En el programa de Seres sin rostro del 21 de diciembre hablo sobre Egipto y largo y tendido sobre Colombia. Mi intervención a partir del minuto 20.
El vídeo sobre Egipto del que hablo y la manipulación de TVE.
Publicado por moncadista en 23 diciembre, 2011
En el programa de Seres sin rostro del 21 de diciembre hablo sobre Egipto y largo y tendido sobre Colombia. Mi intervención a partir del minuto 20.
El vídeo sobre Egipto del que hablo y la manipulación de TVE.
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Publicado por moncadista en 3 julio, 2011
El documental de José Lozano y Hollman Morris titulado Impunity (Impunidad) se estrenó el pasado 20 de junio en Bogotá. Como Estado “democrático” que se precie debe ejercer la censura mediante “la autocensura”. El documental apenas se emitirá por las salas colombianas ni mucho menos del resto del mundo. Este vídeo son fragmentos del documental completo que podéis bajar aquí (es de libre distribución).
El documental es excelente, aunque es necesario saber un poco sobre la historia reciente de Colombia y el paramilitarismo porque continuamente salen nombres y situaciones que no son explicadas adecuadamente.
Este artículo lo planteo no sólo para difundir este excelente documental, sino por analizar qué entiendo yo por paramilitarismo y por qué lo llaman así.
Estado con mayúsculas incluye al “estado” (como elemento funcional: gobierno, ejército, justicia…) más las relaciones sociales de producción, a la dominación ideológica, a las clases, etc, etc.
El Estado colombiano es débil, es incapaz de ejercer no ya la hegemonía en el territorio sino ni siquiera hacer presencia en muchas zonas del país. Pero no porque su estado no sera fuerte, sino porque es incapaz de imponer la hegemonía. La hegemonía se basa en la capacidad de las clases dominantes en pasar a ser clases dirigentes y conformar una sociedad civil estructurada donde la dominación no sea meramente coercitiva sino ideológica y estructural (Gramsci y el método historiográfico).
Esta debilidad, o ausencia de sociedad civil estructurada, tiene varias causas en Colombia. Empezando por la formación de una oligarquía criolla mediante la encomienda. Después, la independencia del imperio español no se hizo gracias a la unidad de la oligarquía y burguesía criolla, sino que desde el principio, con la traición de Santander a Bolívar las clases dominantes estaban divididas. Tanto, que desde la primera independencia la guerra ha sido una constante en Colombia. Guerra entre las clases dominantes y sobre las subalternas. Tanto en la guerra de los mil días de finales de siglo, como la “época de la violencia de mediados del XX”, han sido enfrentamientos entre liberales y conservadores, pero que tenían como principal blanco al campesinado.
Ya Bolívar dijo: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad“ y así ha sido, el imperialismo nunca ha sido tan sangriento en Colombia como en los últimos 10 años. El saqueo y el fomento de la guerra perpetua ha sido clave para entender la actual coyuntura colombiana.
Pero las clases subalternas, especialmente el campesinado, no son meros actores pasivos, sino que especialmente desde el año ’48 han resistido, heroicamente podemos decir, los ataques de las clases dominantes. Esta resistencia ha impedido la conformación de una sociedad civil “equilibrada” o sumisa según se mire. Esa resistencia continua frente al despotismo y la injusticia ha hecho que el campesinado no se identifique con ningún proyecto democrático nacional al uso.
Las clases dirigentes no pueden escribir su propia “historia”. Han pasado de ser lacayas del imperio español a, sin revolución, ser lacayas del imperialismo. Este último no le impediría en un principio escribir su propia historia (véase Chile o Argentina), pero es que se encuentra de frente con la resistencia de unas clases subalternas que unido a su propia incapacidad (mediocridad en muchos casos) y codicia ha llevado a que su estrategia sea la eliminación del enemigo mediante la masacre y el terror.
Simplificando mucho, cuanto más sumisas son las clases subalternas menor violencia directa tiene que ejercer el Estado para dominarlas. Y no me refiero únicamente a la resistencia armada, a los grupos insurgentes y las autodefensas campesinas; sino especialmente a los movimientos campesinos y obreros que vienen luchando durante más de un siglo contra la opresión.
Pero quiero hacer hincapié en otra forma de resistencia que pasa desapercibida y que es fundamental para entender la hipótesis de la debilidad del Estado como causa del conflicto armado colombiano. Y esta es la autoorganización campesina. La “especialización” del Estado colombiano en un aparato represor. El abandono de las formas clásicas de “consenso” como la educación, la propaganda, etc en muchas partes del territorio ha hecho que sean la comunidades las que suplan esas carencias. Lo más evidente es en infraestructuras. Las comunidades, a través de sus aparatos de gobierno (las juntas de acción comunal ahora), son las encargadas del mantenimiento (o construcción) de carreteras, puentes, escuelas o puestos de salud. A veces con ayuda económica pero la mayoría de las veces no. Pero no sólo esto. Son estas comunidades las que se encargan de la selección del maestro y la construcción de la escuela. La falta de inversión en salud ha hecho que la medicina tradicional no haya sido desbancada por la “occidental”. Sino que brujos y curanderos utilizan la medicina tradicional y se convierten en líderes de la comunidad, tanto que a menudo son blanco de la represión estatal (como Aicardo).
Pero es que el Estado no es capaz en muchos casos ni de ejercer coerción. En muchos casos es la misma comunidad la que aplica la justicia. Depende de varios factores, de la presencia de algún grupo armado o no, de los niveles de organización, de la coyuntura y del motivo, pero en general los líderes son informados del “delito”, se investiga, la comunidad se reúne y organiza un juicio popular. Suelen ser los grupos armados los que la apliquen. Ya digo, esto es muy general y viene más de percepciones mías sobre terreno que documentación. Pero lo que aquí nos interesa es que el Estado (las clases dominantes) no es capaz ni de que se aplique el sacrosanto Derecho dentro de todo su territorio.
Justicia, salud y educación son los pilares fundamentales en la formación de una sociedad civil, de un Estado (en un sentido amplio) cohesionado y funcional para las clases dirigentes.
Otra de las consecuencias de la falta de cohesión entre las clases dominantes son las contradicciones que se dan dentro del Estado que llevan al uso del paramilitarismo por parte de la oligarquía.
¿Pero qué es el paramilitarismo? Si partimos de la base de que las fuerzas de seguridad (sic) del Estado al servicio de las clases dominantes sirven para mantener el status quo, ¿por qué algunos sectores de esas clases deben formar sus propios ejércitos? Pues por su propio conflicto. Conflicto entre burguesía liberal (comerciante) y terrateniente, y estas con los narcotraficantes. Todo aderezado con capital internacional (minero y agrícola). Como decía al principio, las clases dominantes colombianas no están cohesionadas. Es una cuestión política, ideológica si se quiere. Entonces, para mí, el diferenciar entre Militarismo y paramilitarismo tiene una función política o estratégica. ¿De qué nos sirven a los que no estamos conformes con esta legalidad el que la represión sea legal o ilegal? Porque no podemos olvidar que en definitiva son los ejércitos de los opresores. Pero lo curioso del caso colombiano es que no existe una separación clara entre ambos ejércitos, el legal y el ilegal. En el documental queda claro cómo los hermanos Castaño (fundadores de las Autodefensas unidas de Colombia) y comandantes de las autodefensas se reunían constantemente con los líderes de la oligarquía colombiana. O que los mandos del ejército regular comandan también a paramilitares. O que la inteligencia del ejército era utilizada por los paracos. Sin hablar de infraestructura, recursos, etc.
Pero hay más factores a tener en cuenta. Por ejemplo cuando HH explica que se tuvieron que incrementar las desapariciones (hornos crematorios, enterramientos y “al río”) debido a la presión, mediática digamos, que esos cuerpos ejercían. Ahí sí tenemos que tener en cuenta la legalidad. Pero por qué hay que llamarla “parapolítica”. Si a los terroristas los financia el narcotráfico es parapolítica, pero si los financia una multinacional petrolera es política.
Hay más cosas a analizar, pero no quiero alargar esto. Como son los métodos para generar terror, la magnitud del genocidio (el más grande del continente en la segunda mitad de siglo), la impunidad, el papel del imperialismo estadounidense y europeo, especialmente el cinismo de este último, etc.
En este documental podemos visualizar de lo que son capaces las clases dominantes desesperadas por mantener el poder. Como un gato panzarriba.
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Publicado por moncadista en 30 junio, 2011
Animado por nobles principios él siempre apreció el bienestar de su país con el ardor de un verdadero patriota, diligente en los negocios, acumuló riquezas, pero en el disfrute de ellas no se olvidó de compartir con los menos afortunados. Un mecenas, promovió una institución que situaba el regalo del conocimiento dentro del alcance de los jóvenes aspirantes. Y cuando las actividades de su temprana vida y las más severas luchas de su edad madura habían pasado entró en una serena ancianidad aclamado por una humilde piedad y sostenido por una inquebrantable fe en Dios, quien en todas las vicisitudes de la vida lo había guardado sencillo en sus objetivos, sincero en sus amistades y fiel a sus ideas.
10 horas me costó atravesar el agujero negro. Ya estaba en la Castellana de Madrid. En otras 10 horas estaba en territorio estadounidense en plena capital española, la embajada. El agujero negro es la madriguera del conejo blanco de Alicia, desemboca en un mundo de “ilusiones” y desilusiones. Es como si me hubiera comido un tripi, digo yo, porque nunca lo he probado. Pero debe ser como eso. De pronto todo es grandioso, está limpio, lleno de coches nuevos y edificios altos. Paso de un país diezmado por la violencia imperialista y lleno de luchas populares y esperanzas, a otro donde la lucha apenas gatea, y donde la gente se evade gracias a los primeros.
No sólo la imagen, el cascarón del capitalismo en España es falso y relativamente frágil. También es frágil el movimiento que está incubando. Pero no venía a hablar de eso sino de qué está hecho el cascarón del capitalismo. Eso que vemos y no nos deja ver.
¿En qué consiste el “sueño americano”? A lo mejor en trabajar y/o estudiar en una maravillosa universidad con una capilla que parece la catedral de mi ciudad.

O en comerse una pizza con “real cheese” (queso de verdad). El sueño americano convierte lo normal en reclamo, lo falso en normal.
Pero hasta en el paraíso terrenal, Duke, donde el centro de la universidad es una enorme capilla. Donde las ardillas corretean casi por tus pies. Donde reúnen a sus nuevos empleados para contarles lo maravilloso que es trabajar aquí, y lo bien que hay que tratar a los pacientes (también es un hospital). Porque, literal, ya se sabe, si los pacientes no están contentos, no hay business. Cuyo nombre es el de una maravillosa persona (ver inicio) que donó parte de su fortuna para la construcción de la universidad. Lo curioso es que el dinero se lo ganó con el negocio del tabaco, y con el sudor de su frente, of course! Aunque ahora está prohibido fumar en buena parte del campus. Digo, hasta aquí existe la miseria.
En la presentación a los nuevos nos contaban que no se podía negar los primeros auxilios a nadie. Que si “la vida corría peligro” no había que tener en cuenta el estado “financiero” de esa persona. Y es que en este país hay que robar, literalmente, para tener seguro médico. Sin embargo, tener seguro médico, en un maravilloso lugar como este, con tantos beneficios, no es un camino de rosas. A pesar del seguro, si tienes un hijo y quieres vacunarlo (sic) tienes que pagar más de 1200$ por las vacunas obligatorias. Si no los tienes, ejem.
Estudiar aquí cuesta unos 60.000$ al año, más gastos. Las familias gastan unos 100.000 al año para que su hijito viva y estudie en un campus gótico.
Tienen enormes autopistas, gigantescos centros comerciales, barrios preciosos, bosques encantados, naturaleza……..
Ya he oído varios lamentos de lo cara que está la gasolina aquí. La verdad es que ha subido casi un dólar desde que estuve por aquí en el 2008. Le echan la culpa a Gadafi. El precio es de unos 3.7$ el galón. ¡Eso significa que está a 0.67€ el litro! Y aún así consideran que está cara. Pero lo que me jode no es que esté a menos de la mitad de precio que en España, sino que ¡está a la mitad de precio que en Colombia! En Colombia está alrededor de 1€ el litro. ¿Y eso por qué?. Pues porque en Colombia no hay apenas refinerías a pesar de ser país productor. ¿y qué tiene que ver Colombia? Pues es que el 1 de mayo estaba en Segovia, Colombia, ciudad minera, una de las mayores reservas de oro del mundo. Y menos de un mes después estaba en EEUU, el país con las mayores reservas de oro del mundo, pero este en lingotes.
Colombia y EEUU están unidos por una cadena invisible, la del imperialismo. Allá y acá como las mismas manzanas. En la región más remota del Catatumbo colombiano y en el mega supermercado Target se venden manzanas “made in USA”. Como plátanos Chiquita Brand, con sabor a plomo, pero no es cosa del pasado. Compro mangos tropicales más baratos que en sus países de origen. Colombia es el tercer país del mundo que más ayuda militar recibe de EEUU. Supuestamente para combatir el narcotráfico, Sin embargo, sus bancos son los principales beneficiarios del narcotráfico. El Plan Colombia está para todo eso, para financiar el despilfarro y el cinismo ciego de Duke.
No es que el Imperio esté podrido por dentro, es que el capitalismo desangra y absorbe todo lo que toca. Pero tiene sus prioridades y Colombia es una de ellas.
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Publicado por moncadista en 18 mayo, 2011

Por primera vez he podido asistir en directo al estudio de Cullar Vega Radio en el programa Seres sin rostro que dirige mi amigo y compañero Antonio Luís.
El programa trata de mi “trayectoria” en la radio y como “activista social”, centrándonos en mis últimos meses como acompañante internacional en Colombia.
Al principio del programa hablamos de Contra el muro, el programa semanal que empecé en la radio municipal de Granada allá por el 2002. Es a partir del minuto 55 cuando empezamos a hablar sobre Colombia y el acompañamiento.
Aquí está.
Para escucharlo más cómodamente siempre podéis descargarlo. Pincha botón derecho y guardar como.
Aquí va la canción colombiana que pongo en el programa: El campesino embejucao!
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Publicado por moncadista en 18 mayo, 2011
Colombia, punto y aparte.
Mi “último” acompañamiento en Colombia fue a la ACVC, la Asociación campesina del valle del Río Cimitarra.
La primera parada era Medellín, ciudad tan hermosa como injusta. Tienen hasta papeleras en sus calles, pero como en el resto del país, el “Estado” llega ahí, a las papeleras. Por lo demás la in-justicia la imparte el “para-Estado”. Decenas de fronteras invisibles dividen la ciudad en mini-Estados con su propia policía y reglas. Entre estos mini-Estados hay una guerra sangrienta que no da cuartel y donde no se cumple el tratado de Schengen.
En Medellín se celebraba una audiencia. Los acusados eran ex-soldados. El crimen, participar en la ejecución extrajudicial de un campesino inocente. Casi todos llegaban relajados al juzgado, acompañados de un par de soldados jóvenes con caras de pocos amigos. Caminaron alrededor de nosotros, tomaron café y charlaron con unas chicas. Yo pensaba que eran amigos de los acusados, no, eran ellos. El que sí llegó esposado y con la cara descompuesta era el muchacho que disparó al campesino en el 2008. Pero sobre esta audiencia hay escrito más y mejor: de Eli y de prensa rural.
Lo que yo quería contar es que tuvimos la oportunidad de acompañar el 1º de mayo a la primera marcha campesina, obrera y minera que se celebraba en Segovia, Nordeste antioqueño, desde la masacre de 1988.
El día empezó con una misa en el cementerio de Segovia en honor a los caídos por la violencia para-militar. Lo que mi trabajo me permitió oír de la misa (estaba la fuerza pública haciendo “su trabajo” también) fue impresionante. El cura dio y permitió arengas del tipo: Trabajadores de Segovia, presente, presente, presente. “Compañeros caídos, presentes, hasta cuando, hasta siempre, hasta cuando, hasta la liberación nacional“. Y esta que gritó toda la audiencia (menos los uniformados): “Por nuestros muertos ni un minuto de silencio, toda una vida de combate“.
Pero como decía, la fuerza pública nos hizo emplearnos a fondo y no nos dejó disfrutar del acto. Unos tombos (policía) dieron una cámara a un par de niños que vestían una gorra de “policía cívica” (sic), que se dedicaron en la misa a hacer fotos del acto. Ante mi sorpresa, el teniente de la policía me explicaba que ¡eran para un álbum!. Pero no sólo policía, el ejército acudió “religiosamente” a la misa en el cementerio. Eso sí, su presencia allí, armados hasta los dientes, hace estremecer a cualquiera.
En la plaza al término de la marcha una cámara grababa a todos los asistentes. Intentamos impedirlo, pero fue imposible. A cientos de campesinos se les privaba del derecho a la intimidad y a la libre circulación. En ese pueblo precisamente la fuerza pública fue responsable por omisión de la matanza de 43 personas en 1988.
No voy a describir lo que pasó. Está en wikipedia. Pero sí la indignación que sufrí al ver que la fuerza pública que tenía que garantizar la seguridad de esa población no sólo se escondió y esperó a que sus matones hicieran el trabajo sucio, si no que encima, la prensa, como portavoces de los asesinos, acusan a la insurgencia de la matanza.
El objetivo eran los militantes de la Unión Patriótica, partido político que sufrió un genocidio político, más de 3000 de sus militantes fueron asesinados o desaparecidos. Con impunidad hasta el momento.
EL DORADO. La zona del nordeste antioqueño es muy rica en oro. Segovia y Remedios, dos pequeñas ciudades de la región, están encima de cientos de km de túneles excavados durante décadas por los mineros artesanales y por la multinacional Frontino Gold Mines. Las organizaciones campesinas y sociales de Colombia suelen reivindicar la regulación de la minería artesanal frente a la “industrial”, llevada a cabo a gran escala. Uno de los argumentos que se dan es que la minería a cielo abierto genera una destrucción ambiental y contaminación intolerable. Y es cierto. La deforestación de cientos de Ha de bosque tropical, la contaminación del agua por el uso del cianuro, el desplazamiento de miles de personas, el saqueo, etc. son las consecuencias de la minería a gran escala. Sin embargo, no se puede reivindicar la minería artesanal sin más. Es necesario hacer una autocrítica. Esta minería utiliza el mercurio para lixiviar el oro, y los residuos son vertidos directamente a las quebradas. ¡No por nada Segovia es la ciudad con más contaminación de mercurio del mundo!
Como le decía durante esos días a un campesino-minero, no todas las calamidades del pueblo colombiano son directamente fruto del imperialismo, las multinacionales o la oligarquía. El campesinado tiene una gran responsabilidad. La maldita costumbre de tirar todos los residuos al monte, como si la selva fuera un pozo sin fondo. La deforestación descontrolada que es la responsable de las inundaciones en toda Colombia. La cantidad de enfermedades derivadas de la contaminación por mercurio, cianuro, pesticidas, abonos, herbicidas…no son sólo culpa de las fumigaciones y la minería a gran escala. El campesinado también lo es.
El desarrollo humano y social de Colombia es una responsabilidad internacional. Sus selvas son reserva de la biosfera. Como españoles tenemos más responsabilidad todavía, no por la conquista, sino porque las multinacionales con sede en nuestro país son responsables del saqueo y el conflicto que sufre ese hermoso pueblo.
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Publicado por moncadista en 28 marzo, 2011
Hemos tenido la oportunidad de acompañar en una nueva región de Colombia, El Meta. Una zona preciosa, con zonas selváticas y ganaderas. Sudó nuestro conductor para que la camioneta pudiera llegar a la vereda, pero no lo consiguió. Al final el embrague se quemó. No nos quedó otra que echarnos las mochilas al hombro y seguir a pata, con ayuda de algunos campesinos que iban llegando a la reunión.Tras un largo paseo entre la selva, lleno de sorpresas inesperadas, pájaros y mariposas, llegamos a la “ex-escuela” de la vereda.
Nada más llegar se abrió el cielo, llovió como si no lo hubiera hecho nunca. El techo metálico nos protegía de la lluvia pero ensordecía el ambiente y nos hacía difícil entender lo que la comunidad estaba diciendo, pero al final lo entendimos, alto y claro. Los últimos años habían sido muy duros. Según los testimonios de los campesinos, el ejército, con ayuda de civiles (paramilitares?) había arrasado la zona impulsando el desplazamiento del campesinado. La arremetida fue dura especialmente del 2006 al 2008. Miles de desplazados, incontables muertos y desaparecidos. Una mujer nos contaba su historia, la de miles en este país. Al parecer el ejército asesinó a su marido. Todavía está esperando justicia. No la espera sentada sino luchando por sacar adelante a los pocos hijos que quedan con ella de los 6 que tenía. Y sacar adelante no significa otra cosa que alimentarlos, no penséis en educación y salud, eso no existe ahí.Sin embargo, los testimonios no se dan de manera fácil. El campesino no se levanta y cuenta con pelos y señales, porque tiene miedo.
Y con razón. No saben quién será el sapo que le dará la puñalada y terminará con ellos.Ellos nos dicen que el ejército, si bien con menos sadismo, sigue molestando al campesinado que está volviendo tímidamente a la región. Los acusan de guerrilleros, de milicianos o de colaboradores. No los dejan ir a sus propias fincas si el ejército acampa a sus anchas ahí porque dicen que son informantes de la guerrilla.Una de las salvajadas que pudimos observar fue la destrucción de la escuela donde estábamos. Había ordenador, libros e incluso maestro (sic). Nada de eso queda. La saña fue tal que se entretuvieron en estropear la pizarra con pintura. Del maestro no se sabe nada, ni de otros muchos en todas las veredas de la región. Cientos de niños quedan sin educación por la estrategia del gobierno militarista colombiano.2500 soldados arrasaron con todo, robaban el ganado, fumigaciones, erradicación forzosa, bombardeos indiscriminados cerca de las casas, allanamientos, ejecuciones extrajudiciales, torturas, violaciones de los DDHH, etc, etc. Todavía les despiertan los bombardeos que arrasan hectáreas de selva supuestamente protegida. Muchas de estas “fechorías” están denunciadas ante la fiscalía, sin mucho éxito.Todo esto llevó al desplazamiento de miles de campesinos, la mayoría no han vuelto, quedan sus casas, como fantasmas de otro tiempo. Casas, discotecas, billares, escuelas, bares destruidos por el tiempo e invadidos por la selva se pueden ver por todas partes.
Algunas con frases de paz y esperanza en sus tablas.Sin embargo, como decía, van volviendo. Los de antes y nuevos. Vuelven a recuperar el terreno perdido a la selva, a sembrar cacao, café, yuca, plátano. Apenas se ven pequeñísimas parcelas con mata de coca, que le sirve al campesino para pagar las deudas adquiridas en la reconstrucción.¿Y se preguntarán por qué vuelven? Con esa violencia, pobreza, falta de oportunidades… Porque la alternativa es peor, la ciudad y la mendicidad. A Bogotá llegan cientos de campesinos desplazados todos los días, y fue peor en la década del 2000. En el primer trimestre del 2010 llegaron 70.000, eso son casi 1000 todos los días. A esos refugiados, asustados por la inmensidad, el caos, la delincuencia, las mafias y la contaminación les esperan la humillación y el hambre, con suerte. Horas de colas en bienestar social para a veces conseguir una limosna que les durará unos días. La juventud lo tiene peor. Los hombres el reclutamiento obligatorio, 3 años secuestrados combatiendo con el vecino o el hermano (o hermana). Las mujeres jóvenes les espera la marginalidad, la sumisión o la prostitución.Por eso cuando vemos a una joven de 14 años entre la comunidad sabemos que esta “pelá” tiene 3 opciones: casarse con otro “desgraciado”, irse para la ciudad o ingresar a la guerrilla. Esta última opción es mucho más común de lo que uno puede pensar. La mayoría de los presentes tiene hijos o hermanos en la guerrilla. El caso de un muchacho de 19 años al que el ejército asesina al padre, arrasan su finca y a él lo maltratan hasta casi morir. Al día siguiente toma el camino del monte, el camino de la rabia y la violencia. Allá quedan la familia y los vecinos, que se temen lo peor para su ser querido en cada bombardeo, en cada arremetida. El frío por la noche fue duro, no me puedo imaginar lo que tiene que ser para una madre tener a su hijo de 18 años o menos durmiendo en medio de la selva, arriesgando la vida a diario por un conflicto que se eterniza como consecuencia del saqueo y el imperialismo.
Por suerte no todo está perdido. Si bien la opción de la guerra es muy frecuente, los ojos de esos niños están llenos de esperanza: la Organización. Los supervivientes materiales y morales han dicho basta. Se están organizando en torno a asociaciones campesinas y de derechos humanos. Por un lado quieren volver a sembrar, hacer de su tierra la despensa suya y de Colombia. Pero sin dejar de exigir justicia y reparación. Son estas organizaciones campesinas el futuro de este país, no las bombas, la ciudad o el monocultivo. Si el paramilitarismo incipiente lo permite, construirán y sembrarán, están convencidos de ello. Harán de esta zona una tierra libre de guerra y de coca. Volverán los maestros y huirá la guerra.
La vuelta fue dura pero hermosa. Tras un abundante desayuno y un partidillo de fútbol con botas de agua salimos a rescatar la camioneta. Más de 10 campesinos y campesinas nos ayudaron en la tarea, los acompañantes acompañados. Cuánta solidaridad, humanidad y humildad en esa gente preciosa que sin una sola pega nos ayudó durante horas y volvió de madrugada a la soledad de su finca. Tras este viaje termino convencido de que con esos Seres Humanos todo es posible.
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Publicado por moncadista en 4 marzo, 2011
Nota: Todo lo que aquí escribo es únicamente mi opinión. Y esta no refleja la opinión de IAP. Todas las fotos que utilizo pertenecen a IAP.
La dictadura del Capital en la que vivimos se refleja de diversas formas “supraestructurales”. Va de democracias avanzadas con un “estado” del bienestar universal como las norte europeas, hasta feroces dictaduras donde no se garantizan los derechos elementales como las de oriente, Arabia Saudí por ejemplo.
Colombia es un país donde conviven perfectamente las dos formas de Estado. Por eso se dice que hay dos Colombias, pero no es así, es la forma en la que el Capital y el imperialismo ejercen su dominio sobre un país donde conviven agricultura y extracción de recursos naturales como formas económicas. Por ello dentro de la burguesía colombiana existen contradicciones entre la burguesía comercial que exporta recursos minerales y controla el narcotráfico, y la burguesía conservadora ganadera y latifundista que se está “modernizando” mediante la implantación de cultivos intensivos como la palma africana.
Lo que tienen en común ambos sectores de la burguesía y del capital internacional es que a ambos les molestan los pobladores, los campesinos.
Antes de seguir definamos un poco algunos conceptos.
Marx definía Supra-estructura como la forma de Estado y gobierno, leyes, cultura, Ideología, etc. Básicamente son los marcos jurídicos, en un sentido amplio, y las estructuras necesarias para la reproducción del Capital (para el funcionamiento del capitalismo). Utilizando estos conceptos, al final lo que es legal o ilegal es de alguna manera secundario, pero sí es importante tenerlo en cuenta a la hora de analizar y de plantear la resistencia.
El fascismo legalizó la guerra sucia. Crearon las estructuras legales para reprimir y eliminar toda resistencia. Eso todo el mundo lo conoce. Las “democracias occidentales” no lo hacen. Pero sí utilizan la guerra sucia. El GAL en nuestro país, el Mosad y la CIA son ejemplos famosos de estructuras legales o no, cuya actividad, la guerra sucia, es siempre ilegal. Estas organizaciones que llamaré “paralegales” son a su vez financiadas de forma mixta. Los GAL de fondos reservados, o sea de dinero público sin control público. La CIA tiene fondos públicos pero sus acciones se han financiado desde el narcotráfico hasta la venta de armas a Irán (Irán contra). Y por último llamaré “paramilitares” a los grupos armados cuya creación, organización y financiación es compartida por el Estado legal y por el Capital (de forma ilegal).
Volvamos a Colombia.
Este es un país donde la guerra sucia no ha tenido un año de descanso. Por aquí se dice que tiene 50 o 500 años, dependiendo de si ponemos su comienzo después del Botogazo y el periodo de violencia (sic) o la conquista. Para mí tiene miles de años, los caciques indígenas no siempre entendían de Derechos Humanos y la invasión europea del continente no “legitima” las formaciones sociales anteriores.
Pero si nos remitimos a la historia moderna de Colombia, es donde la guerra sucia está al servicio del Imperialismo como tal.
La guerra sucia en Colombia en los últimos años se presenta en tres formas:
La legal: mediante los montajes judiciales hacia líderes y comunidades en resistencia.
La ilegal pero mediante el Estado: Mediante la utilización del aparato del ejército para desaparecer o ejecutar extrajudicialmente (los mal llamados “falsos positivos”). De todas maneras hay que apuntar que el Estado colombiano está fuertemente militarizado. Todos sus ministerios tienen presencia militar, y los tribunales militares tienen muchas competencias. Esto facilita y parcialmente legitima la guerra sucia.
Lo ilegal: el paramilitarismo. Son grupos armados, a veces verdaderos ejércitos, financiados por los terratenientes, el narcotráfico y las multinacionales. Sin embargo, es imposible separar al ejército de estos grupos. Muchos de sus miembros tienen “doble militancia”. No es sólo connivencia, sino que los segundos utilizan la inteligencia, las listas negras, los recursos, etc. del ejército. Y no es sólo una cuestión meramente militar, sino política y económica, ya que los líderes paramilitares se “infiltran” dentro de todas las estructuras políticas del Estado.
SITUACIÓN ACTUAL DE LA GUERRA SUCIA EN COLOMBIA.
Mi análisis se centra bastante en la situación del Catatumbo, región nororiental de Colombia, pero podría ser extrapolada al resto del país.
Durante el periodo uribista la guerra sucia alcanzó niveles alarmantes. Miles de desaparecidos, ejecutados, cientos de masacres, bombardeos de poblaciones, fosas comunes, crematorios…
Gracias a la resistencia del pueblo colombiano unido a la solidaridad internacional se consiguió que todo este genocidio saliera ligeramente a la luz pública. Esto hizo que los cínicos representantes del capital europeo y estadounidense dieran un toque de atención al gobierno colombiano. Incluso el parlamento europeo puso pegas para firmar un tratado de libre comercio con Colombia si no se “arreglaba” lo de los derechos humanos.
Para no alarmar a los votantes europeos y gringos hizo falta un lavado de cara. Primero con el gobierno una supuesta y vergonzosa desmovilización de los grupos paramilitares. Las Autodefensas unidas de Colombia se supone desaparecieron. Sus líderes, a cambio de información, fueron condenados a penas irrisorias de pocos años, algunos extraditados a EEUU. Personas que tenían en su haber cientos de masacres de una crueldad difícil de imaginar hasta que se lo cuentan a uno los supervivientes.
Pero esto no era suficiente, ya que durante el uribismo el ejército era responsable de miles de ejecuciones. Los soldados era recompensados por eliminar a guerrilleros. Esto llevó a una dinámica de ejecuciones de civiles. Ya sea indigentes, jóvenes de barrios pobres o líderes sociales y políticos. Todo valía por un mes de vacaciones con paga.
En la actualidad con el nuevo presidente Santos la imagen que se está dando es la de un ejército que ya no molesta a los campesinos, que ha salido de los pueblos para echarse al monte y combatir a la guerrilla y que pretende respetar los DDHH. Y aquí viene mi primera anécdota que ejemplifica esto. Es mi primera interlocución seria y satisfactoria con el ejército. Llegamos al pueblo sabiendo que las FARC habían saboteado un oleoducto de Ecopetrol a plena luz del día.
Eso nos hacía temer lo peor, que el ejército, después de un año de ausencia, hubiera vuelto a amedrentar a la vereda. Nada más llegar veo a un grupo de soldados. Me acerco al suboficial, creo que un cabo, y le suelto el rollo. “qué pena, pero mi obligación es informar a nuestras embajadas, gobiernos y organizaciones internacionales observadoras de DDHH de que ustedes hacen presencia en el casco urbano, ya que esto incumple el DIH”. El muchacho sólo me dice que es temporal y que no hacen noche en el pueblo. Con esto me despido. Como a la hora, cuando íbamos a cenar, oigo que me llaman, me giro y veo que viene hacia mí un oficial, con algunos soldados yo diría que un teniente por las 2 estrellas. Cuando mis gónadas vuelven a su sitio le vuelvo a soltar el rollo. Lo interesante del discurso del oficial es que por favor entendiéramos que esta era una situación muy especial, y que ellos no molestaban a la población, pero tenían que estar en el pueblo para proteger a los trabajadores y a la maquinaria que repararía el oleoducto. Yo le repetí que el DIH no hacía excepciones, señalando a unos niños que jugaban al fútbol a nuestro lado.
Quiero señalar dos cosas aquí.
1-La efectividad del acompañamiento internacional, junto con la necesaria solidaridad internacional. Pensad, un oficial vino a buscarme expresamente para que no lo denunciáramos. Además yo acababa de llamar a un coronel de esa brigada para expresarle también nuestra preocupación. Al día siguiente no vimos presencia militar. Y esa noche no hubo problemas, la última vez que reventaron un oleoducto hubieron combates muy fuertes dentro del pueblo.
2-El ejército está al servicio de las multinacionales. A unos kilómetros de allí grupos armados (paramilitares) están amenazando a la población con estos panfletos, robando, sobornando, etc.
En esos lugares los únicos que defienden a la población civil son las guerrillas (y no siempre). Esta zona, por ejemplo, está libre de paramilitarismo en los últimos años gracias a que las FARC estuvieron 3 meses combatiéndolos. El ejército, la fiscalía o la policía no actúa contra los paramilitares. Bueno, en realidad colaboran con ellos porque si no ¿cómo obtienen todos los datos de inteligencia?
Las comunidades están muy preocupadas por la reorganización de los grupos paramilitares. Esperan nuevas matanzas. Y esto consigue su objetivo, dificultar la organización de los campesinos frente a los distintos ataques imperialistas (recursos mineros y monocultivo). El ejército con el dinero de los contribuyentes gringos (plan Colombia) repliega a las guerrillas al monte, dejando vía libre a los paramilitares y sus mafias para el control del narcotráfico y las fronteras, y la eliminación de la resistencia.
Para terminar y no enrollarme más, quiero llamar la atención sobre la propaganda en este sentido del gobierno Santos. Ahora para todo el aparato de propaganda no existen paramilitares, son BACRIM (de bandas criminales). De esta manera eliminan cualquier connotación política, sacan de las cifras a los muertos de estas bandas, como si fuera delincuencia común, e intentan desligar al Estado de estos grupos armados.
Incluso la ONU, el responsable de DDHH en Colombia, declara que las BACRIM son el principal enemigo del Estado Colombiano. Ahí está la clave, eso es lo que hay que desmontar, esos grupos armados forman parte del Estado colombiano y sirven a los intereses de las multinacionales.
Nota final. Para no llevar a equívoco, no pretendo hacer una defensa de las guerrillas, que también tienen lo suyo, sino elaborar un escuetísimo mapa del conflicto en Colombia.
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Publicado por moncadista en 16 febrero, 2011
Hacer acompañamiento en Colombia me está dando oportunidades únicas. Y entre otras cosas está la de visitar una base militar y entrevistarse con un Coronel. No, no es un orgullo, es la oportunidad de presenciar la “propaganda de guerra” en primera persona. Con su cinismo, sus quiebres de cintura retóricos y todos los artilugios necesarios para vencer. En este caso el enemigo es “poderoso”, se llama comunidad internacional y los soldados somos observadores de DDHH y representantes de ayuntamientos españoles.
Estábamos en El Tarra, municipio de la región del Catatumbo, acompañando a una delegación española que venía a conocer de primera mano las consecuencias de los proyectos de solidaridad con la región.
En la ciudad y la región los ataques a los DDHH por parte de los paramilitares y fuerzas armadas ha sido continua. No sólo durante la arremetida paramilitar de los ´90 que dejó 11.200 muertos y más de 100.000 desplazados, sino que hacía unos meses el ejército había matado en el centro del pueblo a un muchacho de 16 años y herido a otras dos de 14. Se les acusó de guerrilleros. Eran miembros de la casa de la cultura del pueblo. El pueblo se alzó y apenas tuvo que recorrer dos calles para llegar a la base militar que alberga a los asesinos. Los insultaban desde las casas, les decían paramilitares y las “fuerzas del orden público” actuaron, disparando fuego real a los pies del gentío.
Cuando estaba terminando el acto nos avisan de que soldados han tomado el pueblo. Salimos a ver e interlocutar. Lo primero que vemos es un despliegue policial de 10-20 policías con metralletas en todas las esquinas de la plaza.
Nos dicen que no es nada, que era algo normal, que su mando había entrado a la alcaldía para unos papeles. Mientras hacíamos algunas fotos aparecen una docena de soldados también armados hasta los dientes y para un novato como yo, en posición de combate. Separados de a dos, parados en las esquinas, etc. Preguntamos a un soldado por el mando, duda, nos dice que más adelante. Volvemos a preguntar a otro, y tras dudar unos segundos nos indica como a escondidas quién era. Tras una breve interlocución nos enteramos que el despliegue era supuestamente algo rutinario porque iban a comprar unas cosas. Y efectivamente, salió un soldado de una tienda con una bolsa con coca colas.
Tras esto decidimos ir toda la delegación a visitar al coronel de la base. La base militar lleva años dentro del casco urbano. De los sacos terreros salen plantas y están dispuestos alrededor de lo que parece una casa, enfrente de un hotel y una tienda.
Nos recibe un mando que decide no soltar prenda, prefiera pasarle el marrón al coronel. Mientras este viene, un capitán, algo ingenuo, responde a nuestras preguntas, contándonos que están en un sitio muy peligroso, que reciben disparos muchas noches.
El coronel llega, nos hace pasar dentro con la atenta y curiosa mirada de los “niños-soldado”, normalmente secuestrados durante 3 años por el ejército en las plazas de los barrios populares y en los pueblitos rurales. Pero esa es otra historia.
A nuestra pregunta sobre el “orden público” en la zona y el por qué a tanto despliegue para comprar cocacola, el coronel responde que si bien no hay combates, “el 90% del pueblo apoya a los terroristas de las FARC”. Nosotros alucinamos. Por supuesto se le explica que el Derecho internacional humanitario obliga a las fuerzas en combate a diferenciar entre civiles y combatientes. Y ante eso el quiebre: “sí, por supuesto, nosotros nunca atacamos a alguien que no esté uniformado a pesar de que nos disparen desde las ventanas”. A partir de ahí, de su primer intento de llevarnos al discurso en que todos son unos terroristas, vuelve a la senda de la academia: el ejército está por los DDHH, y un cartel enfrente de mí así lo afirma.
El cinismo es tan alto que ante nuestra preocupación por la localización de la base dentro de un pueblo, algo que, de nuevo, incumple el DIH, el coronel dice: “¡no está dentro del pueblo, sino en una esquina, y que eso pasa en la mayoría de las bases militares en Colombia!”. Como si la rutina lo hiciera menos ilegal. A esto le comento que la situación de la base sí ponía en peligro a la población civil porque un soldado nos había comentado que muchas noches recibían ataques de bala. Él dice que es falso, y que le diga el nombre del soldado. Ja, lo tenía, pero no se lo di.
Quizás la anécdota de la reunión fue cuando nos trajeron unas grandes tazas de aluminio donde los soldados comen su sopa, llenas de cocacola, probablemente la misma que con tanto despliegue y “peligro” fueron a comprar un rato antes.
Y por qué no creer, ¿no?, todo ese discurso humanista, de buenos contra malos. Mezclando a las 3 guerrillas que operan en la zona: FARC, ELN y EPL, con los BACRI, (de “bandas criminales”, paramilitares). Como el que los terroristas les hacen emboscadas pero que no tienen valor de enfrentarse a ellos, sino que las emboscadas son con minas. Uno ha leído un poco, por ejemplo guerra de guerrillas del Che, y sabe que una emboscada no puede ser con minas, sino que tiene que ser una acción sorpresa y rápida.
Y al día siguiente, después del circo, viene la cruda realidad. Nos quedamos unos días acompañando a un líder campesino a su región para hacer un taller de cría de búfalos. Llegamos a la finca, la visitamos, y nos volvemos al pueblo a almorzar. Allí él tenía varias llamadas urgentes y su tía le entregaba una nota. La 8° amenaza de muerte a la familia. Escrita con letra manipulada tal como pude observar. Se hace pasar por un amigo que le recomienda huir del país porque los van a matar, describiendo situaciones en los que la tía de él había estado el día anterior. Han sido amenazados por el ejército, judicializados, mediante notas, llamadas, expulsados de sus tierras por 3 veces… El ejército les robó años atrás en su casa los ahorros de años de trabajo. Y ahora los quieren expulsar de su finquita porque es donde quieren colocar una base militar, porque apenas unos metros más allá pasan dos oleoductos. En esa misma finca han tenido un par de visitas de civiles armados y encapuchados.
No van a huir. No dejarán de luchar por lo que es suyo y de la comunidad, por lo que es justo, porque antes muertos que mendigando.
El pueblo rural colombiano, gracias a la toma de conciencia mediante su organización, está empezando a decir basta. Basta de extorsión, de desplazamientos, de ejecuciones extrajudiciales, de falta de salud, educación y oportunidades.
Para ello es necesaria la solidaridad internacional. Y para esto no tenemos que mirar hacia acá, sino hacia casa, hacia nuestras multinacionales financiadoras del paramilitarismo. Y a nuestros gobiernos cómplices, financiadores y sabedores de la dictadura militar a la que está sometida Colombia.
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Publicado por moncadista en 14 febrero, 2011
He tenido la oportunidad de acompañar a una asamblea de Juntas de acción comunal. Es como una asamblea de alcaldes de 10 pueblos. La diferencia es que estos presidentes (alcaldes) son representantes de sus pueblos, no como en España, y lo que ellos llevan a esa reunión lo han consultado previamente con su comunidad en asamblea.
Uno de los temas que se han tocado y que han generado mucha discusión ha sido la decisión colectiva de recoger fondos provenientes del cultivo de la coca para o bien generar un mercado comunitario o para comprar maquinaria para el mantenimiento de las “carreteras”. Al final el discurso que ha ganado es que los gobiernos regional y central son los responsables del mantenimiento de las carreteras y que por eso debían luchar. Y por tanto era mucho más importante un mercado comunitario que bajara los precios de los productos básicos.
Sin embargo, el principal problema social de la región es el de la escasez de alimentos básicos. Todos coinciden, ahí y en distintas conversaciones que he tenido con campesinos, que el cultivo de la coca está llevando a una crisis social al campesinado colombiano. Y, ¿por qué?
El cultivo de la coca se expandió fuertemente durante la entrada del paramilitarismo “oficial” durante los ’90. Impulsado por diferentes factores: los paramilitares, la financiación ilegal del ejército mediante el narcotráfico, los desplazamientos y especialmente el neoliberalismo. Todas estas circunstancias llevaron a que los precios de los productos agrícolas bajaran muchísimo de precio por la entrada de productos subvencionados estadounidenses. El desplazamiento hizo que se abandonaran miles de hectáreas de fincas que junto al ganado pasaron a manos de los terratenientes (paramilitares). Al final la necesidad de dinero rápido y el impulso que el ejército nacional hizo al cultivo de coca, llevó a que el campesino sin tierra trabajara de “raspachín” (recolector de coca) o el pequeño campesino, abandonado del Estado, se vio obligado a sembrar una pequeña parcela de “mata”.
¿Cuáles son las consecuencias de la siembra de coca?
Quizás la más evidente para mí es la de la aparición del “dinero rápido”. Miseria y opulencia viven en la misma calle. Vías destrozadas, ausencia de servicios básicos, violencia e incluso desnutrición van de la mano de grandes coches, motos, equipos de sonido y discotecas donde cristo perdió el sombrero.
Ambientales. La erosión. Como pueden ver en la foto, la ausencia de terrenos para cultivar lleva a los campesinos a deforestar laderas escarpadas para sembrarlas de mata. Después el ejército y los mercenarios gringos fumigan (glifosato) o erradican la coca, dejando el monte “pelado”, lo que genera erosión y avalanchas. Las grandes cantidades de abono que veo transportar y las fumigaciones con glifosato son otras causas de contaminación ambiental.
Conflicto. Se trata a los campesinos como narcotraficantes cuando lo único que hacen es sembrar una planta que es también utilizada para fines lícitos (¿cocacola?, farmacéuticas…). Vacunas: son el impuesto que cobran las distintas organizaciones armadas. Sin embargo aquí hay que matizar varias cosas. Según he oído en distintos ambientes, sólo el ejército y los paras cobran vacunas por el cultivo y venta de hoja (mediante sobornos y amenazas). Mientras que las guerrillas la cobran al comprador de la pasta base, la hoja ya procesada. En cualquier caso esto genera mucho conflicto, dependencia, riesgo y violencia; que no lo generaría cualquier otro cultivo. He podido conversar con algún adolescente que ayuda a la familia raspando coca. La guerrilla le pide la documentación cuando va a raspar, es ella la que asegura que en la región no trabajen muchachos de menos de 16 años. Si encuentran a algún niño trabajando le quitan la tierra al “patrón”.
Escasez. Este es la consecuencia para mí más importante y urgente. La escasez se da por dos razones principalmente. La 1ª porque la agricultura autosuficiente ha sido desplazada y todos los productos básicos tienen que ser importados. Eso hace que apenas se vea fruta y verdura, y que sea muy cara. Las manzanas son de las pocas frutas que se pueden encontrar y vienen de EEUU. ¡A unos 40ct de € la pieza! O el kilo de arroz a casi un €. La inflación es derivada de la escasez pero también del alto precio del petróleo, a pesar de que es traficado ilegalmente desde Venezuela en esta región.
Por otro lado, y esto es algo que está agravándose en los últimos meses, la pasta de coca no está encontrando salida. Los campesinos no están pudiendo venderla y se están quedando sin dinero para comprar “mercado” (comida). Las deudas son muy grandes y los pequeños comerciantes no tienen recursos para seguir comprando productos perecederos. Esto está desabasteciendo las tiendas. Pueden ser dos las causas de que se esté acumulando pasta que no encuentra mercado. O realmente existe un excedente debido al control del narcotráfico o bajada de ventas de cocaína en el mundo. Lo que no coincide con la realidad. O lo que es más probable, las organizaciones paramilitares que se están reorganizando después de las desmovilizaciones están monopolizando todas las rutas de exportación, dejando a las zonas “rojas” (donde predominan las guerrillas) sin mercado.
Las organizaciones sociales vaticinan una crisis social muy grave en los próximos meses. Si a esto sumamos las campañas de erradicación del gobierno que dejan a los campesinos sin ningún tipo de ingreso, la cosa se pone fea para decenas de miles de familias.
Las organizaciones campesinas y las asociaciones de juntas de acción comunal piden al gobierno un plan de desarrollo que permita la sustitución del cultivo de coca por la de los productos agrícolas tradicionales. Pero esto necesariamente tiene que ir acompañado de ayudas, préstamos, arreglo de vías y sobre todo de la protección a los productos agrícolas nacionales. Esto último conlleva la abolición de los tratados de libre comercio y del neoliberalismo en general.
Sobra decir que los responsables del tráfico de cocaína en el mundo son EEUU y Europa, los principales consumidores. Que el plan Colombia que supuestamente pretende erradicar el cultivo de coca lo único que lleva a estas regiones es guerra, contaminación y desplazamientos. Ya que en realidad EEUU manda ese dinero para combatir cualquier tipo de resistencia, ya sea armada o pacífica.
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Publicado por moncadista en 26 enero, 2011
Colombia es un país de contrastes. Perogrullo. En Bogotá por la noche se alcanzan los 12-15ºC. Fresquito. Montamos en un autobús, donde además de las 3 mangas es necesaria una manta para soportar el frío del aire acondicionado durante 9 horas de viaje. Nos amanece, ateridos, abro los ojos y todo el paisaje se ha llenado de pozos petrolíferos y oleoductos. Aquí no se desperdicia ningún espacio para hacer propaganda. Las perforadoras de los pozos están decoradas con los colores de la bandera colombiana. Y los parques infantiles representan un campo de extracción de petroleo. Km de vallas delimitan lo que una vez fueron tierra de campesinos. Tierras donde crecía alimento y ahora se llenan de charcos de “agua” sucia donde pastan unas pocas vacas. Tierras que eran de personas, campesinos, y ahora alimentan los coches del Imperio y ensucian el ambiente de la Tierra.
Barrancabermeja, tierra caliente. Me preguntaban, caliente en qué sentido, en todos. Ciudad de matanzas, que la cruza el Río Magdalena, río que acoge en su seno a cientos de campesinos.
Al salir del autobús recibimos una bofetada de calor tropical. Somos recibidos con un abrazo caluroso por parte de la Asociación de campesinos del valle cimitarra (ACVC), una de las organizaciones más numerosas y poderosas de Colombia.
Nada más entrar en la casa-oficina, uno que es muy curioso, empiezo a oír conversaciones mientras se observan las vistas de la refinería desde el balcón. Esas conversaciones hablan de hijos desaparecidos, de mujeres asesinadas. Por la tarde me doy cuenta de que estoy rodeado de personas muy especiales. Con historias de lucha y muerte, de sufrimiento y orgullo.
Paseamos por la ciudad. Ciudad poco urbana, con casitas y barrios bonitos, tranquila, educada. Poco muestra esta ciudad lo que esconde sus entrañas. Si uno abre mucho los ojos, e imagina un poco, puede ver que una inmobiliaria sin apenas apartamentos y con muy mal servicio parece esconder un lavadero de dinero. Pero poco más.
A las 2 de la tarde, después de almorzar, el calor es insoportable. En la tele no hay películas de sobremesa, no hay tetas operadas, no hay fútbol. Un grupo de personas ve un documental sobre los “falsos positivos” (ejecuciones extrajudiciales) por parte del Estado colombiano. Es un documental de sus vidas, se la conocen perfectamente, conocen a muchos de los que salen, pero no le quitan ojo.
Entre ellos un padre al que le mataron al hijo mientras él estaba en la cárcel por un montaje. No pudo ir al entierro de su hijo.
Las ejecuciones extrajudiciales son debidas a que como dicen, han convertido a los militares en “empresarios de la muerte”, porque por cada “guerrillero” muerto se recibe un aumento de sueldo, unos días de permiso o un ascenso. Si de paso esos ejecutados sirven para aterrorizar al pueblo en lucha, para desaparecer a líderes…dos pájaros de un tiro. Son miles. Y a esto lo llama el gobierno, “política de seguridad democrática”.
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Publicado por moncadista en 23 enero, 2011
Varios de vosotros me habéis preguntado sobre el papel de un internacional en una zona de conflicto como Colombia. Y el peligro que corremos. La verdad es que no tengo una respuesta clara. Fue lo primero que pregunté cuando me explicaron lo que era el acompañamiento: ¿y eso funciona, nos respetan de verdad?
Por lo pronto la mayor sensación de peligro que he tenido ha sido la de resbalar con la raíz de un árbol y pegarme un golpe el brazo. Pensaba que me había hecho bastante daño.
Como decía Silvia en el comentario, los verdaderos valientes, los que se juegan la vida y la pierden, son los campesinos. Y esto no impide que las organizaciones crezcan continuamente y que la renovación sea también constante.
En Colombia hay varias organizaciones de acompañamiento internacional. Y funcionan. Las organizaciones campesinas demandan mucho acompañamiento y según me decían el otro día, se sienten solas, desprotegidas sin presencia internacional.
¿por qué la presencia de internacionales disuade a los “actores” armados? Pues no tengo una respuesta, por lo que daré varias posibles causas, que no serán la correcta ninguna pero que sí pueden dar una idea general.
Procedencia de la tropa.
En Colombia el servicio militar de 3 años es “obligatorio”. Lo entrecomillo porque si bien es imprescindible una cartilla militar para todos los varones si quieren encontrar un trabajo o estudiar, esa cartilla militar se puede comprar. Por lo que la tropa está formada principalmente por “pelaos” (chavales) de 18 años que están haciendo “la mili” y de procedencia humilde. Parece ser que los mandos de bajo rango también tienen una procedencia muy popular. Para ellos un blanco, culto y bien hablado, con formación, que le habla de Derechos Humanos, de no se qué de Ginebra, es, diría, un “ser superior”. Sí, cuesta creerlo, no por nada son ellos los que tienen las armas. Pero os recomiendo que veáis este vídeo, donde sale un gringo negociando con un comandante de una brigada “antiguerrilla” que quería entrar en un refugio humanitario.
Si os fijáis, el acompañante que dialoga con el comandante, utiliza un poder invisible, que no es el de las armas. Ese poder es superioridad, racial, política, social, cultural, no sé.
También existe algo de “fanfarronería” de parte del acompañamiento. Pero por razones obvias no voy a entrar en detalle.
Paramilitarismo, multinacionales e incidencia política.
Pero lo que está claro es que son soldados (militares y paracos), y por tanto reciben órdenes de sus superiores. Ya sean estos militares o multinacionales. La otra noche me contaban cómo un soldado explicaba que su comandante recibía órdenes directas del capataz de una empresa de una mina (oro o carbón, no recuerdo). La desmovilización de los paramilitares obedece a una estrategia internacional clara. La cosa se estaba poniendo fea y había que dar un golpe de efecto para que los “ciudadanos” europeos no se ofendieran con todas esas descuartizaciones, fosas comunes, crematorios llevados a cabo en zonas de interés para las multinacionales.
Por ello, la estrategia de los últimos 5 años está cambiando, dicen. El papel represor, las ejecuciones, desapariciones, etc. son más que nunca realizadas directamente por el ejército regular.
Según oigo, la estrategia también está cambiando hacia la judicialización. Juicios amañados para encarcelar a los dirigentes. Pero muchos desaparecen cuando son liberados, de camino a casa.
Me han dicho que este cambio de estrategia hacia la represión judicial es debido, o gracias a la presencia internacional. No me queda claro.
Sea como sea, la presencia internacional tiene un efecto de persuasión porque el costo político (y económico) es muy alto.
La verdad es que el acompañamiento funciona en Colombia y a mi parecer no lo hace en Palestina por ejemplo. Sólo recordar cómo un bulldozer israelí atropelló a una acompañante internacional hace unos años.
La relación con las comunidades acompañadas depende de varias cosas.
De la experiencia y nivel de conciencia de la comunidad acompañada. Y de las características de la organización acompañante. Todas tienen la no injerencia como eje fundamental. Sin embargo algunas se relacionan lo menos posible con los acompañados. Esto aumenta la neutralidad necesaria, pero a la vez distancia al campesino, que ve a estos blancos como seres extraños que se tiran todo el día leyendo o jugando a cartas ajenos a su actividad. En nuestro caso la no injerencia en los espacios organizativos de la comunidad es una norma básica. Sin embargo, sí creemos importante la interacción, participación e incluso opinar sobre sus debates. Siempre dentro del respeto necesario.
Mi primera impresión es que el campesino colombiano es muy reservado y al principio mantiene las distancias. Sin embargo, en un par de días conseguí entablar conversaciones muy interesantes y una cierta confianza, especialmente con la gente joven.
En todo caso son muy conscientes de nuestro papel, lo solicitan, lo agradecen y lo valoran.
Como anécdota, estábamos en una pensión y hablábamos con una mujer que nos preguntaba que si éramos de la Cruz Roja, porque “teníamos acento de la Cruz Roja”. No sólo se nos considera diferentes, sino que tenemos acento diferente.
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Publicado por moncadista en 21 enero, 2011
Huele a guerra pero no se ve, apesta a dictadura y se ve.
Durante cuatro meses voy a estar en Colombia con una organización de acompañamiento internacional que se llama IAP. Durante este tiempo iré construyendo un análisis de la situación del conflicto social y armado que sufre Colombia.
Apenas un día después de llegar a Bogotá, cogimos un avión con destino a Bucaramanga. Desde allí nos adentramos en la región llamada Catatumbo, que hace frontera con Venezuela. De hecho nuestro destino final no quedaba muy lejos de la república bolivariana y se notaba en el acento de la gente.
Durante meses he recibido formación relacionada con el acompañamiento: Derechos humanos, Derecho internacional humanitario, actuación frente a las fuerzas de seguridad y ejército, violaciones a los DDHH más corrientes, etc. Pero hasta que uno no lo siente, lo vive y lo huele es difícil de imaginar.
Que Colombia es un país en guerra todo el mundo lo sabe, que está gobernado por una dictadura narcoterrorista con maquillaje demócrata se sabe menos.
A una hora de la vereda (aldea) a la que nos dirigimos nos encontramos el primer retén militar. En él se observan varias pancartas llamando a la desmovilización de los guerrilleros y asegurando que la con presencia del ejército los caminos eran más seguros. No puedo evitar una media sonrisa al leerlo. Este retén no nos para, a pesar de ir 6 personas en un coche destartalado. Sin embargo, la “seguridad” de los caminos aparece unos 100 metros más adelante, donde unos 4-5 soldados, algunos en camiseta, nos dan el alto con una botella vacía y una goma. Se ve que la seguridad que nos brinda el ejército en los caminos se basa en cobrar un “impuesto”, una vacuna, un pizzo, a todos los conductores, ya sea en especias (gasolina) o en dinero. Nos bajamos del coche ya identificados, nos presentamos y le preguntamos (bueno, le pregunta mi compañera, yo no tenía saliva todavía) si se la iban a pagar. La pregunta se queda unos segundos rebotando en el cráneo del soldado hasta que se le enciende una bombilla y le pregunta al conductor: ¿cuánto se le debe señor? Y el conductor responde: esta se la regalo. La escena teatral no termina ahí, el soldado asegura que habían pedido gasolina pero que no les llegaba. Otro soldado en camiseta observaba la escena mientras afilaba un palo con una faca de 30 cm y de repente aparece un extra que le pregunta al conductor, (encima) si tenía factura para el bidón de gasolina que llevaba en el maletero. Esto es porque la gasolina se utiliza para procesar la pasta de coca y el tráfico de gasolina desde Venezuela es el 2º negocio en la región. Adivinen cuál es el 1º. La extorsión se confirma cuando al montarme veo que los soldados tienen varias botellas llenas de gasolina.
¿Cuando pensáis en plantaciones de coca qué se os viene a la cabeza? Yo pensaba que al ser un cultivo ilícito pues estaría bien escondido en la selva. Pues no, apenas un km después del 2º retén se empiezan a ver las plantaciones en las laderas de espectaculares y escarpadas montañas.
Al día siguiente conseguimos llegar a la vereda, y aluciné cuando vi las paredes llenas de pintadas con lemas de las FARC y el ELN. Como feliz navidad y victorioso año nuevo.
En estos pueblitos el neoliberalismo y la apertura de mercados destrozó la economía tradicional campesina y los obligó a cultivar coca, de hecho la resistencia fue fuerte. Cuentan los campesinos más mayores cómo el ejército llegó de la mano de nuevos colonos sembrando (y “obligando” a sembrar).
En otro artículo explicaré la experiencia con la asociación campesina. Una de las cosas que quiero llegar a entender es cómo estas personas practican un deporte tan peligroso que se lleva miles y miles de vidas como es la militancia social. Un chaval de 19 años me daba algunas pistas cuando nos agradecía nuestra labor de acompañamiento. Después de darnos una lección de economía política (plusvalía y explotación) nos dejó claro que él decidió que lucharía hasta el final cuando de pequeño los paramilitares lo expulsaron de sus tierras junto con su familia.
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Publicado por moncadista en 21 noviembre, 2010
Tanto la agencia ambiental estadounidense, como la Organización Mundial de la Salud, catalogan al glifosato como de riesgo bajo para la salud. Ésto contradice, como veremos, muchos estudios realizados en diferentes universidades y centros de investigación internacionales. Por ello es necesaria una revisión de lo publicado, para que los movimientos sociales y personas comprometidas tengan un acceso rápido, fiable y fácil a la “realidad” sobre el uso del glifosato.
EFECTOS SOCIALES Y AMBIENTALES DEL USO DEL GLIFOSATO
Los herbicidas, especialmente el glifosato, son ampliamente utilizados en todo el mundo. Países como Argentina, Colombia y Brasil sufren, además de las consecuencias ecológicas y sanitarias derivadas de su uso, agresión social y política.
El glifosato no sólo afecta a las plantas a las que se supone que va dirigido. Es importante estudiarlo no sólo por las consecuencias sobre la salud humana, sino por las que tiene sobre el medio ambiente. Desde la contaminación de aguas por su gran estabilidad, a la disminución en la supervivencia de diferentes artrópodos, lo que afecta gravemente a la cadena trófica de los entornos agrarios donde se utiliza este herbicida.
Muchos de los estudios realizados están hechos en ambientes controlados, exponiendo a los organismos a niveles controlados del herbicida o adyuvantes. Existe algún estudio muy interesante que tiene en cuenta otros elementos existentes en los ecosistemas, que incrementan la toxicidad del glifosato.
El glifosato no se utiliza únicamente en el control de “malas hierbas”, sino que se utiliza para destruir distintos cultivos, tanto legales como ilegales. Numerosas organizaciones sociales, humanitarias y ecologistas han denunciado su uso en las fumigaciones llevadas a cabo por el Plan Colombia. Porque las fumigaciones no sólo afectan al medio ambiente, sino que directa e indirectamente afectan a la salud y a la vida de las personas provocando el desplazamiento de poblaciones enteras.
Suponiendo que la especificidad del compuesto fuese tan elevada como para sólo afectar a la enzima que sintetiza esos aminoácidos esenciales en las plantas, su acción sin duda también afecta a la flora microbiana necesaria para mantener la fertilidad y el equilibrio ecológico del suelo.Incluida la flora necesaria para que plantas como la soja se desarrolle correctamente.
Pero no sólo está causando estragos en países empobrecidos. En países como España hay estudios de los efectos de la fumigación del glifosato en riveras de los ríos como el Llobregat en la provincia de Barcelona. Según un estudio realizado por la Universidad de Barcelona, por el Dr. Puértolas, el uso del glifosato en esta zona afecta negativamente a la fauna y flora del río Llobregat. Su uso en parques y otros lugares públicos en ciudades como Barcelona está siendo objeto de denuncia por organizaciones ecologistas.
EFECTOS SOBRE LA SALUD DE LAS POBLACIONES EXPUESTAS AL GLIFOSATO
Empecemos por un efecto insospechado a la vez que no del todo inocuo. La modificación genética de la soja y su tratamiento afecta a su composición. En concreto aumenta la concentración de ácidos grasos saturados y disminuye los beneficiosos (los insaturados).
Los estudios, por estar mal hechos, suelen tener efectos contradictorios.
Este autor (Sanin) publicó otro artículo en el 2009 donde se observaban diferencias en la fertilidad de las mujeres entre poblaciones no fumigadas y fumigadas. A pesar de encontrar diferencias significativas, afirman que no es debido al glifosato porque en una región con baja fertilidad con la que se comparaba (Sierra Nevada) no había fumigaciones.
Aquí se puede encontrar una revisión en castellano sobre los estudios realizados. Desde luego existen suficientes indicios para justificar una prohibición total en el uso del glifosato, especialmente contra cultivos (tanto ilícitos como lícitos).
| TOXICIDAD |
REFERENCIA |
| Positiva a anfibios a conc. normales de uso |
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20541298 |
| Positiva en gusanos a conc. menores | http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/18394676 |
| Positiva en erizos de mar a conc. menores | http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/15694458 |
| Positiva. Desregulación ciclo celular. Conc. 5000 veces menor a la utilizada en las fumigaciones. | http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/15182708 |
| Positiva. Malformaciones embrionales. | http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20695457 |
| Positiva. Sistema inmunológico de los peces. | http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20685618 |
Una de las publicaciones más importantes de los últimos meses, por sus consecuencias científicas y políticas, es la llevada a cabo por el grupo del Dr. Andrés Carrasco, del Conicet, en Argentina. Aquí podemos leer una entrevista a Andrés Carrasco, antes de que se publicara el trabajo.
También hay trabajos de la Universidad Nacional del Litoral y de investigadores como Alejandro Oliva, de Rosario, que contó con la colaboración del INTA y Federación Agraria. Hay estudios de los doctores Rodolfo Páramo (Santa Fe) y Darío Gianfelici (Entre Ríos). No son muchos estudios, pero existen, son serios y están disponibles.
INTERESES ECONÓMICOS Y POLÍTICOS
Es evidente que la industria agrícola internacional tiene un poder económico brutal. Nunca en la Historia se han producido tantos alimentos y nunca ha habido tantos hambrientos. La producción agrícola no sólo se dedica a la alimentación (soja o arroz), sino que el uso de alimentos para la producción de combustibles, o el del aceite de palma para uso industrial, tiene consecuencias ambientales, sociales y económicas muy negativas.
Al desplazamiento de la población, se le suma los daños psicológicos en la población infantil y adolescente con el inicio de las aspersiones aéreas del Plan Colombia. El ambiente socialmente difuso, de extrema complicación en el que viven, se agrava con las fumigaciones, presencia de grupos armados y alteración continua de la biodiversidad. Entre las alteraciones psicológicas se encuentran: depresión, ansiedad y trastornos del aprendizaje.
Por ejemplo se observa: negación de la realidad a la cual no pueden adaptarse por ser demasiado hostil; disminución de la capacidad de adaptación por enfrentar una situación desconocida; negación a sí mismo, lo que conlleva una baja importante en la autoestima. Aquí pueden leer más sobre las consecuencias de las fumigaciones sobre la infancia.
Lo explicado más arriba demuestra que el uso del glifosato sobre la población, sea cual sea el motivo, es un crimen contra la humanidad que debería ser juzgado.
El monocultivo, consecuencia de la industrialización de la agricultura, tiene consecuencias ambientales y sociales muy perjudiciales. Deforestación, desplazamientos, contaminación, hambrunas, etc.
http://www.javeriana.edu.co/biblos/tesis/politica/tesis53.pdf
http://www.ataonline.org.ar/stop/pdf/25d_mcdiaz_baez.pdf
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