente claro que el gobierno de los EEUU – en total secreto, sin una remota base legal – está envuelto en un grado desconocido en varios actos de guerra contra Irán, y nadie se da cuenta o le importa, o ni siquiera quiere saber lo que el gobierno de los EEUU está haciendo al respecto. Si crees que necesitas atacar países en total secreto, Señor Comandante en jefe, siga adelante: no es necesario ni que nos lo diga. Esto es lo que esta mentalidad de ¡Estamos en guerra! produce.

Este artículo apareció originalmente en Salon.

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David Simon, The Wire y la tele inteligente

Publicado por moncadista en 11 diciembre, 2011

Tres veces empecé a ver “The Wire“, Bajo escucha en español. Y es que me parecía la típica serie de polis corruptos en la que el sistema funciona. O sea, está el poli corrupto, véase malo, que mientras se dedica a atrapar a otros malos se queda con algo de pasta, o soborna, etc. Pero al final al malo lo pillan, y ahí entra en acción el bueno, el héroe, sustentado por un sistema que, aunque pueda tener sus fallos, al final hace triunfar a la justicia.

Por eso me negaba a terminar de ver el primer episodio, pero como mis “almas gemelas”, físicas y virtuales, insistieron, me dejé llevar….

En un par de episodios te ves sumergido en un mundo de drogas, corrupción, jerga, supervivencia, humanidad. Decenas de protagonistas. Una realidad que corta la respiración.

Baltimore es la ciudad elegida por David Simon para desarrollar la historia. En la ciudad donde él trabajó como periodista varios años, detrás de la policía anti drogas.

En la primera temporada los protagonistas son los habitantes de West Baltimore. Un asesinato incómodo hace que un alto mando policial (que son entre cargos políticos y policías) decide que hay que detener a algunos para limpiar la imagen del cuerpo de policía. Como no se pretendía profundizar mucho, mandan al caso a un grupo de policías a los que pensaban incompetentes: alcohólicos, corruptos o represaliados, pero entre estos últimos hay unos pocos brillantes detectives. Cuando empiezan a hacer el que se supone es su trabajo, y siguen el dinero de la droga, ven que la mierda salpica a importantes políticos. Y no sigo.

Lo interesante de esta temporada, como decía, es que las personas no son buenas o malas, héroes o villanos. Son personas. Más o menos corruptibles, más o menos honradas. Son personas. Tanto la policía como los traficantes. Lo que la serie destapa, tal como dice el propio autor, es que la guerra contra las drogas es un enorme fraude. Es una guerra a los pobres, a los que los “americanos” no necesitamos más. Por lo tanto, lo menos que se puede hacer es cazarlos, y de esa manera generar empleo: para policías, jueces y abogados. Y es que la desindustrialización que se produce en los 90 en EEUU lleva a que no se necesite más ese ejército de reserva que son los desempleados negros. No sólo empleos, la policía recibe ascensos por sus “éxitos” en la lucha contra el narcotráfico y es penalizada si esos éxitos son excesivos. Al final, como en Colombia, se producen muchísimos llamados “falsos positivos“.  Las cárceles son un negocio pujante en este país. EEUU es el país del mundo con más proporción de presos mientras que el porcentaje de presos que ha cometido un crimen violento ha bajado del 32 al 7 % desde el ’82.

Sin embargo, no todo es sutil, de vez en cuando el mensaje rebelde sale a través de sus personajes:

Omar, uno de mis personajes preferidos, es un ladrón de narcos, sí, extraña profesión. Además es gay y muy inteligente, ¿os imagináis algo así en Hollywood? Y se enfrenta a ellos en el juicio. Cuando el abogado de los narcos le cuestiona su credibilidad por su pasado delictivo le dice que es un parásito. Omar responde: “igual que tú, yo tengo la pistola, tú tienes el maletín. Es todo el mismo juego, ¿no?”

En la serie se reflejan las fuertes relaciones familiares que unen a las comunidades negras, herencia de la resistencia contra la esclavitud y el apartheid posterior. El chico negro con un sólo destino no vive con resignación esa vida, existen contradicciones. Se saben presas de un modelo que en muchas ocasiones no comparten y David es capaz de reflejar de manera muy sutil esas contradicciones en sus personajes. El joven (15 años) camello que igual pega una paliza de muerte a un yonqui, manda a la muerte a un enemigo y cuida de 10 niños huérfanos. Los policías que echan horas extras sin cobrar por resolver un asesinato, pero que después se ensañan sin remordimientos con un pobre desgraciado. El yonqui que se puede salvar pero que no lo hace, porque no quiere, porque no sabe, porque tiene miedo.

David Simon le pregunta a la audiencia en una charla que hizo aquí en la universidad (que podéis ver aquí): ¿quién de aquí se considera socialista?, unos pocos levantan la mano, y quién de aquí cree que tendría que haber sanidad universal, una gran mayoría. De ahí deduce que la palabra socialismo se ha convertido en un tabú, que los medios dominan el lenguaje, qué es lo permitido y qué no.

Si bien queda claro que si estudias en una escuela pública en EEUU estás jodido, en su trabajo no lo reduce a eso, no lo enseña explícitamente. Todo es más complejo.

En la segunda temporada, que no he terminado aún, el eje central es el puerto de Baltimore. Tráfico de drogas y de personas, corrupción, mafias. La historia gira entorno al sindicato de estibadores. El escenario, de nuevo, una ciudad víctima de la desindustrialización, de que el “trabajo” no sea necesario en EEUU, todo se produce en China. El sindicato no es al estilo europeo, donde su función es (debería ser) defender los derechos laborales de los trabajadores. Este sindicato, ante la falta de empleo, se dedica a conseguir dinero extra. Se convierte en un sindicato del crimen. Con ese dinero extra paga bajas laborales, jubilaciones, subsidios de desempleo. Y por supuesto, unta a los políticos que les darán más trabajo al llevar más barcos a su puerto.

No creáis, no se está criminalizando a los trabajadores. Son víctimas convertidas en victimarias, (¡nunca mejor dicho!). Con un capo paternalista, austero, que no comparte los trapos sucios con su “prole”, para protegerlos.

Le preguntan que qué opina de Obama, y él, muy inteligentemente dice que “se acabaron los grandes hombres, que no habrán más Lincoln o Roosvelts. Los elementos que tomaron la democracia son más grandes que Obama…Ya no se trata de a quién elegimos, el problema es el proceso que hemos creado para elegirlos.”

David, en un arranque keynesianista, piensa que es el trabajo el que salvará a EEUU del desastre. Y también, erroneamente, piensa que “las buenas noticias son que si las cosas empeoran, como pasará, entonces alguien agarrará un ladrillo”.

Sólo nos llega lo negativo de EEUU, creemos que este es un país de ignorantes conservadores. Pero no todo en este país se resume en esto:

No me avergüenzo de admitir que soy cristiano, pero no necesitas estar en el banco de la iglesia cada domingo para saber que algo va mal en este país cuando los gays pueden servir abiertamente en el ejército pero nuestros niños no pueden celebrar la navidad o rezar en la escuela. Como presidente, terminaré con la guerra contra la religión de Obama y lucharé contra los ataques liberales a nuestra herencia religiosa. La fe hizo a América fuerte. La puede hacer fuerte de nuevo.”

Esa es la estrategia del capital para que la gente siga votando a Obama. Al final, al contrario que The Wire, los media juegan a la polarización entre buenos y malos. Pero, como dice David, es una cosa del Sistema, no de las personas.

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Un “güiquend” cualquiera para Moncadista

Publicado por moncadista en 13 noviembre, 2011

Para variar un poco os voy a contar cómo ha sido mi fin de semana. Todo empezó el viernes, cuando de nuevo me tocaron un par entradas al baloncesto universitario entre Duke y Belmont. Partido muy emocionante lleno de todos los tópicos que os podáis imaginar. Las jovencísimas animadoras a lo “American Beauty”, el himno nacional con los uniformados y la banderita, la estúpida mascota, las coreografías y buen baloncesto.

Por suerte, la noche terminó con una animada conversación política, amenizada con unas cuantas Guinness. Echaba de menos afilar la sin hueso en castellano.

El sábado me acerqué por la asamblea “general” de Occupy Durham. Ya había estado el otro día pero no había nadie, y me fui. En esta ocasión me acerqué a una señora de pelo blanco y le pregunté. Ella encantada, me respondió: “Sí, demos por iniciada oficialmente la asamblea”. Yo miraba a mi alrededor y veía otras dos personas, una de ellas con un cartel sujetado con un mecanismo de palos muy raro. Cuando les digo que soy de España les brillan los ojos y me piden que les cuente las últimas noticias del movimiento en España. Lo hice, por suerte ya habían llegado más personas, 20. Y para tranquilidad de mis lectores pro-15M, les di la versión optimista, la de que en España se está liando la del copón bendito.

A lo que iba, flipé en colores. Tienen un sistema super complicado de toma de decisiones. Mira que he estado en asambleas en mi vida. Allí estamos 20 tipos y tipas de pie, con 10º, debatiendo cómo debatir. Se tiraron 20 minutos explicando cómo se tomaban las decisiones y los 10 tipos de gestos diferentes. Manos arriba, de acuerdo; abajo muy en desacuerdo; otros si se tienen objeciones, o si se tienen enmiendas “amigables”, así hasta 10 o así. Lo curioso es que no había ninguna propuesta que debatir, hasta que llegó un muchacho proponiendo que se apoyara una concentración contra la privatización de un parque. Vuelta al debate, esta vez para ver qué palabras se utilizaban en la convocatoria del apoyo. Cuando se me estaba congelando la gotilla de sudor de la frente (en plan dibujo manga), la asamblea general se terminó.

Me acerqué a un hombrecillo al final, el brazo derecho (sic) de la “orientadora” (la que mandaba, vamos). Le pregunté que si había algún grupo que estuviera yendo a los barrios a hablar con los vecinos y explicarles lo de Occupy…¿lo cualo? ¡qué va! bastante tenemos con juntarnos estos 20. “hay que unir, no dividir”, fue su respuesta. Total, que me fui pensando, mierda, esto es peor de lo que imaginaba. Occupy Wall St. no representa a las clases populares, pero es que estos no se representan ni a ellos mismos.

Pues de ese humor me fui a ver un documental. Al principio pusieron dos vídeos sobre una organización con nombre prometedor: “Estudiantes en acción con los trabajadores del campo“. No voy a entrar en detalles para no aburriros más, pero estos niños de papá se van a los campos de Carolina del Norte donde trabajan miles de inmigrantes latinos, la mayoría mexicanos, en condiciones de semi-esclavitud, expuestos a los pesticidas, por salarios que no les permiten ni sobrevivir, maltratados…. Bueno, pues ellas, las chicas de la asociación, utilizaron su tiempo para enseñar lo maravilloso que era su trabajo (el de ellas), y lo duro que era el trabajo del campo. Y su campaña se basaba en concienciar a los consumidores de que las lechugas o los árboles de navidad los recogían mexicanos sudorosos que echaban de menos a sus familias. Ni una sola mención a los por qués de semejante injusticia. Nada del NAFTA, de los precios del maíz por la especulación, etc. Nada, que compremos unas galletas para apoyar a la familia de uno que había muerto, ¿de qué? ni idea.

Pero cuando yo pensaba que mi tensión arterial no podía subir más empezó el documental propiamente dicho:

Cuando terminó, mi compañera de asiento, viendo el humo de mis orejas, me animó a participar. Y allá que voy. Les dije que why?, por qué no veo ningún por qué. Que cómo se podía tratar un tema tan dramático como son los 50.000 muertos, sólo durante la presidencia de Calderón, de esa manera tan superficial (y aburrida). Que por qué no se señalaba en ningún momento la responsabilidad de EEUU en ambos dramas, el de la guerra civil Mexicana y  la inmigración esclavista. Lo cojonudo viene cuando el que me replica es un mejicano. Diciendo que los documentales no tienen por qué ser “panfletos” que “manipulen al espectador”.  ¡Pero si es un panfleto! Hay 2 imágenes explícitas en todo el documental: un senador estadounidense diciendo que EEUU no enviaba suficiente ayuda militar a México (sic) para combatir el narcotráfico y la otra es el ejército mexicano combatiendo y matando al “jefe de jefes” de uno de los clanes. O sea, un panfleto.

Una cena grasienta, un litro de cerveza en buena compañía hicieron volver mi tensión arterial a sus niveles normales.

Espero no haberos aburrido más de lo normal. Para compensarlo una cancioncilla. ¡Jipis!


Lleno de resignación en un trabajo de asco
Me disparan a los pies me dicen salta y salto
Intentando no pensar que se me escapa la vida
Por más puntos que me doy no se me cierra la herida

Salgo pitando me están esperando
En el barrio calientan pulmones
Aspiro a perder la conciencia otra vez
Ya no me quejo más

Jipis jipis
Hemos vuelto a ser
Jipis
Sin collares sin tripis jipis
Igual de mongoles mirando a las flores
Mirando a los jipis

Cebo para el tiburón desagradable tarea
Del anzuelo boquerón me arrastra la marea
No me voy a lamentar por tantas noches perdidas
Sólo quiero adelantar la hora de salida

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The origin of the US capitalism

Publicado por moncadista en 4 noviembre, 2011


This is my first post in English. It is simple, and based in "copy-paste" from the Howard Zinn's book "A People’s History of US". What I want to show is that “the american dream” is a fallacy. Who are in power, or the powerful, the wealthy are not because they were smarter or luckier. They are, as persons or as group, in charge because they didn't play fair, they got rich from slavery, explotation and wars.
As example of that I will choose JPMorgan.
I will start from the bank web page:

1915:

J.P. Morgan arranges the biggest foreign loan in history – a $500 million Anglo/French loan.

1906:

J.P. Morgan is central to the creation of U.S. Steel, GE and AT&T.

1895:

J. Pierpont Morgan, Sr. becomes senior partner. The New York firm is renamed J.P. Morgan & Co.

1893:

J.P. Morgan is primary financier of U.S. railroads.

1848:

The Waterbury Bank opens, a predecessor of the Chase Manhattan Bank.

1824:

The Chemical Bank is established.

1799:

The Manhattan Company, the firm’s earliest predecessor institution, is chartered.


And then, some extracts of the book. The bolds are mine. In the year 1886, Henry Grady, an editor of the Atlanta Constitution, spoke at a dinner in New York. In the audience were J. P. Morgan, H. M. Flagler (an associate of Rockefeller), Russell Sage, and Charles Tiffany. His talk was called “The New South” and his theme was: Let bygones be bygones; let us have a new era of peace and prosperity; the Negro was a prosperous laboring class; he had the fullest protection of the laws and the friendship of the southern people. Grady joked about the northerners who sold slaves to the South and said the South could now handle its own race problem.

It was a system of periodic crisis-1837, 1857,1873 (and later: 1893, 1907, 1919, 1929)-that wiped out small businesses and brought cold,hunger, and death to working people while the fortunes of the Astors, Vanderbilts, Rockefellers, Morgans, kept growing through war and peace, crisis and recovery. During the 1873 crisis, Carnegie was capturing the steel market, Rockefeller was wiping out his competitors in oil. The wild fraud on the railroads led to more control of railroad finances by bankers, who wanted more stability-profit by law rather than by theft. By the 1890s, most of the country’s railway mileage was concentrated in six huge systems. Four of these were completely or partially controlled by the House of Morgan, and two others by the bankers Kuhn, Loeb, and Company. J. P. Morgan had started before the war, as the son of a banker who began selling stocks for the railroads for good commissions. During the Civil War he bought five thousand rifles for $3.50 each from an army arsenal, and sold them to a general in the field for $22 each. The rifles were defective and would shoot off the thumbs of the soldiers using them. A congressional committee noted this in the small print of an obscure report, but a federal judge upheld the deal as the fulfillment of a valid legal contract. Morgan had escaped military service in the Civil War by paying $300 to a substitute. So did John D. Rockefeller, Andrew Carnegie, Philip Armour, Jay Gould, and James Mellon. Mellon’s father had written to him that “a man may be a patriot without risking his own life or sacrificing his health. There are plenty of lives less valuable.” In 1895 the gold reserve of the United States was depleted, while twenty-six New York City banks had $129 million in gold in their vaults. A syndicate of bankers headed by J. P. Morgan & Company, August Belmont & Company, the National City Bank, and others offered to give the government gold in exchange for bonds. President Grover Cleveland agreed. The bankers immediately resold the bonds at higher prices, making $18 million profit. A journalist wrote: “If a man wants to buy beef, he must go to the butcher…. If Mr. Cleveland wants much gold, he must go to the big banker.” By 1900, he (Morgan) controlled 100,000 miles of railroad, half the country’s mileage. Three insurance companies dominated by the Morgan group had a billion dollars in assets. Morgan then formed the U.S. Steel Corporation, combining Carnegie’s corporation with others. He sold stocks and bonds for $1,300,000,000 (about 400 million more than the combined worth of the companies) and took a fee of 150 million for arranging the consolidation. How could dividends be paid to all those stockholders and bondholders? By making sure Congress passed tariffs keeping out foreign steel; by closing off competition and maintaining the price at $28 a ton; and by working 200,000 men twelve hours a day for wages that barely kept their families alive. (Where is here free market?) J. P. Morgan and Company acted as agents for the Allies, and when, in 1915, Wilson lifted the ban on private bank loans to the Allies, Morgan could now begin lending money in such great amounts as to both make great profit and tie American finance closely to the interest of a British victory in the war against Germany. JP Morgan, one of the more powerful banks in US and in the world is the responsible of the current crisis. But the capital origin is over the sweat of millions of US workers.

 


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