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Nací el día del asalto al cuartel Moncada, pero 28 años después.

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Celebrando al “Presidente Guerrero”

Publicado por moncadista en 22 mayo, 2012

El caso de los Demócratas por la grandeza de la política exterior de Obama es más relevante por lo que alegremente ignora.

30 de abril de 2012
Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
22 de mayo de 2012

Peter Bergen, el Director de Estudios de Seguridad Nacional en la Nueva Fundación Americana que apoya al partido Demócrata, tiene hoy un largo artículo de opinión-editorial en el New York Times glorificando a Obama como un valiente e inquebrantable “Presidente guerrero”; empieza así:

EL presidente que ganó el Premio Nobel de la paz en menos de nueve meses después de su investidura ha resultado ser uno de los líderes estadounidenses más agresivos militarmente en décadas.

Sólo reflexionar que: no sólo el Partido Demócrata, sino también su facción progresista, está salvajemente entusiasmada con “uno de los líderes más agresivos militarmente en décadas.” Eso es bastante revelador a muchos niveles. Bergen apunta esa ironía: recuerda que Obama usó su discurso de recogida del Nobel de la Paz para defender las justificaciones para la guerra y señala: “si aquellos de la izquierda estaban escuchando, no parecía importarles.” Añade que “la izquierda, que ha condenado fuertemente a George W. Bush por las torturas durante los interrogatorios y las violaciones del debido proceso en Guantánamo, estuvo relativamente callada mientras que la administración Obama, actuando como juez y verdugo, ordenó más de 250 ataques aéreos con aviones no tripulados en Paquistán desde 2009, durante los cuales se perdieron al menos 1400 vidas.”

Para explicar el comportamiento de “la izquierda,” Bergen propone esta teoría: “Tanto de la izquierda como la derecha, ha habido una desconexión cognitiva continua y dramática entre el historial del Sr. Obama y la percepción pública de su liderazgo: a pesar de su demostrada disposición para usar la fuerza, ninguno de los lados le supone como el presidente guerrero que es.” En otras palabras, los progresistas son servilmente adeptos de “uno de los líderes estadounidenses más agresivos militarmente en décadas” porque se han engañado a sí mismos al negar esta realidad y continuar pretendiendo que es algún tipo de personaje anti guerra.

Esta no es una especulación irracional, pero al final creo que no es verdad. Dejando de lado la sobre-generalización de Bergen (algunas facciones de “la izquierda” han hecho bastante ruido al condenar las acciones de Obama en esos temas) la mayoría de los Demócratas son perfectamente conscientes de la agresión militar de Obama. Ellos no le apoyan a pesar de eso, sino que más bien, esa es una de las cosas que les encanta de él. Después de años de burlas desde la derecha como un debilucho que mima a los terroristas, Obama (pavoneándose y enseñando su propia fuerza) les deja sentirse fuertes y poderosos exactamente de la manera en la que la arrogancia de Bush y Cheney dejaba a los conservadores que se chulearan por ahí como tipos duros, jugando a que hacían de guerreros. Más que ignorar esta agresión, los comités de expertos demócratas apuntan con una orgullosa sonrisa radiante a los cadáveres apilados por el Comandante en jefe demócrata para argumentar que la política exterior ha sido un rotundo “éxito”, mientras que los expertos demócratas celebran y defienden el valor político de sus majestuosos asesinatos.

Ayer, Chris Hayes en su show matinal de MSNBC, condujo una excelente discusión de dos partes sobre la escalada en el asesinato de civiles por los ataques mediante aviones no tripulados de Obama, con un fuerte énfasis en la gente inocente, incluyendo numerosos niños, que habían sido asesinados. Enseñó un vídeo desgarrador con la angustia de un hombre mientras describía el ataque aéreo con bombas de racimo que en el 2009 mató a su mujer embarazada y a sus niños; mostró el asesinato en Yemen, mediante aviones no tripulados de EEUU, de Abdulrahman Awlaki, un ciudadano estadounidense de 16 años de edad; y entrevistó a Clive Stafford Smith, abogado de derechos humanos, que describió al chico paquistaní de 16 años que conoció en un encuentro para discutir las muertes de civiles por ataques de aviones no tripulados y que, apenas 3 días más tarde, un ataque estadounidense con avión no tripulado acabó con su propia vida.

Más tarde ese día, Hayes envió este tweet: “Un poco sorprendido por la fealdad que la conversación sobre los aviones no tripulados hace salir en la gente.” Se refería a la avalancha de ataques furiosos por Twitter de los leales a Obama de siempre que alegremente defienden el programa de los aviones no tripulados, se burlan de las preocupaciones sobre los civiles muertos, e insisten que él no debería estar dando cobertura a tales asuntos porque pueden dañar a Obama en un año de elecciones (por supuesto, no sólo los seguidores del Presidente, sino, como Hayes señaló, el mismo Presidente que es un experto en encontrar humor en sus ataques con aviones no tripulados).

Al contrario de la generosa creencia de Bergen de que los progresistas se están engañando a sí mismos sobre el militarismo de Obama, muchos son plenamente conscientes de ello y, porque es un demócrata haciéndolo, han terminado apoyándolo agresivamente. Eso, sin duda, será uno de los legados más duraderos de Obama: transformar esas políticas de excesivo militarismo, rampante secretismo y asaltos a las libertades civiles de un radicalismo de derechas a un robusto consenso bipartidista (aunque podrían intentarlo, ni siquiera los progresistas serán capaces de dar la vuelta y pretender con credibilidad poner objeciones a tales cosas la próxima vez que haya un presidente republicano).

Ahora, hay un elemento de engaño en el apoyo demócrata al militarismo de Obama, y se extiende no sólo a sus más ardientes defensores sino también a la editorial de Bergen. La mayoría de los demócratas que alaban “los éxitos de la política exterior de Obama” fallan incluso al reconocer, no digamos condenar, a las miles de personas inocentes cuyas vidas fueron acabadas por su militarismo. Esas muertes simplemente no existen en su mundo. Cuando los obligas a hablarlo, simplemente lo descartarán con la terminología militar que fue popularizada por primera vez por Timothy McVeigh (eso es sólo un “daño colateral”) y entonces rápidamente vuelven al mantra de la era Bush de invocar descuidadamente la palabra “terrorismo” para justificar cualquier violencia que el gobierno de los EEUU cometa. Se ven a sí mismos, y especialmente a su líder, tan justo y noble que incidentes como este y este y tantos otros son felizmente guardados lejos de sus conciencias porque la realidad de lo que ellos apoyan no puede ser reconciliada con su propia percepción; eso, más que nada, es lo que explica el rencor dirigido a Hayes ayer: él hizo públicos hechos que ellos prefieren desesperadamente que sean escondidos, no de otros, sino de ellos mismos.

Así, Bergen (que ha pasado los últimos años defendiendo diligentemente en periódicos de los demócratas la escalada bélica de Obama en Afganistán y el aumento de la guerra mediante aviones no tripulados) escribe casi 2000 palabras aclamando los espectaculares logros de la política exterior de Obama. Y ni siquiera una vez la palabra “civil” o “inocente” aparece. No hay ninguna mención (cero) a los numerosos civiles inocentes que han sido asesinados por las políticas militaristas que Bergen celebra. Simplemente no existen. Bergen (que ha afirmado anteriormente, contrario a las numerosas pruebas, que los civiles muertos por los ataques por aviones no tripulados en Paquistán están sobrestimados) aquí ni siquiera reconoce su existencia. Como de costumbre, las muertes de numerosos extranjeros inocentes por los misiles y las bombas de los aviones no tripulados estadounidenses, incluyendo niños, es lo innombrable, la verdad irrelevante del militarismo norteamericano.

En efecto no es sorprendente que algún “experto” del grupo de expertos como Bergen encuentre que muertes de civiles a manos del militarismo estadounidense sea demasiado insignificante para tenerlo en cuenta, sin contar con que interfiere con su frívola veneración. Pero el hecho que buena parte del Partido demócrata, incluyendo su facción progresista, lo siga es de hecho muy relevante.

Un último apunte: durante los ocho años de la administración Bush, Bush, Cheney y decenas de otros partidarios de su militarismo que no habían servido en el ejército eran rutinariamenteridiculizados por los demócratas y progresistas como “gallinas[i]” (una acusación, que, con alguna salvedad y modificación yo apoyé). ¿Qué ha pasado con eso? Ahora tenemos un presidente al que Bergen aclama como “uno de los líderes estadounidenses más agresivos militarmente en décadas” a pesar de no haber servido ni un sólo día en el ejército, y hordas de demócratas que no han servido en el ejército lo animan cuando lo hace. Parecido a cuando se burlaron de George Bush merecidamente por declararse a sí mismo como un “presidente de guerra,” ¿Se terminó este concepto de “gallina”, como tantos otros aparentes creencias políticas, el 20 de enero de 2009?

ACTUALIZACIÓN: Como muchos comentarios sugieren, hay otro aspecto ilusorio de la glorificación demócrata de la política exterior de Obama que no he mencionado aquí (aunque lo he hecho en muchas otras ocasiones): la ridícula noción de que estar continuamente matando civiles en el mundo musulmán (una década después del 9 de septiembre) nos mantiene a salvo más que exacerbar la verdadera amenaza terrorista que ostensiblemente pretende resolver. El quid de la mentalidad Bush/Cheney era que el terrorismo terminará justo cuando mates a todos los terroristas (incluso cuando esos esfuerzos hicieron más para asegurar la continuación y el aumento del odio anti-americano que ninguna otra causa) y es la misma mentalidad en el corazón de la defensa de Obama.

En otro asunto, Jesse Walker de Reason me escribe con una corrección: “Daño colateral entró en el léxico general durante la primera guerra de Irak, no después de lo de la Ciudad de Oklahoma. Imagino que de ahí lo recogió McVeigh, también.” Después añadió que tal vez “fue ampliamente usado antes de Irak y yo no lo noté hasta entonces. Por lo que debería decir que entró en el léxico común “por lo menos” cuando la primera guerra de Irak. Pero fue definitivamente usado ampliamente entonces. Me acuerdo de cuando nosotros en el movimiento anti guerra nos burlábamos de las noticias por estar repitiendo sin crítica el eufemismo. Hubo incluso un libro que usaba la frase como título.”

Para terminar, Jeremy Scahill dio un excelente discurso en la cumbre sobre los aviones no tripulados de ayer en el que lo llamó “el gabinete de la muerte de Obama”; Kevin Gosztola tiene como siempre un excelente resumen junto con el vídeo del discurso.

ACTUALIZACIÓN II: De acuerdo con la CNN hoy, “un supuesto ataque de aviones no tripulados de EEUU mató a tres personas el domingo en una escuela en el norte de Pakistán.” El artículo cita a “oficiales de inteligencia” que aseguran que los “militantes estaban escondidos” en la escuela. Aparentemente no hay información todavía sobre quién murió, aunque espero (y confío) en que esto no impedirá las celebraciones a nuestro “Guerrero en Jefe.”

Este artículo apareció originalmente en Salon.com el 29 de abril de 2012.


[1] Chickenhawk es aquel que hace propaganda pro-guerra pero que nunca ha servido en el ejército.


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La lección de Jose Rodríguez

Publicado por moncadista en 14 mayo, 2012


3 de mayo de 2012

Tal vez es una mala idea confiar al brazo ejecutivo el esgrimir los poderes más extremos, en la oscuridad, sin controles.

Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
14 de mayo de 2012

Jose Rodriguez, el oficial de alto rango de la CIA que ordenó la destrucción de 92 vídeos en los que se veían los interrogatorios que la agencia hacía a sospechosos de terrorismo, fue entrevistado el domingo por la noche sobre su nuevo libro pro-tortura en 60 minutos (la cadena del programa, CBS, y la editora del nuevo libro de Rodriguez, Simon & Schuster, son ambos propiedad de CBS Corp., ahora juntos haciendo dinero mediante la defensa de la tortura). Hay una lección importante que aprender de esta entrevista.

Como muchos comentaristas apuntaron correctamente, la tortura que defiende Rodriguez es claramente una demencia sociópata (del tipo claramente banal identificado por Hannah Arendt). En Esquire, Charles Pierce tiene un post perfecto sobre todo esto, en el que dice: “Estoy perfectamente convencido de que Rodriguez es tanto un sociopata como un maniaco” (su primer párrafo, sobre la protección consecutiva por parte de la administración Obama de estos criminales de guerra, es de recomendada lectura). Las notas de Amy Davidson en El New Yorkerque Rodriguez hizo ni siquiera se molestan en defender la tortura como una maldad necesaria sino que “se jactan sobre su uso al demostrar la valentía del torturador” (de hecho, la afirmación de Rodriguez de que autorizando la tortura significaba que la gente en el gobierno fueron capaces de “ponerse los pantalones” demostraba un totalmente nuevo nivel de adulación psicosexual). Andrew Sullivan dice que Rodriguez es un “criminal de guerra” que “no se avergüenza de nada de eso, y pretende ganar dinero con ello.”

Todo esto es verdad, pero el punto clave aquí es que Rodriguez (siendo un criminal de guerra, maniaco y sociópata) no era un oficial deshonesto, de bajo rango y no representativo de la CIA. Lo contrario es verdad: pasó su carrera en la agencia y ascendió continuamente, llegando a liderar lo que Dana Priest de El Washington Post llamó esta semana “la todopoderosa junta de operaciones de la Agencia Central de Inteligencia,” localizada “en el centro del universo en la agencia.” Él estaba esencialmente al cargo de operaciones clandestinas, incluyendo la tortura de la CIA, rendiciones, centros clandestinos de detención y los programas de detención. Y los programas criminales que “sociopáticamente” está defendiendo fueron los que las más altas instancias del gobierno de EEUU apoyó, autorizado por su Departamente de Justicia, y protegido por la actual administración de ser investigado o perseguido. Rodriguez (sociópata y todo) no es una aberración en el mundo de la inteligencia y el paramilitarismo del gobierno de los EEUU: él es su símbolo.

Cuando tanta gente reacciona con repugnancia a la mentalidad de Jose Rodriguez, entonces tal vez este es un buen momento para parar y darse cuenta de por qué es tan peligroso y equivocado confiar al Brazo Ejecutivo el que ejerza poderes tan extremos (de asesinato, detención indefinida, rendición, vigilancia) en la sombra, sin vigilancia, limitación o transparencia. Aquellos de vosotros que estéis contentos de que el Brazo Ejecutivo decida -sin control o transparencia- quién vive o muere, quién está libre o en prisión, quién tiene el derecho al debido proceso y quién no, estáis poniendo vuestra fe ciega en los Jose Rodriguez del mundo.

Incluso la gente que en principio no asume ese nivel de poder incontrolado en un estado corrupto y sociópata puede (y lo hará) fácilmente ser transformado por ello. Esa es la naturaleza corruptora inherente al poder incontrolado (de la naturaleza humana) que llevó a los fundadores americanos a insistir en los múltiples niveles de difíciles controles en el momento que se ejercen poderes de esta clase. Jose Rodriguez (sus actos y mentalidad) es el inevitable fruto de poner fe y confianza en la benevolencia de los oficiales del Brazo Ejecutivo Americano para ejercer los más extraordinarios poderes del mundo sin un escrutinio y límites significativos.

Ayer, John Brennan, el jefe asesor anti-terrorista del Presidente Obama, dio un discurso en el cual pretendía proveer de más “transparencia” al programa de aviones no tripulados de Obama. Pero no hizo nada de eso. En cambio (mientras justificaba todo lo que el gobierno hace con el mantra estándar: “Estamos en guerra… sí, la guerra es el infierno. Es horrible. Involucra seres humanos matando a otros seres humanos, a veces civiles inocentes” (ofreció una serie de tópicos vacíos asegurándonos que “el presidente Obama ha demandado que nos adhiramos a los procesos y estándares más altos posibles” cuando se trata del programa de aviones no tripulados. En el momento en que alguien en el brazo ejecutivo propone a alguien para que sea muerto de manera sumaria, dice, los oficiales “tienen en cuenta toda la información disponible, cuidadosamente, con responsabilidad”; “estos esfuerzos son supervisados con extraordinario cuidado y consideración”; y ellos “sólo autorizan un ataque aéreo si tenemos un algo grado de confianza de que civiles inocentes no serán heridos o asesinados, excepto en las más extrañas circunstancias.”

Pero esto son sólo vagas afirmaciones sin verificar (el novelista Herman Hesse, en 1917, describió perfectamente lo prosaico y sin sentido de las afirmaciones de Brennan). De hecho, la prueba que revelaría lo que la administración está haciendo, lo que en realidad esos ataques con aviones no tripulados tienen como resultado, continúa siendo ocultado (basado en la insistencia por parte de la administración y por largo tiempo defendida ante las cortes de que no puede confirmar o negar con certeza la existencia del programa de aviones no tripulados, incluso aunque Brennan hizo exactamente eso ayer: “el Gobierno de los Estados Unidos lleva a cabo ataques aéreos selectivos contra terroristas de al-Qa’ida, en ocasiones utilizando aviones teledirigidos, normalmente referidos públicamente como drones (aviones no tripulados).

En lugar de evidencias y vigilancia, se nos pide, en cambio, simplemente poner nuestra fe en John Brennan y sus demandas, juicios y magnanimidad. Brennan (como Rodriguez) fue un agente de la CIA durante la era Bush que expresamente defendía “las técnicas mejoradas de interrogatorio” (abreviación para “la técnica del submarino”) y la rendición. También tiene un historia de demostradas mentiras sobre las muertes de civiles por los aviones no tripulados de EEUU, ymentiras que caen por su propio peso, retórica para crear falsedades, sobre el asesinato de Osama bin Laden. ¿Qué posible justificación existe para poner nuestra fe ciega en sus pronunciamientos no verificables, o mejor, investirlo con el poder incontrolado y secreto de la vida y la muerte, la prisión y la libertad?

De hecho, no hay justificación para poner ninguno de estos poderes en las manos de ningún líder político sin una letanía de controles, transparencia y restricciones. Cualquiera que juegue con la noción de que esto puede ser hecho de manera segura debería dedicar algún tiempo a ver la entrevista con Jose Rodriguez, que adquirió el poder no por una desviación de la mentalidad del Brazo Ejecutivo, sino más bien por su ejemplificación.

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Como apunté la semana pasada (y como Pierce cuenta con más detalles) el verdadero escándalo de la gira de presentación del libro de Jose Rodriguez es que el Departamento de Justicia de Obama (DOJ por sus siglas en inglés) lo ha protegido a él y a sus compañeros criminales de todas las formas de rendición de cuentas. Ayer, el senador demócrata Diane Feinstein hizo una declaraciónsobre su entrevista en 60 minutos donde con total naturalidad afirma que su orden de destruir las cintas “refleja un flagrante desprecio por la ley.” Sí, obviamente lo es: y eso es lo que hace que el rechazo del DOJ a perseguirlo sea tan corrupto. Desde luego, los oficiales del Brazo Ejecutivo, incluso cuando se trata de los crímenes más atroces, están por encima del imperio de la ley cuando se trata de acciones que ellos llevan a cabo como parte de la política del gobierno de los EEUU.

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Andrew Sullivan (que una vez hizo un llamamiento para que Obama fuera perseguido como criminal de guerra por su complicidad con los crímenes de guerra de Bush) hoy habla con entusiasmo sobre que Obama “restauró la credibilidad moral del país después de un periodo oscuro de interrogaciones al estilo nazi bajo Cheney, Bush y Rumsfeld.” ¿Exactamente cuál de ellos hizo eso?

ACTUALIZACIÓN: Sam Seder me hizo una entrevista ayer para el programa Majority Reportsobre la entrevista a Rodriguez y la no-persecución; la discusión de 15 minutos puede ser oída aquí.

Este artículo apareció originalmente en Salon.com el 1 de mayo de 2012

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Los verdaderos criminales en el caso de Tarek Mehanna

Publicado por moncadista en 9 mayo, 2012

Glenn Greenwald
De Salon.com Artículo original
13 de abril de 2012

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
26 de abril de 2012


Se puede ver a Tarek Mehanna en esta imagen sacada de una secuencia del vídeo tomado en Boston en el 2009. (Créditos Reuters/WHDH-TV)

En una de las más atroces violaciones de las garantías de libertad de expresión de la Primera Enmienda que se han visto en mucho tiempo, Tarek Mehanna, un estadounidense musulmán, fue condenado esta semana en una corte federal en Boston y sentenciado ayer a 17 años de prisión. Se le encontró culpable de apoyar a Al Qaeda (debido a la traducción de documentos terroristas al inglés y por expresar una “visión comprensiva” al grupo) así como conspirar para “asesinar” a soldados de EEUU en Irak (véase hacer campaña contra un ejército invasor perpetrando un agresivo ataque contra una nación musulmana). Estoy todavía viajando y no tengo mucho tiempo hoy para escribir sobre el caso en sí – Adem Serwer escribió hace varios meses un excelente resumen de por qué la persecución contra Mehanna es una odiosa amenaza contra la libertad de expresión. Además más antecedentes del caso están aquí, y yo he escrito antes sobre la creciente criminalización de la libertad de expresión bajo los Departamentos de Justicia (DOJ por sus siglas en inglés) de Bush y Obama, por los que los musulmanes son perseguidos por sus visiones políticas obviamente protegidas – pero animo a todo el mundo a leer algo bastante impresionante: la declaración de Mehanna, increíblemente elocuente y reflexiva, durante la audiencia de su sentencia, antes de ser condenado a 17 años de prisión.

En algún momento en el futuro, creo que la historia aclarará de verdad quiénes son los criminales en este caso: no Mehanna, sino más bien los arquitectos de las políticas a las que él se sintió obligado a combatir y a las entidades que han conspirado para consignarlo a una jaula durante dos décadas.

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DECLARACIÓN DE LA SENTENCIA DE TAREK

12 de abril de 2012

Leída al juez O’Toole durante su sentencia, 12 de abril de 2012.

En el nombre de Dios, el más misericordioso, el más compasivo. Este mes hace exactamente cuatro años que estaba terminando mi cambio de turno en un hospital local. Mientras caminaba a mi coche se me acercaron dos agentes federales. Me dijeron que tenía dos opciones: Podía hacer las cosas de manera fácil, o podía hacerlas por el camino más duro. La “fácil”, tal como me explicaron, era que me convirtiera en un informante del gobierno, y si hacía eso nunca vería una sala de justicia por dentro o la celda de una prisión. Y el camino difícil, este es. Aquí estoy, habiendo pasado la mayor parte de estos cuatro años desde entonces en una celda de aislamiento del tamaño de un pequeño armario, en el que estaba encerrado durante 23 horas al día. El FBI y esos fiscales trabajaron muy duro y el gobierno gastó millones de dólares de los contribuyentes para encerrarme en esa celda, dejarme allí, llevarme a juicio, y finalmente tenerme hoy aquí de pie ante ustedes para ser sentenciado a pasar incluso más tiempo en una celda.

En las últimas semanas mucha gente me ha hecho sugerencias sobre lo que debería decirles. Algunos me decían que debería pedir clemencia esperando una sentencia leve, mientras que otros sugería que debería golpear fuerte en cualquier caso. Pero lo que yo quiero hacer es hablar sobre mí mismo durante algunos minutos.

Cuando rechacé convertirme en un informante, el gobierno respondió acusándome del “crimen” de apoyar los mujahideen que luchan contra la ocupación de los países musulmanes alrededor del mundo. O como les gusta llamarles, “terroristas”. Sin embargo yo no nací en un país musulmán. Yo nací y crecí justo aquí, en EEUU, y esto enfada a mucha gente: ¿cómo puede ser que siendo estadounidense crea esas cosas y tome las posiciones que tomo? Todo a lo que un hombre está expuesto en su ambiente se convierte en un ingrediente que le da forma a su visión, y yo no soy diferente. Por lo que en más de una manera, es el país del que soy lo que me ha hecho lo que soy.

Cuando tenía seis años, empecé a coleccionar una gran cantidad de libros de cómics. Batman metió un concepto en mi mente, me introdujo un paradigma de cómo el mundo está montado: que hay opresores, hay oprimidos, y están esos que da un paso y defienden a los oprimidos. Esto resonó mucho en mí durante toda mi infancia, yo gravitaba hacia cualquier libro que reflejara ese paradigma – La Cabaña del Tío Tom, la autobiografía de Malcolm X, o incluso vi una dimensión ética en El Guardían entre el Centeno.

En el momento que empecé el instituto y recibí verdaderas clases de historia, fui aprendiendo precisamente cómo de real es ese paradigma en el mundo. Aprendí sobre los nativos americanos y lo que les ocurrió a manos de los colonos europeos. Aprendí sobre cómo los descendientes de esos colonos eran a su vez oprimidos por la tiranía del Rey Jorge III.

Leí sobre Paul Revere, Tom Pain, y cómo los americanos empezaron una insurgencia armada contra las fuerzas británicas – una insurgencia que ahora celebramos como la guerra revolucionaria americana. Cuando era un chico incluso fui a excursiones escolares sólo a unas calles de donde estamos sentados. Aprendí sobre Harriet Tubman, Nat Turner, John Brown, y la lucha contra la esclavitud en este país. Aprendí sobre Emma Goldman, Eugene Debs, y las luchas de los sindicatos, las clases trabajadoras, y los pobres. Aprendí sobre Anne Frank, los nazis, y cómo persiguieron a las minorías y metían en prisión a los disidentes. Aprendí sobre Rosa Parks, Malcolm X, Martin Luther King, y la lucha por las libertades civiles.

Aprendí sobre Ho Chi Minh, y cómo los vietnamitas lucharon durante décadas para liberarse de un invasor tras otro. Aprendí sobre Nelson Mandela y la lucha contra el apartheid en Sudáfrica. Todo lo que aprendí durante esos años confirmaba lo que empecé a aprender cuando tenía 6: que a lo largo de la historia, ha habido una lucha constante entre los oprimidos y los opresores. Con cada lucha sobre la que aprendí me encontré a mí mismo consistentemente del lado de los oprimidos, y consistentemente respetando a aquellos que dieron un paso adelante para defenderlos – sin importar la nacionalidad, sin importar la religión. Y nunca tiré mis apuntes de clase. Mientras estoy aquí de pie hablando, están en un ordenado montón en el armario de mi habitación en casa.

De todas las figuras históricas de las que aprendí, una sobresalía sobre el resto. Estaba impresionado de muchas cosas sobre Malcolm X, pero sobre todo, estaba fascinado por la idea de la transformación, su transformación. No sé si han visto la película “X”, de Spike Lee, dura como tres horas y media, y el Malcolm del principio es diferente del Malcolm del final. Empieza como un criminal analfabeto, pero termina como un marido, un padre, un líder elocuente y protector de su gente, un musulmán disciplinado haciendo el camino a la Meca, y al final, un mártir. La vida de Malcolm me enseñó que el Islam no es algo heredado; no es una cultura o etnia. Es un modo de vida, una forma de pensar que cualquiera puede elegir sin importar de dónde vienen o cómo fueron criados.

Esto me llevó a mirar con más profundidad el Islam, y me enganché. Era sólo un adolescente, pero el Islam respondía la pregunta sobre la que las mentes científicas más grandes no tenían ni idea, la cuestión que lleva a los ricos y famosos a la depresión y al suicidio al ser incapaces de responderla: ¿cuál es el propósito de la vida? ¿Por qué existimos en el universo? Pero también respondía la pregunta de cómo se supone que tenemos que existir. Y ya que no hay jerarquía o sacerdocio, podía sumergirme directa e inmediatamente en los textos del Corán y las enseñanzas del profeta Mahoma, para empezar el viaje de entender de qué iba todo esto, las implicaciones del islam para mí como ser humano, como individuo. Para la gente a mi alrededor, para el mundo; y cuanto más aprendía, más valoraba el islam como a un pedazo de oro. Esto cuando era un adolescente, pero incluso hoy, a pesar de las presiones de los últimos años, me pongo en pie ante usted y todos los que están en la sala como un musulmán muy orgulloso de serlo.

Con eso mi atención se desvió a lo que estaba pasando a otros musulmanes en diferentes partes del mundo. Y dondequiera que miraba, vi los poderes que estaban intentando destruir lo que yo amaba. Aprendí lo que los soviéticos habían hecho a los musulmanes en Afganistán. Aprendí lo que lo serbios habían hecho a los musulmanes bosnios. Aprendí lo que los rusos estaban haciendo a los musulmanes de Chechenia. Aprendí lo que Israel había hecho en Líbano – y lo que sigue haciendo en Palestina – con total apoyo de los Estados Unidos. Y aprendí lo que América estaba haciendo a los musulmanes. Aprendí sobre la Guerra del Golfo, y las bombas de uranio empobrecido que mataron a miles e hicieron que las tasas de cáncer se dispararan por todo Irak.

Aprendí sobre cómo las sanciones llevadas por EEUU impedían que comida, medicinas, y equipo médico entrara a Irak, y cómo – de acuerdo con las Naciones Unidas – más de medio millón de niños fallecieron por ello. Recuerdo un vídeo de una entrevista en “60 minutos” a Madeline Albright donde ella expresaba su opinión de que la muerte de esos niños “merecía la pena”. Vi como el 11 de septiembre un grupo de personas secuestraron unos aviones y los hicieron estrellarse contra edificios por el ultraje causado por la muerte de esos niños. Vi cómo EEUU después atacó e invadió Irak directamente. Vi los efectos de la estrategia “Conmoción y pavor” en el día de comienzo de la invasión – los niños en los pabellones de los hospitales con metralla en sus cabezas de los misiles estadounidenses (por supuesto nada de eso salió en CNN).

Aprendí sobre la ciudad de Haditha, donde 24 musulmanes – incluyendo un hombre de 76 años en una silla de ruedas, mujeres, e incluso bebés – fueron disparados y reventados en sus pijamas por marines de los EEUU mientras dormían. Aprendí sobre Abeer al-Janabi, un chica iraquí de catorce años violada por cinco soldados estadounidenses, que después le dispararon a ella y a su familia en la cabeza, quemando a continuación sus cuerpos. Sólo quiero señalar, como puede ver, que las mujeres musulmanas ni siquiera enseñan el pelo a un hombre que no sea familiar. Por lo que intente imaginarse esta joven chica de una aldea tradicional, con su vestido arrancado, siendo atacada sexualmente no por uno, ni dos, ni tres, ni cuatro, sino cinco soldados. Incluso hoy, mientras estoy sentado en mi celda, leo sobre los ataques aéreos con aviones no tripulados que siguen matando musulmanes a diario en sitios como Paquistán, Somalia o Yemen. Justo el mes pasado, todos oímos sobre los diecisiete musulmanes afganos – la mayoría madres y sus hijos – asesinados a tiros por un soldado estadounidense, que también le pegó fuego a sus cuerpos.

Esas son sólo las historias que aparecen en los titulares, pero una de los primeros conceptos que aprendí en el islam es la lealtad, la hermandad – que cada mujer musulmana es mi hermana, cada hombre es mi hermano, y que juntos, somos un gran cuerpo que debe protegerse uno a otro. En otras palabras, no podía ver que esas cosas se hicieran a mis hermanos y hermanas – incluso por EEUU – y permanecer neutral. Mi simpatía por los oprimidos continuaba, pero ahora era más personal, como lo era el respeto por aquellos que los defienden.

Mencioné a Paul Revere – cuando, cabalgó a medianoche para avisar a la gente de que los británicos estaban marchando a Lexington para arrestar a Sam Adams y John Hancock, y después a Concord para confiscar las armas almacenadas allí por los Minuteman. Cuando llegaron a Concord se encontraron que los Minuteman los estaban esperando con las armas en la mano. Dispararon a los británicos, lucharon contra ellos, y los vencieron. De aquella batalla vino la Revolución Americana. Hay una palabra árabe que describe lo que los Minuteman hicieron ese día. Esa palabra es: JIHAD, y esto es de lo que va mi juicio.

Todos esos vídeos y traducciones, y disputas infantiles sobre “Oh, tradujo ese párrafo” y “oh, editó esa frase,” y todas esas exhibiciones se movían alrededor de un solo asunto: los musulmanes que se están defendiendo de los soldados estadounidenses que hacen exactamente lo que los británicos hacían en América. Quedó claro como el agua durante el juicio que yo nunca jamás planeé “matar americanos” en centros comerciales o la historia que sea. Los propios testigos del gobierno contradijeron esta afirmación, y nosotros pusimos a un experto tras otro en esa tarima, que se pasaron horas analizando cada una de las palabras que he escrito, que explicaron mis creencias. Además, cuando yo estaba libre, el gobierno envió un agente secreto para meterme en uno de sus pequeños “complots terroristas,” pero yo rechacé participar. Sin embargo, misteriosamente, el jurado nunca oyó esto.

Entonces, este juicio no era sobre mi postura acerca de los asesinatos de civiles estadounidenses. Era sobre mi postura sobre los asesinatos de civiles musulmanes por estadounidenses, y es que los musulmanes deberían defender sus tierras de invasores extranjeros – soviéticos, estadounidenses, o marcianos. Eso es lo que creo. Es lo que siempre he creído, y lo que siempre creeré. Esto no es terrorismo, no es extremismo. Es lo que las flechas en ese escudo sobre su cabeza representa: la defensa de la patria. Por lo que no estoy de acuerdo con mis abogados cuando dicen que no tiene que estar de acuerdo con mis creencias -no. Cualquiera con sentido común y humanidad no tiene otra elección sino estar de acuerdo conmigo. Si alguien entra en tu casa para robarte y dañar a tu familia, la lógica dicta que tú haces lo que sea necesario para echar al invasor de tu casa.

Pero cuando esa casa es tierra musulmana, y el invasor es el ejército de EEUU, por alguna razón los estándares cambian de repente. El sentido común es llamado “terrorismo” y la gente defendiéndose de esos que vinieron a asesinarlos desde el otro lado del océano se convierten en “los terroristas” que están “matando americanos.” La mentalidad de que América era victimizada cuando los soldados británicos caminaban por estas calles hace dos siglos y medio es la misma mentalidad de los musulmanes que son victimizados por los soldados americanos que caminan por sus calles hoy. Es la mentalidad del colonialismo.

Cuando el Sargento Bales mató a tiros a esos afganos el mes pasado, toda la atención de los medios fue hacia él y su vida, su estrés, su “desorden de estrés postraumático”, la hipoteca de su casa – como si él fuera la víctima. Poca simpatía se expresó por la gente que de hecho mató, como si no fueran reales, como si no fueran humanos. Por desgracia, esa mentalidad se filtra a todo el mundo en la sociedad, se den cuenta o no. Incluso con mis abogados, les llevó casi dos años de discusiones, explicando y clarificando antes de que fueran capaces de pensar fuera de la caja y por lo menos en apariencia aceptar la lógica en lo que estaba diciendo. ¡Dos años! Si le llevó tanto tiempo a gente tan inteligente, cuyo trabajo es defenderme, desprogramarse a sí mismos, después lanzarme delante de un jurado elegido al azar bajo la premisa de que ellos son mis “iguales imparciales,” venga hombre. No fui procesado ante un jurado de mis iguales porque con la mentalidad dominante hoy en Estados Unidos, no tengo iguales. Teniendo en cuenta este hecho, el gobierno me persiguió – no porque lo necesitaban, sino simplemente porque podían.

Aprendí una cosa más en clase de historia: Estados Unidos ha apoyado históricamente las políticas más injustos contra las minorías – prácticas que incluso estaban protegidas por la ley – sólo para más tarde mirar hacia atrás y preguntar: ¿en qué estábamos pensando? Esclavitud, Jim Crow, el encierro de los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial – todas y cada una aceptada ampliamente por la sociedad americana, cada una defendida por la Corte Suprema. Pero conforme el tiempo pasa y EEUU cambia, tanto la gente como las cortes miran atrás y se preguntan: ¿en qué estábamos pensando? Nelson Mandela fue considerado un terrorista por el gobierno sudafricano, y condenado a cadena perpetua. Pero el tiempo pasó, el mundo cambió, se dieron cuenta de lo opresivas que fueron sus políticas, que no fue él el que era un terrorista, y lo liberaron de prisión. Se convirtió en presidente. Por lo que todo es subjetivo – incluso esta historia del “terrorismo” y quién es “terrorista”. Todo depende del tiempo y el lugar y de quién tenga los superpoderes en ese momento.

A tus ojos soy un terrorista, y es perfectamente razonable que esté aquí de pie vestido de naranja. Pero un día, América cambiará y la gente reconocerá ese día como lo que es. Verán cómo cientos de miles de musulmanes fueron asesinados y mutilados por los militares estadounidenses en países extranjeros. Sin embargo, yo voy a ser el que vaya a prisión por “conspirar para matar y mutilar” en esos países – porque apoyo a los Mujahidin que defienden a esa gente. Mirarán atrás y verán cómo el gobierno gastó millones de dólares para meterme en la cárcel como un “terrorista”, pero si de alguna manera lleváramos a Abeer al-Janabi de nuevo a la vida en el momento en que está siendo violada por vuestros soldados, y la tuviéramos como testigo y preguntarle quiénes son los terroristas, seguro que ella no señalaría hacia mí.

El gobierno dice que estaba obsesionado con la violencia, obsesionado con “matar americanos.” Pero, como un musulmán viviendo estos días, no puedo pensar en una mentira más irónica.

Tarek Mehanna

12 de abril de 2012

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Hipocresías e ironías de la justicia en EEUU

Publicado por moncadista en 2 abril, 2012

20 de marzo de 2012
Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
1 de abril de 2012

(1) Un lector me recordó esto el miércoles y es algo bastante importante: en julio del 2009, Chuck Todd de la NBC fue a “La mañana de Joe” para defender la decisión del Presidente Obama de proteger a todos los oficiales de Bush de ser perseguidos por torturas, argumentando que porque los abogados de Bush dijeron que podía torturar, entonces era legal. Yo entrevisté-debatí con Todd un par de días más tarde sobre esas opiniones, pero antes de hacerlo, escribí una respuesta al argumento que hizo en televisión.

Mientras hacía eso, intenté pensar en la potestad más tiránica e ilícita posible que un presidente podía hacer valer, de manera que pudiera dar a conocer la invalidez del razonamiento de Todd, y esto es lo que escribí:

Me gustaría preguntar a Chuck Todd: si Bush hubiera hecho que John Yoo escribiera un memorándum opinando que era perfectamente legal que Bush utilizara escuadrones de la muerte dentro de EEUU para asesinar a ciudadanos estadounidenses sin el debido proceso, ¿estaría mal investigar y perseguir eso también, sobre el terreno de que todo el mundo tenía hojas de permiso de un abogado del Departamento de Justicia (DOJ de las siglas en inglés) y eso es lo que los abogados hacen?

El actual presidente ha obtenido, por supuesto, su propia hoja de permiso del DOJ para asesinar a ciudadanos estadounidenses sin el debido proceso. Ya que la hoja de permiso es demasiado secreta para que nosotros la veamos, no sabemos si la potestad para asesinar autorizada está confinada a terreno extranjero o se extiende a los EEUU, aunque una vez que uno abraza la teoría de Bush-Cheney-Yoo de que el mundo entero es un “campo de batalla”, no hay una manera coherente para limitar esa potestad atribuida, a suelo extranjero. En cualquier situación, el punto real aquí es que nuestro gobierno se ha hecho tan radical y deformado que supera la habilidad de cualquiera para imaginar absurdos poderes hipotéticos de manera que pueda poner prueba la validez de un principio: antes de que pestañees, habrás descubierto que tu hipótesis se ha hecho realidad.

(2) Ayer, la administración Obama – que sólo en los últimos seis meses ha matado a tres ciudadanos estadounidenses en Yemen: Anwar Awlaki, Samir Khan, y Abdulrahman el hijo de Awlaki de 16 años – hizo pedazos los límites conocidos en el uso de la ironía:

Los EEUU instan a que se haga justicia sobre el estadounidense asesinado en Yemen

AFP – hace 15 horas.

El lunes, los Estados Unidos condenaron el asesinato de un estadounidense en Yemen e instan a las autoridades a detener a los autores materiales responsables después de que Al-Qaeda reclamara su responsabilidad.

El Departamento de Estado confirmó que Joel Shrum, un estadounidense que trabajaba para una organización no gubernamental llamada “Centro de desarrollo de entrenamiento internacional” ( en inglés: International Training Development Center) fue disparado mortalmente el domingo en Taez y dijo que estaban trabajando para repatriar sus restos.

“Condenamos este acto terrorista en los términos más severos y expresamos nuestras más profundas condolencias a su familia y amigos,” dijo a los reporteros la portavoz del Departamento de Estado Victoria Nuland.

“Instamos a las autoridades yemeníes a llevar a la justicia a los responsables de este crimen atroz,” dijo.

El único modo de matar estadounidenses en Yemen es mediante el uso de aviones no tripulados. O, digámoslo de otra manera: ¡Matar estadounidenses en Yemen: ese es nuestro trabajo – no el de vosotros terroristas!

(3) Después de que Bradley Manning fuera detenido acusado de que había filtrado documentos a WikiLeaks, fue mantenido en aislamiento por diez meses hasta que la presión política al final forzó su traslado al Fuerte Leavenworth en unas condiciones más humanas; el máximo representante sobre la tortura en la ONU concluyó la semana pasada que el trato a Manning durante esos 10 meses fue “cruel e inhumano”. En el extremo opuesto, el sargento Robert Bales – el principal sospechoso de la matanza de 16 civiles afganos – está todavía en el fuerte Leavenworth y está recibiendo este trato:

Bales llegó al Fuerte Leavenworth el pasado viernes y es mantenido en una celda aislada. “Ha sido ya integrado a la rutina normal de confinamiento de antes del juicio,” dijo Rebecca Steed, la portavoz de la prisión.

Esta rutina incluye recreo, comidas y área limpia en el sitio que vive. Steed dijo que una vez que las reuniones con sus abogados se completaran al final de la semana, Bales terminaría el proceso de integración normal.

Un artículo de las Noticias de ABC de cuando Manning fue transferido al Fuerte Leavenworth incluía estos detalles:

A los 150 internos de la instalación – incluyendo a ocho que están esperando un juicio – se les permite 3 horas de recreo al día, dijo, y tres comidas al día en el comedor.

Eso probablemente significa que habrá bastante interacción entre Bales y Manning. Piensen sobre ello: si expones al mundo pruebas antes desconocidas de extendidos y caprichosos asesinatos de civiles (como Manning supuestamente hizo), entonces terminarás en el mismo sitio que alguien que de hecho está involucrado en la caprichosa matanza de civiles (como Bales supuestamente hizo), excepto que aquel que cometió las atrocidades recibirá mejor tratamiento que el que las mostró. Esta es una buena reflexión sobre el sistema de valores de nuestro gobierno (parecido a la manera en que manifiestos crímenes de altos oficiales del gobierno son inmunizados, mientras que esos que los muestran son perseguidos agresivamente). Si los registros de las conversaciones son creíbles, Manning decidió filtrar esos documentos porquerevelaban crímenes atroces que él en buena consciencia no podía permitir que fueran ocultados, y ahora se encontrará él mismo con un soldado que es acusado de cometer crímenes atroces.

(4) Tengo un artículo de opinión en The Guardian sobre lo rápido que se llevaron a Bales de Afganistán y la exclusión de los afganos de la investigación sobre lo que pasó. Hoy, El New York Times explica las serias dificultades que esto podría plantear para la acusación de Bales:

El caso podría hundirse en las cuestiones de pruebas recogidas bajo difíciles condiciones a miles de kilómetros… Reunir pruebas y asegurar la cooperación de testigos puede ser descalabrado en sitios remotos, y puede contribuir al colapso de las acusaciones contra los marines relacionados con el asesinato de los 24 hombres, mujeres y niños de la ciudad iraquí de Haditha. Los cargos contra la mayoría de los marines que fueron acusados en ese caso fueron retirados.

A lo mejor juzgándole en Afganistán hubiera resuelto esos problemas. Es verdad que los soldados estadounidenses acusados de cometer crímenes no están sujetos legalmente al sistema judicial afgano, pero eso no significa que los juicios no pueden darse en Afganistán, asegurando así la participación de los afganos en la investigación y los posteriores intentos para llevar justicia a esos que la merecen.

(5) Hay un par de artículos que han aparecido en la última semana o así sobre la buena voluntad de muchos demócratas para aceptar pasivamente, o incluso animar activamente las políticas del presidente Obama que ellos condenaron vehementemente (o habrían condenado) bajo el presidente Bush: este es de Politico, y este de Tim Carney en el Washington Examiner. En junio del 2009, en New York Times, el columnista Bob Herbert – antes ferviente admirador del presidente Obama – escribió una columna arremetiendo contra su historial de libertades civiles, y esta fue la primera frase de la columna de Herbert: “Las políticas erróneas bajo George W. Bush no lo son menos porque Barack Obama esté en la Casa Blanca.” En ese momento realmente no entendí cómo ese principio – que realmente debería ser un axioma tácito – vendría a ser no sólo tan controvertido sino rutinariamente violado e ignorado.

(6) En noviembre de 2011, Jonathan Chait escribió un artículo para el New York Magazine criticando duramente a los liberales como “poco razonables” por no venerar al presidente Obama tanto como Chait hace. Hoy Chait escribió un artículo titulado “Cómo Obama intentó traicionar al liberalismo en 2011” sobre un nuevo fragmento del Washington Post en el que se detalla los intentos del presidente durante el pasado año para recortar masivamente los fondos a la Seguridad Social y otros programas de ayuda social. Chait concluye: “Lo que enseña de hecho la historia es que la desastrosa debilidad de Obama en el verano de 2011 fue mucho más lejos minando el liberalismo de lo que nadie sabía antes.” Esta fue la esencia de la acusación de Chait cuando estaba en modo venerador de Obama: “Los liberales están insatisfechos con Obama porque los liberales, en su conjunto, son incapaces de sentirse satisfechos con un presidente Demócrata.” El principal principio del gurú progresista: El rango permitido de crítica a Obama es precisamente igual al nivel de mi crítica a Obama.

Mientras tanto, el principal competidor de Chait para ser el máximo defensor mediático de Obama, Andrew Sullivan, ha pasado esta semana haciendo lo que suele hacerinsistir en que el presidente Obama es un “verdadero conservador”, y que por tanto la Derecha es irracional por no adorarle en la manera que Andrew lo hace. Hay que destacar que Andrew ataca igualmente a liberales que no adoran al presidente tanto como Andrew hace, utilizando el tema de que Obama ha logrado más éxitos progresistas que ningún presidente en décadas. En otras palabras, el eje central de la defensa de Andrew del presidente – expuesta con más claridad en su historia de la portada del Newsweek donde declara que las críticas al presidente tanto de la derecha como de la izquierda son básicamente estúpidas y locas – llegando a afirmar esto al mismo tiempo: (1) las críticas conservadoras a Obama son estúpidas porque Obama es realmente un conservador; y (2) las críticas liberales al presidente son estúpidas porque la presidencia de Obama es un buen periodo de éxitos progresistas. Como lo planteó Guy Saperstein: “El hecho que esas dos críticas son internamente inconsistentes de alguna manera se le ha escapado al señor Sullivan.”

Lo que parece permitir sostener a la vez ambas visiones es creer que la grandeza personal del presidente Obama es tan vasta y profunda (a lo mejor merece subirlo al Monte Rushmore dado la pila de cadáveres que ha acumulado) que de hecho es tanto “El gran presidente conservador” como “el gran presidente liberal” todo en uno. Merece la gratitud y la admiración de todo el mundo sin importar si se está de acuerdo con sus políticas y acciones: así es de fantástico como líder. Dicho esto, Andrew realmente pareció disfrutar la cena de estado en la Casa Blanca a la que fue invitado la semana pasada, incluyendo su “cálida conversación con el presidente” y descubriendo “el impacto que la historia de Obama en la portada del Newsweek tuvo entre los donantes y los miembros del personal de Obama,” está bien. Es importante y gratificante como periodista saber que has dado algo de gran valor a los donantes y personal de los políticos; ¿no es eso por lo que los Fundadores (Padres) insistían en la libertad de prensa?

(7) Ayer estuve en el programa de Al Jazeera Inside Story debatiendo sobre el apoyo material dado a MEK, un grupo señalado como terrorista por la mayoría de los ex- oficiales de Washington mejor conectados. Fue un debate contundente y beligerante, que merece la pena ver, ya publicaré el vídeo cuando esté disponible. Las noticias de la NBC informaron la semana pasada de que más citaciones judiciales se han llevado a cabo tratando de investigar los pagos a esos oficiales, incluyendo ahora al anterior gobernador Ed Rendell, al ex-director del FBI Louis Freeh, y el anterior presidente del Estado Mayor Conjunto General Hugh Shelton. Las leyes de “apoyo material” son extremamente amplias y son una grave amenaza a la libertad de prensa y libertad de asociación, pero nadie con alguna relevancia en Washington le importó o puso alguna objeción cuando los que fueron encarcelados fueron musulmanes anónimos e indefensos (de hecho, algunos de los que ahora reciben pagos de MEK eran los mismos que apoyaban o incluso llevaban a cabo esas persecuciones por “apoyo material”). A lo mejor esto es lo que hace falta para motivar a esos con alguna influencia para parar esas persecuciones Mccarthistas. Yo haría una analogía con la guerra contra las drogas: las injusticias son fáciles de perpetuar cuando afectan principalmente a aquellos que están indefensos y marginados; es mucho más difícil cuando se aplican igual a aquellos con poder.

Este artículo apareció originalmente en Salon.


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El Fiscal General Holder defiende las ejecuciones sin cargos

Publicado por moncadista en 21 marzo, 2012

6 de marzo de 2012
Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
20 de marzo de 2012

Ayer, en un discurso en la Universidad del Noroeste, Eric Holder, Fiscal General de los EEUU, dió la explicación más detallada hasta ahora de porqué la administración Obama cree que tiene la autoridad para seleccionar en secreto a ciudadanos estadounidenses para ser ejecutados por la CIA sin ni siquiera acusarlos de un crimen, notificarles las acusaciones o darles la oportunidad de responder. Por el contrario los condenan a muerte sin una chispa de transparencia o vigilancia judicial.

La administración sigue manteniendo en secreto el memorandum legal que obtuvo para justificar estos asesinatos, y, como Charlie Savage del New York Times anotó, el “discurso de Holder no tenía notas a pie de página o específicas referencias legales, y estaba muy por debajo del nivel de detalle contenido en el memorandum de la Oficina del Consejo Legal.”

Pero el punto crucial del argumento de Holder tal como se expresa en el discurso de ayer es esto:

Algunos han argumentado que el presidente necesita obtener permiso de una corte federal antes de tomar acción contra un ciudadano de los Estados Unidos que sea un veterano líder de operaciones de Al Qaeda o fuerzas aliadas. Esto sencillamente no es exacto. “El debido proceso” y “el proceso judicial” no son una cosa y la misma, especialmente cuando se refiere a seguridad nacional. La Constitución garantiza el debido proceso, no el proceso judicial.

Cuando los oficiales de Obama (como los de Bush antes de ellos) se refieren a alguien como “un veterano líder de operaciones de Al Qaeda o fuerzas aliadas,” lo que realmente quieren decir es esto: alguien al que el Presidente ha acusado y a continuación decretado en secreto que es un terrorista sin ni siquiera presentar ninguna prueba. El “proceso” usado por la administración Obama para seleccionar a estadounidenses para ser ejecutados por la CIA es, como informó Reuters el pasado octubre, como sigue:

Militantes estadounidenses como Anwar al -Awlaki son metidos dentro de una lista para capturar o asesinar por un panel secreto de oficiales veteranos del gobierno, que después informan al presidente de sus decisiones… No hay ningún registro público de las operaciones o decisiones del panel, el cual es un subgrupo del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca… Ni hay ninguna ley que establezca su existencia o exponga las reglas por las que se supone que esta gente actúa.

Como Leon Panetta confirmó recientemente, el presidente toma la última decisión en cuanto a si el estadounidense será asesinado: “[El] presidente de los Estados Unidos obviamente revisa los casos, revisa la justificación legal y al final dice si se hace o no.”

O sea, este es el “proceso” el cual Eric Holder argumentaba ayer constituye el “debido proceso” como requería la Quinta Enmienda antes de que el gobierno pueda privar a alguien de su vida: el presidente y sus subordinados son tu acusación, tu juez, tu jurado y tu ejecutor. Todos convertidos en uno, actuando en total secreto y sin ni siquiera tú saber que te ha acusado y sentenciado a muerte, y no tienes ni la oportunidad de saberlo, sin hablar de enfrentar o enfocar sus acusaciones; ¿no es eso suficiente proceso para ti? En Esquire, Charles Pierce, escribiendo sobre el discurso de Holder, describió esto mejor: “una inmensa montaña de tonterías que debería avergonzar a cualquier Demócrata que haya dicho una palabra descortés sobre John Yoo.”

* * * * *

Obviamente he escrito sobre el programa para asesinar de Obama muchas veces ya pero hay algunos puntos que merece la pena examinar a la luz del discurso de Holder y la reacción al mismo:

(1) La disposición de los Demócratas para abrazar y defender esta potestad es especialmente reprobable debido a que sin duda está total y deslumbrantemente en desacuerdo con todo lo que clamaban bien alto creer durante los años de Bush. Recordemos dos de los “escándalos” más significativos de la Guerra de Bush contra el Terror: el poder que se confirió para meramente espiar y detener a acusados de terrorismo sin una revisión judicial de ninguna clase. ¿Recordáis aquello? Los progresistas no dejaron de acusar a Bush de “asaltar nuestros valores” y “destrozar la Constitución” sólo porque los oficiales de Bush querían escuchar y detener a sospechosos de terrorismo – no matarlos, sólo espiarlos y detenerlos – sin primero ir a una corte y probar que hicieron algo mal. Y aquí tenemos a una administración Demócrata haciéndose valer no solamente el derecho a vigilar o detener a ciudadanos sin cargos o revisión judicial, sino a matarlos sin nada de eso: un acto mucho más extremo, permanente e irreversible. Y encima, con algunas justas excepciones, el silencio es ensordecedor, o peor.

¿Cómo puede nadie que condenara abiertamente las meras escuchas ilegales y los poderes para detener de Bush sin una revisión judicial justificar de ninguna manera las ejecuciones sin revisión judicial de Obama? ¿Cómo puede el predecesor (de lejos con menos potestad) haber sido tal asalto a “todo por lo que nos mantenemos en pie” mientras que con este es una aceptable y tolerable utilización de los poderes de guerra? Si Barack Obama tiene el derecho a ordenar a acusados de terrorismo a ser ejecutados por la CIA porque “Estamos En Guerra”, entonces seguramente George Bush tenía el derecho de ordenar que se hicieran escuchas y se detuviera a acusados de terrorismo en el mismo ámbito.

Que el mismo partido y facción política que chilló sin parar sobre las escuchas de Bush y los programas de detención ahora toleren el programa de ejecuciones de Obama es uno de los actos más extremos, cobardes y deshonestos que hemos visto en bastante tiempo. Al extremo opuesto, los líderes del ala derechaexpertos ybloggers están siendo encomiablemente consistentes: ellos alabaron las escuchas y los programas de detenciones sin el debido proceso de Bush y ahora, basándose exactamente en el mismo razonamiento,alaban profusamente al presidente Obama por extender esa mentalidad a los asesinatos.

(2) No es el mero hecho de que el Partido Demócrata en general y sus hordas de seguidores hayan realizado un giro de 180º sobre estos asuntos desde el 20 de enero de 2009. Sino que es también verdad que el mismo Barack Obama y Eric Holder lo han hecho.

Durante los años de Bush, el entonces senador Obama a menudo hablaba en público muy elocuentemente sobre la “vital importancia del debido proceso incluso para los acusados de terrorismo”. Como ejemplo, él se levantó en el Senado y denunció las detenciones del Guantánamo de Bush en el ámbito de que “un individuo inocente podría ser mantenido y no podría rebatir el caso del gobierno y no tiene ninguna manera de demostrar su inocencia.” Habló del “terror que sentiría si un miembro de mi familia fuera rodeado en medio de la noche y enviado a Guantánamo sin ni siquiera tener la oportunidad de preguntar por qué estaba siendo retenidos o de ser capaces deprobar su inocencia.” Se burló de la afirmación del ala derecha de que “la investigación judicial es un lujo antiguo, trivial y dispensable.” Reconoció que es inevitable que el gobierno a veces cometa errores al acusar a gente inocente de ser terroristas, pero entonces dio la solución obvia: “lo que es evitable es rechazar que ni siquiera se permita que nuestro sistema legal corrija esos errores.”¿Cómo conmueve eso? Qué conmovedor tributo a la urgencia de permitir a los acusados de terrorismo un día en la corte antes de castigarlos.

Y luego tenemos a Eric Holder, que en 2008 dio un discurso a la Sociedad por la Constitución Americana denunciando lo radical del poder ejecutivo de Bush y haciendo un llamamiento a un “juicio público”. Específicamente se refería a la afirmación del ala derecha de que se debería permitir que los presidentes hicieran escuchas a acusados de terrorismo sin un control judicial para “mantenernos a salvo”. A la luz de lo que el fiscal general dijo y justificó ayer, sólo sorprende con lo que dijo hace apenas 3 años:

A aquellos en el ejecutivo que dicen “sólo confía en nosotros” cuando se refiere a secretos y a vigilancia de comunicaciones domésticas sin garantías yo les digo recuerda tu historia. A lo largo de mi vida, los oficiales del gobierno federal han espiado, acosado y chantajeado a Martin Luther King y otros líderes de los derechos civiles en el nombre de la seguridad nacional. Uno de los más grandes héroes de América a quien hoy honramos con un día festivo nacional, innumerables calles, escuelas y pronto un monumento en su nombre, fue tratado como un criminal por aquellos que en nuestro gobierno federal poseían demasiado criterio y un retorcido sentido del patriotismo. Watergate reveló abusos similares durante la administración Nixon.

Para recapitular la visión de Barack Obama: es una forma de “terror” detener a alguien “sin que ni siquiera tenga la oportunidad de probar su inocencia,” pero es bueno y noble para ellos ser ejecutados bajo las mismas circunstancias. Para recapitular la visión de Eric Holder: no debemos aceptar cuando la administración de Bush decía “sólo confía en nosotros” cuando se trata de espiar las comunicaciones de los acusados de terrorismo, pero debemos aceptar cuando la administración de Obama dice “sólo confía en nosotros” cuando se trata de señalar a compatriotas para ser ejecutados. Por lo que se ve, no es el 9 de septiembre del 2001 lo que “cambió todo”. Es el 20 de enero del 2009.

(3)La Unión de Libertades Civiles Americana (ACLU por sus siglas en inglés) dijo ayer que el discurso de Holder “es a fin de cuentas una defensa de una amplia, horrible y aclamada autoridad del gobierno para llevar a cabo asesinatos selectivos de civiles, incluyendo a ciudadanos estadounidenses, lejos de cualquier campo de batalla sin control judicial o sin escrutinio público.” La ACLU después añadió:

Pocas cosas son tan peligrosas para la libertad de EEUU como la proposición de que el gobierno debería ser capaz de matar a ciudadanos de cualquier sitio del mundo en base a normas y evidencias legales que nunca son llevadas a una corte, ya sea antes o después del hecho.

Cualquiera capaz de confiar en el presidente Obama con la potestad de declarar secretamente a un ciudadano estadounidense un enemigo del estado y ordenar su asesinato extrajudicial debería preguntarse si sería capaz de confiar en el siguiente presidente con esa peligrosa potestad.

Esto es de señalar por tres razones: Primero, la ACLU no está apenas diciendo que esto es una mala política; están sin embargo señalando lo obvio: que hay “pocas cosas tan peligrosas” como tener a tu propio gobierno tomándose el derecho a mandar a ciudadanos a morir sin un proceso judicial, y eso es exactamente lo que la administración Obama está haciendo sin ninguna repercusión negativa. Segundo, la ACLU está retando a defensores progresistas del presidente a hacer lo que ninguno hará: explicar por qué confiarían no sólo en Barack Obama, sino también en Sarah Palin, Newt Gingrich o Michele Bachmann para tener la potestad de señalar a ciudadanos de EEUU para ser asesinados en secreto y sin vigilancia judicial. Tercero, que la ACLU está condenando una política de Obama tan “peligrosa para la libertad de EEUU” como una política puede ser – también conocida como: máximo distintivo de tiranía – demuestra el inmenso abismo que se ha abierto bajo la presidencia Obama entre el Partido Demócrata y la ACLU (un grupo totalmente elogiado por demócratas cuando gobierna un presidente republicano), aunque esta brecha ha sido obvia por bastante tiempo.

(4) Lo que es tan impactante es ver cómo los oficiales de Obama y sus defensores suenan idénticos cuando se les compara a los teóricos legales del ala derecha que justificaban los programas más controvertidos de Bush. Incluso los lemas centrales que los justifican son los mismos: Estamos en guerra; el campo de batalla está en todas partes; los presidentes tienen el derecho de espiar, detener y matar combatientes sin permiso de una corte; el brazo ejecutivo es el único órgano para la guerra y ninguna corte puede interferir en las decisiones del presidente, etc. Pasé años escribiendo y refutando esas teorías legales y son idénticas a las que oímos ahora. Sólo considerad qué parecidas suenan una a otra las dos facciones.

Cuando se trata de las controversias de la Guerra contra el Terror, os oficiales de Bush decían todo el tiempo exactamente lo que los oficiales de Obama y sus defensores dicen ahora: sólo usamos estos poderes contra los terroristas – “la gente mala” – no contra buenos, normales y regulares estadounidenses; por lo que si tú no eres un terrorista, no tienes nada por lo que preocuparte. Aquí está lo que Trent Duffy el portavoz de la Casa Blanca dijo en diciembre del 2005, defendiendo el programa de escuchas sin garantías de Bush:

Este es un programa limitado. Esto no es para monitorear llamadas telefónicas destinadas a reservar un entrenamiento o qué llevar a una cena ordinaria. Estas están diseñadas para monitorizar llamadas de gente muy mala a otra gente muy mala que tienen un historial de reventar trenes de cercanías, bodas e iglesias.

Parecido a cuando George Bush se presentó ante las cámaras en diciembre de 2005 para admitir con orgullo y defender su programa de espionaje sin garantías, aseguró a la nación que todo eso estaba justificado porque se dirigía sólo a “las comunicaciones internacionales de gente con conocidos lazos con al Qaeda y organizaciones terroristas relacionadas.”

Encuentra a un defensor del programa de asesinatos de Obama y oirás exactamente lo mismo: esto está sólo dirigido a los terroristas como Awlaki, por lo que no necesitamos ninguna revisión de una corte o debido proceso. Aquí está lo que Holder dijo ayer: “es imperativo para el gobierno contrarrestar las amenazas planteadas por experimentados líderes operacionales de al Qaeda, y proteger a gente inocente cuyas vidas podrían perderse en esos ataques,” y las órdenes para asesinar son sólo enviadas una vez que “el gobierno de los EEUU lo ha determinado, después de una meticulosa y cuidadosa revisión, que el individuo supone una amenaza inminente de un ataque violento contra los Estados Unidos.”

Esto no es nada más que un ejercicio de supremo razonamiento circular y con pregunta retórica: si determinar que alguien es de hecho un terrorista puede ser determinado sólo cuando la prueba de su culpabilidad es presentada y ellos tienen la oportunidad de responder, justo como Holder y Obama decían durante los años de Bush. El gobierno asegura que ellos sólo seleccionan terroristas – ya sea dicho por Bush o Obama – no debería tranquilizar a nadie: eso es lo que aseguran siempre los que abusan de su poder, y es por eso precisamente por lo que no confiamos en que los oficiales del gobierno castiguen a gente basándose en acusaciones no probadas. Aquí está lo que John Mitchell, el Fiscal General de Nixon, dijo para apaciguar el creciente temor a nuevos poderes del gobierno para hacer escuchas, tal como se informó en este artículo del Time Magazine del 25 de julio de 1969:

Mitchell rechazó revelar ninguna figura, pero indicó que el número era mucho más bajo de lo que la mayoría de la gente podría pensar. “Cualquier ciudadano de los Estados Unidos que no esté envuelto en ninguna actividad ilegal,” añadió, “no tiene nada que temer.”

Se supone que aprendimos importantes lecciones de los abusos de poder de la administración Nixon, y después de la administración Obama: a saber, que no confiamos en los oficiales del gobierno que ejerzan el poder en la sombra, sin vigilancia judicial, sin obligación de probar sus acusaciones. Y todavía ahora escuchamos exactamente esta misma mentalidad saliendo de Obama, sus oficiales y defensores para justificar una potestad mucho más extrema que tanto Nixon como Bush ni soñaron en tener: él sólo está matando a los “malos ciudadanos”, ¡por lo que no hay ninguna razón que objetar!

Aquí está una crítica que escribí en enero de 2006, sobre el documento oficial de 42 páginas del Departamento de Justicia (DOJ por sus siglas en inglés) de Bush donde se justifica las escuchas ilegales sin garantías a acusados de terrorismo. Si lo leéis veréis: la esencia de la visión del mundo de Bush era esa cuando se trataba de la guerra, es el presidente el que tiene la única responsabilidad y la potestad y las cortes no deben revisar o interferir con lo que él decide sobre quién es un terrorista y qué se le debería hacer. El presidente es “el único órgano para la nación en asuntos internacionales,” declaró el Departamento de Justicia de Bush, y “entre las tareas constitucionales básicas del presidente es la de proteger a la nación de un ataque armado” y así, “la Constitución le da toda la autoridad necesaria para desempeñar esa responsabilidad.” O, como Holder señaló ayer: “La conducción y el manejo de las operaciones de seguridad nacional son funciones cruciales del brazo ejecutivo, como las cortes han reconocido a lo largo de la historia” y por tanto “el presidente no necesita obtener permiso de una corte federal.” Uno no puede rechazar el punto de vista legal de Bush utilizado para justificar aquellos programas mientras se apoya el punto de vista de Obama expresado aquí – al menos no con un ápice de coherencia intelectual o dignidad.

(5) Las dudosas o categóricamente falsas afirmaciones hechas por Holder son demasiado numerosas para repasarlas todas, pero hay un par que merece la pena subrayar. Dijo, por ejemplo, que “la Corte Suprema ha dejado claro que la “clausula del debido proceso” no impone que sirva para todos los requerimientos, sino que en cambio mandata salvaguardas de procedimiento que dependen de circunstancias específicas.” Esa parte es verdad: en el caso del 2004 de Hamdi contra Rumsfeld, la Corte Suprema rechazó el argumento de la administración de Bush de que podía detener ciudadanos estadounidenses acusados de terrorismo sin ningún proceso en el que se pudieran defender de las acusaciones contra ellos, aunque la Corte sostuvo que algo menos que un juicio completo podría satisfacer la cláusula del Debido Proceso. Pero como apunta Marcy Wheeler, la Corte impuso requerimientos “del debido proceso” que son exactamente lo contrario a lo que la administración Obama está haciendo con sus asesinatos. La corte dijo (negrita añadida):

Es durante nuestros momentos más desafiantes e inciertos cuando nuestro compromiso como Nación al debido proceso es puesto a prueba más severamente; y es en estos momentos es que debemos perseverar en nuestro compromiso en casa a los principios por los que luchamos en el extranjero….

Por tanto nosotros mantenemos que un ciudadano detenido buscando poner a prueba su clasificación como un combatiente enemigo debe recibir noticia de las bases objetivas para esa clasificación, y una oportunidad justa para rebatir las alegaciones ante un órgano decisorio neutral…

En suma, mientras que la total protección que la acompaña pone a prueba a las detenciones en otros ámbitos puede hacer inoperable e inapropiado en el ámbito del combatiente enemigo, las amenazas a las operaciones militares planteadas por un sistema básico de revisión independiente no son argumentos tan de peso como deshacerse de los derechos básicos de un ciudadano para poner a prueba con toda razón el caso del gobierno y ser oído delante de un juez imparcial.

¿Cómo puede Eric Holder ni siquiera citar las decisiones de la Corte Suprema sobre el Debido Proceso en el contexto de la “guerra contra el terror” cuando la Corte ha decidido que ciudadanos -meramente detenidos, no digamos asesinados – tienen derecho a exactamente lo que la administración Obama rechaza dar: “ una oportunidad justa para rebatir las alegaciones ante un órgano decisorio neutral” y “ los derechos básicos de un ciudadano para poner a prueba con toda razón el caso del gobierno y ser oído delante de un juez imparcial”? Es precisamente porque Obama rechaza cumplir con las obligaciones impuestas por la Corte antes de ordenar ejecutar a ciudadanos por lo que este comportamiento es tan reprobable.

Si, como Holder argumenta, la “cláusula del debido proceso” permite matar a un ciudadano basándose en acusaciones del presidente que son hechas en total secreto y las cuales él no tiene ni la oportunidad de escuchar, no digamos refutar, entonces la salvaguarda central de la Constitución no tienen ningún sentido. Y la sentencia de la Corte Suprema que tanto Holder referencia no deja ninguna duda al respecto, como requería una vista procesal ante un juez neutral incluso para alguien acusado de ser un “combatiente enemigo” en plena Guerra contra el Terror.

Después está la dependencia de Holder en el viejo truco neocon: citar lo que Lincoln hizo en la guerra civil o lo que Franklin D. Roosevelt hizo en la Segunda Guerra Mundial – como si fueran comprables a la Guerra contra el Terror – para justificar lo que está haciéndose ahora. Así oímos esto de Holder: “durante la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos localizaron el avión en el que volaba el Almirante Isoroku Yamamoto – el comandante de las fuerzas japonesas en el ataque a Pearl Harbor y en la Batalla de Midway – y lo derribó específicamente porque él iba a bordo.” Oficiales de la administración han recurrido a este argumento antes cuando respondían a mis críticas al programa de asesinatos de Obama.

Incluso dejando de lado la enorme diferencia entre guerras que presentaban una amenaza real (La Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial) y la llamada Guerra contra el Terror, la diferencia entre el asesinato de Yamamoto y los asesinatos de ciudadanos de Obama es evidente en sí misma. No había ninguna duda de que el Almirante Yamamoto era de hecho un comandante de un ejército enemigo en guerra con los EEUU: vestía el uniforme del ejército y se identificaba a sí mismo como tal. Por el contrario, hay considerables dudas de si Anwar Awlaki u otros acusados de ser miembros de Al Qaeda son de hecho culpables de planear ataques terroristas contra EEUU. Eso es cierto por exactamente la razón que Holder, en otra parte de su discurso, explicó: los miembros de Al Qaeda “no se comportan como militares tradicionales – vistiendo uniformes, llevando armas abiertamente, o reclutando fuerzas para preparar un ataque.”

Por eso es por lo que aplicar una doctrina tradicional de guerra a acusados de terrorismo (que no se encuentra en un campo de batalla sino en sus coches, sus casas, en el trabajo, etc) es tan inapropiado, y por qué una revisión judicial es tan urgente: porque el riesgo de falsas acusaciones es mucho más alto que cuando se capturan a soldados uniformados en un campo de batalla. Sólo volver a señalar qué dudosas terminaron siendo muchas acusaciones de terrorismo del gobierno una vez que las cortes federales empezaron a mirar con detenimiento esas acusaciones como apoyo probatorio. De hecho, los expertos en Yemen como Gregory Johnsen han señalado repetidamente en respuesta a las afirmaciones de que Awlaki planeó ataques terroristas: “sabemos muy poco, demasiado poco cuando se trata de su papel operacional”“nosotros no sabemos esto, lo sospechamos pero no lo sabemos.” Dado el vergonzoso registro en la Guerra contra el Terror, ¿qué persona racional “confiaría” en el gobierno para hacer determinaciones sobre quién es y quién no es un terrorista en la sombra, sin límites o controles sobre lo que pueden hacer?

(6) El intento de Holder de justificar estos asesinatos en el ámbito de que la “captura no es factible” no consigue nada. Primero, los EEUU nunca se han molestado en acusar a Awlaki para que voluntariamente se entregara o para que respondiera a los cargos (aunque en un momento, mucho después de que ordenaran su asesinato, “consideraron” incriminarlo); en cambio, simplemente lo mataron sin demostrar que había ninguna evidencia que apoyara esas acusaciones. ¿Qué justifica eso? Además, el hecho de que el gobierno es incapaz de detener y procesar a un criminal no justifica su asesinato; aparte de alguna resistencia violenta durante la captura, el gobierno no es libre de ir simplemente por ahí matando fugitivos que no han sido condenados a nada. Además, que Awlaki no podía haber sido capturado en un país donde el gobierno es poco menos que un cliente estadounidense es dudoso como poco; si los EEUU podían localizar y entrar en la casa de Osama bin Laden sin la cooperación del gobierno paquistaní, ¿por qué no podían hacer lo mismo con Awlaki in Yemen?

Pero el punto más importante es que Holder no está confinando esta potestad para asesinar a las circunstancias donde la “captura no es factible”. Al contrario, específicamente dice que asesinar “sería legal por lo menos en las siguientes circunstancias”: lo que quiere decir que la potestad declarada del presidente no está confinada a esas condiciones. Como escribió Charlie Savage: “Es significativo que el Sr. Holderno dijo que tal situación es la única en la que sería legal matar a un ciudadano. Más bien dijo que sería legal “al menos” bajo esas condiciones.” No tenemos ni idea de qué lejos la administración Obama cree que su potestad para asesinar se extiende porque rechaza publicar el memorándum legal que lo justifica; no hay marco legal gobernándolo; y no hay transparencia o rendición de cuentas para las órdenes de ejecución del presidente.

* * * * *

En suma, el intento de Holder para hacer parecer todo esto normal y común debería ser un insulto a cualquiera con los más básicos conocimientos de la ley estadounidense. Como el New York Times indicó cuando se confirmó por primera vez el programa de asesinatos en abril del 2010: “La administración Obama ha dado el paso extraordinario de autorizar asesinatos selectivos de ciudadanos estadounidenses… Es extremadamente raro, si no sin precedentes, que un estadounidense sea señalado para ser asesinado, dijeron los oficiales. Un antiguo oficial legal veterano de la administración de George W. Bush dijo que no sabía de ningún caso en el que un presidente aprobara el asesinato selectivo de un estadounidense.” Al día de hoy, ni un sólo ciudadano ha sido identificado.

Como siempre, el punto más importante que hay que señalar de todo el debate es lo perverso y retorcido que es que ni siquiera tengamos este “debate”. Debería ser negado en sí mismo, marginado, para afirmar que el presidente, actuando sin verificar o sin transparencia, puede ordenar que ciudadanos estadounidenses sean ejecutados lejos de cualquier campo de batalla y sin ninguna oportunidad de saber ni siquiera sobre, no digamos refutar, las acusaciones. Que esta política está siendo implementada y defendida por el mismo partido político que pasó la última década tan de boquilla y con oportunismo objetando por potestades mucho menos extremas lo hace a todo lo más repulsivo. Ese hecho lo hace más peligroso, porque -como uno puede ver – el hecho de que es un presidente demócrata el que lo está haciendo, y los oficiales del Partido Demócrata lo justifican, significa que es mucho más fácil de normalizar: muy poco de los seguidores del Partido, especialmente en un año de elecciones, son capaces de hacer mucho alboroto de todo ello.

Y así la potestad presidencial para asesinar se asentará como un consenso bipartidista por lo menos por una generación. Ese será sin duda uno de los aspectos más significativos del legado de Obama. Vamos a no dejar que ningún demócrata que ahora apoya o incluso calla sea oído objetar cuando el siguiente presidente republicano ejerza su poder en el modo que a ellos no les gusta.

Este artículo apareció originalmente en Salon.com

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Repugnante hipocresía progresista

Publicado por moncadista en 27 febrero, 2012

9 de febrero de 2012

Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
27 de febrero de 2012

Durante los años de Bush, Guantánamo fue el centro simbólico del radicalismo del ala derecha y entonces se referían a ello como “el asalto a los valores americanos y el triturado de nuestra constitución”: hasta tal punto que durante la campaña presidencial de Obama, él presentó este asunto no como algo secundario sino como un eje central. Pero ahora que hay un demócrata en el despacho presidiendo lo que se hace en Guantánamo y otras políticas del estilo – en vez de un malvado republicano al que hay que temer – todo eso ha cambiado, como demostraba hoy una encuesta reciente del Washington Post /AbC News:

Los aspectos más delicados de la política antiterrorista de Obama, incluyendo el uso de aviones no tripulados para matar a sospechosos de terrorismo en el extranjero y mantener abierta la prisión militar de la Bahía de Guantánamo, en Cuba, tiene amplio apoyo público, incluyendo desde el ala izquierda del Partido Demócrata.

Obama hizo campaña comprometiéndose a cerrar la prisión militar de la Bahía de Guantánamo y cambiar las políticas de seguridad nacional que había criticado como inconsistentes con la ley y los valores de EEUU, sin embargo, una encuesta reciente del Washington Post-ABC news muestra que tiene poco que temer políticamente al fallar en el cumplimiento de todas esas promesas.

El sondeo muestra que el 70 por ciento de los encuestados aprueban la decisión de Obama de mantener abierta la prisión en la Bahía de Guantánamo… La encuesta enseña que el 53% de los que se identifican como demócratas liberales – y el 67% de los moderados o demócratas conservadores – apoyan mantener la Bahía de Guantánamo abierta, aunque tomara importancia como símbolo de las políticas de seguridad nacional de George W. Bush después del 11 de septiembre, a las que muchos liberales se opusieron con firmeza.

La repugnante hipocresía liberal se extiende más allá del tema de Guantánamo. Un eje central de las críticas de los demócratas fue al asalto a las libertades civiles de Bush/Cheney y a la idea de que el presidente podía hacer lo que quisiera, en secreto y sin control, a cualquiera que él acusara sin juicio de ser un terrorista – incluyendo incluso escuchas en sus comunicaciones o detenerlos sin el debido proceso. Pero el presidente Obama no solo ha hecho lo mismo, sino que ha ido mucho más lejos de las meras escuchas telefónicas o la detención: se ha hecho valer de la potestad para incluso matar a ciudadanos sin el debido proceso. Como dijo esta semana el propio jefe de la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA por sus siglas en inglés) de Bush sobre el asesinato de Awlaki: “Nosotros necesitábamos una orden judicial para hacerle escuchas telefónicas pero no necesitábamos una orden judicial para asesinarlo. ¿No quiere decir algo?” De hecho esto “quiere decir algo”, como el mero hecho de que el que Bush hiciera escuchas telefónicas o detuviera a ciudadanos americanos sin el debido proceso causara tales improperios de los liberales, mientras que las ejecuciones sin el debido proceso de Obama no los causa.

Más allá de esto, Obama ha usado aviones no tripulados para matar niños musulmanes y adultos inocentes por cientosHa rechazado exponersus argumentos legales con los que puede hacer esto o justificar los ataques de alguna manera. Incluso ha atacado a rescatadores y a los que atendían a los funerales de manera deliberada. Como dijo Hayden: “Justo ahora, no hay un gobierno en el mundo que esté de acuerdo con nuestros argumentos legales para estas operaciones, excepto Afganistán y quizás Israel.” Sin embargo, esto parece totalmente normal para la mayoría de los americanos liberales ahora que el líder de su partido lo está haciendo:

El 77 por ciento de todos los demócratas liberales apoyan el uso de aviones no tripulados, lo que quiere decir que es improbable que Obama sufra ninguna consecuencia política en las elecciones de este año como resultado de su política. El apoyo a los ataques por aviones no tripulados a sospechosos de terrorismo permanece alto, cayendo sólo un poco cuando a los encuestados se les pregunta sobre que los atacados sean ciudadanos americanos viviendo en el extranjero, como fue el caso de Anwar al-Awlaki, el americano yemení asesinado en septiembre en un ataque por un avión no tripulado en el norte de Yemen.

Greg Sargent del The Post, consiguió el desglose de estas preguntas y escribió hoy:

El número de los que aprueban los ataques con aviones no tripulados cae cerca de un 20 por ciento cuando a los encuestados se les pregunta qué opinan sobre si son ciudadanos americanos. Pero el 65 por ciento es todavía un número bien alto, sobre todo porque estas políticas realmente deberían ser controvertidas.

Y toma esto: De manera deprimente, los demócratas aprueban los ataques con aviones no tripulados a ciudadanos americanos por un 58-33, e incluso los liberales los aprueban, 55-35. Esos números me los dio el equipo de encuestas del Post.

Es difícil de imaginar que los demócratas y los liberales apoyarían tales políticas en esos porcentajes si el que las llevaran a cabo fuera George W. Bush.

Es más: ¿hay un sólo gurú, blogger o comentarista liberal que habría defendido a George Bush o Dick Cheney si ellos (en vez de Obama) hubieran ejecutado a ciudadanos americanos en secreto sin el debido proceso, o masacrado niños, rescatadores y funerales con aviones no tripulados, o continuando con las detenciones indefinidas incluso una década después del 11 de septiembre? Por favor. Para mí es realmente desconcertante pensar el que cualquiera de estas personas pueda ni siquiera mirarse al espejo, observar la ilimitada deshonestidad intelectual que rezuma y no querer machacar lo que ven.

Uno de los primeros artículos no relacionados con el Acta sobre la Vigilancia y la Inteligencia en el Extranjero (FISA por sus siglas en inglés) que escribí y recibió bastante atención fue este de enero del 2006, titulado “¿Tienen los seguidores de Bush alguna Ideología? Examinaba la manera en la que la derecha que apoyaba a Bush era más un “culto autoritario” que un movimiento político porque sus seguidores no tenían unas creencias políticas reales y fijas; en cambio, argumentaba, el único “principio” que los animaba era la lealtad a su líder, y habrían apoyado cualquier cosa que hiciera sin importar lo dispar que fuera con sus aparentes creencias anteriores. Ese artículo fue enlazado y alabado por decenas de blogs liberales:¿puedes creer qué seguidores tan autoritarios son estos conservadores?, se burlaban al unísonoAquí estaba el punto crucial de mi argumento:

Si uno es un “liberal” – o para el caso un “conservador” – no es ya una cuestión de sus ideas políticas, sino que simplemente sirve para ver su lealtad a George Bush…

La gente que se identifica a sí misma como “conservadora” y siempre se han considerado conservadores se convierten en liberales paganos en el momento en el que no están de acuerdo, incluso en los ámbitos menos ideológicos, con un decreto de Bush. Eso es por lo que el “conservadurismo” es un término que ahora se utiliza para describir lealtad personal al líder (igual que “liberal” se usa para describir deslealtad a ese líder, y ya no se refiere a un conjunto de creencias acerca del gobierno.

Ese “conservadurismo” que ha venido a significar “lealtad a George Bush” es particularmente irónico dado lo no-conservadora que realmente es la Administración… Y en ese aspecto, gente como Michelle Malkin, John Hinderaker, Jonah Goldberg y Hugh Hewitt no son conservadores. Son fanáticos conservadores. Su lealtad no es a unos principios de gobierno sino a una autoridad fuerte a través de un sólo líder.

Como este artículo demuestra, mucho antes de que Barack Obama tuviera ninguna relevancia en la escena política, consideré que la lealtad ciega a un líder es una de las peores toxinas de nuestra cultura política: es la verdadera antítesis de lo que un sistema político saludable necesita (y lo que una mente sana produciría). Una de las razones por las que he escrito tanto sobre el absoluto cambio de rumbo de los progresistas en estos asuntos (de pretender estar totalmente horrorizados cuando lo hecho era por Bush, a tolerarlos o incluso apoyarlos cuando lo hace Obama) es precisamente porque es tan asombroso ver esos rasgos de seguidores autoritarios manifestarse tan fuertemente en el mismo movimiento político – sofisticado, con mentalidad independiente, progresistas con los pies en el suelo – que cree que está por encima de eso, y que solo los primitivos conservadores están plagados de tales seguidores inconscientes.

El Partido Demócrata le debe una sincera disculpa a George Bush, Dick Cheney y compañía por abrazar de manera tan entusiasta muchas de las políticas de terrorismo, las cuales les hicieron lanzar improperios con vehemencia a los republicanos durante todos esos años. Y los progresistas que apoyan la visión de la mayoría tal como se expresa en esa encuesta no deberían ser escuchados de nuevo cuando quieran oponerse a la matanza de civiles y a los asaltos a las libertades civiles cuando sean llevados a cabo por el siguiente presidente republicano (debería llamar la atención sobre que aproximadamente el 35% de los liberales, un número nada despreciable, dicen estar en contra de las políticas de Obama).

Una nota final: He comentado a menudo la cuestión de que uno de los aspectos con más consecuencias del legado de Obama es que ha transformado lo que vino a llamarse el “triturado de la constitución por el ala derecha” en un consenso bipartidista, y eso es exactamente lo que quiero decir. Cuando uno de los dos partidos mayoritarios apoyan cierta política y el otro pretende oponerse – como pasó con esas políticas radicales de la Guerra contra el terror durante los años de Bush – entonces la opinión pública está dividida en esa cuestión, radicalmente dividida. Pero una vez que la política se convierte en el distintivo de ambos partidos políticos, entonces la opinión pública termina apoyándola contundentemente. Eso es porque la gente asume que si ambos partidos políticos apoyan cierta política es porque debe ser sensata, y porque las políticas que disfrutan del consenso bipartidista son retiradas de la esfera del debate predominante. Eso es lo que Barack Obama ha hecho con esas políticas de Bush/Cheney: como Jack Goldsmith predijo allá en 2009, él las ha blindado y protegido como una política de EEUU estándar durante por lo menos una generación, y al llevar a sus seguidores a abrazar esas políticas por ellos mismos ha hecho esto con más éxito que ningún presidente republicano podría haber soñado nunca en conseguir.

Este artículo apareció por primera vez en Salon.

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Rescatadores y funerales son objetivo de los aviones no tripulados de EEUU.

Publicado por moncadista en 25 febrero, 2012


6 de febrero de 2012
Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
23 de febrero de 2012

El 30 de diciembre del año pasado, las noticias de ABC enseñaron cómo un chico paquistaní de 16 años, Tariq Khan, fue asesinado junto a su primo de 12 años cuando el coche que conducía fue atacado por un misil lanzado desde un avión no tripulado estadounidense. Tal como escribí en ese momento, la noticia contenía un pasaje extraordinario enterrado en medio del texto:

Cuando se le preguntó por la documentación de las muertes de Tariq y Waheed, Akbar no presentó fotos de la zona donde explotó el misil . Literalmente no existe ninguna, ya que los aviones no tripulados a menudo golpean a la gente que llega a la escena de un ataque.

Lo que hacía a esa frase tan alucinante era que básicamente pone de relevancia en un informe que EEUU primero mata a gente con los aviones no tripulados y después dispara sobre los rescatadores y otros que llegan al escenario donde yacen los cadáveres y los heridos.

En un informe bien documentado que acaba de publicarse, la Agencia de Periodismo de Investigación, en pro del Sunday Times, explica que esto es lo que EEUU está precisamente haciendo – y peor:

Una investigación por la Agencia del Sunday Times ha revelado que la campaña con los aviones no tripulados de la CIA en Paquistán ha matado a docenas de civiles que habían ido a ayudar a rescatar a las víctimas o estaban atendiendo los funerales.

Estos hallazgos se han publicado solo unos días después de que el presidente Obama haya afirmado que la campaña de los aviones no tripulados en Paquistán era un “esfuerzo bien enfocado y con un objetivo claro” que “no ha causado un gran número de bajas civiles”…

Una investigación que duró tres meses en la que se incluían testigos oculares ha encontrado evidencias de que al menos 50 civiles fueron asesinados en sucesivos ataques cuando iban a ayudar a las víctimas. Más de 20 civiles han sido también atacados en bombardeos deliberados durante los funerales y los duelos. Los procedimientos han sido condenados por importantes expertos legales.

Aunque los ataques con los aviones no tripulados empezaron durante la administración de Bush en el 2004, se han incrementado enormemente bajo el mandato de Obama.

La administración Obama ha llevado a cabo 260 ataques por Predators o Reapers no tripulados en Pakistán, lo que da una media de uno cada cuatro días.

Como ya señalé, en los medio de comunicación americanos han habido apenas algunos apuntes desperdigados y casi todos escondidos de que los aviones no tripulados estaban matando a los rescatadores. Tal como la Agencia lo puso: “Entre mayo del 2009 y junio del 2011, agencias de noticias creíbles , incluyendo al New York TimesCNNAssociated PressABC News y Al Jazeera informaron de al menos 15 ataques contra rescatadores.” El nuevo informe de la Agencia también documenta bien que se estaban matando civiles que atendían los funerales de las víctimas de los aviones no tripulados:

Otros métodos también están preocupando. El 23 de junio de 2009 la CIA mató a Khwaz Wali Mehsud, un rango medio del comando talibán de Pakistán. Ellos planearon usar su cuerpo como cebo para pescar un pez más grande: Baitullah Mehsud, un importante líder de los talibanes paquistaníes en ese momento.

De acuerdo con el corresponsal de seguridad nacional del Washington Post Joby Warrick, en su reciente libro “El Agente Triple”: “Se tramó rápidamente un plan para golpear a Baitullah Mehsud mientras atendiera al funeral del hombre,” . “Cierto, el comandante… estuvo bien vivo mientras el plan iba tomando forma. Pero él no lo estaría por mucho tiempo.”

La CIA mató en su momento a Khwaz Wali Mehsud en un ataque con un avión no tripulado que mató al menos a otros 5…

Hasta 5000 personas atendía el funeral de Khwax Wali Mehsud esa tarde, incluyendo no sólo militantes talibanes sino muchos civiles. Los aviones no tripulados de EEUU atacaron de nuevo, matando por lo menos a 83 personas. Por lo menos habían 45 civiles, entre los que se documentaron diez niños y cuatro líderes tribales.

La agencia cita a muchos expertos declarando lo que es obvio: atacar rescatadores y los que atienden a un funeral es a ojos vista ilegal y prácticamente viene a ser un crimen de guerra:

Clive Stafford-Smith, el abogado que encabeza la organización no gubernamental Reprieve dedicada a asuntos legales, cree que esos ataques “son como atacar a la Cruz Roja en un campo de batalla. No se justifica atacar a nadie que no sea un combatiente.”

Christof Heyns, un profesor de derecho sudafricano, que es el enviado especial para Naciones Unidas en ejecuciones extrajudiciales, está de acuerdo. “Alegaciones de repetidos ataques que suceden media hora más tarde del primero mientras personal médico está en el terreno son muy preocupantes”, dijo. “Atacar civiles sería un crimen de guerra.” Heyns está pidiendo una investigación sobre los hallazgos de la Agencia.

Lo que hace a esto más llamativo aún es qué conservadora (incluso hasta el punto de estar equivocados) es la metodología y el reporte de la Agencia. Un informe que fue noticia el pasado julio, fue diseñado para demostrar (y lo hizo sin duda) que el consejero anti-terrorista más importante de Obama, John Brennan, mintió cuando dijo esto sobre los ataques de aviones no tripulados en Paquistán: “en el último año, no ha habido ni una sola muerte colateral gracias a la excepcional pericia y exactitud de las habilidades que hemos sido capaces de desarrollar.” El informe de julio de 2011 de la Agencia concluyó que la afirmación de Brenna era manifiestamente falsa: “La agencia hizo un examen detallado de 116 ataques por aviones no tripulados de la CIA en Paquistán desde agosto del 2010 y ha descubierto al menos 10 ataques individuales en los que parecían haber muerto 45 o más civiles.” Como señalé en ese momento - y de nuevo cuando entrevisté a Chris Woods de la Agencia - su metodología garantiza virtualmente una importante estimación a la baja del número de civiles muertos (y, de hecho, su número de julio de 2011 fue mucho más bajo que el de otros informes creíbles) porque ellos sólo cuentan a alguien como un “civil” cuando pueden probar absolutamente sin ninguna duda que la persona que murió por el ataque lo era. La dificultad para informar y obtener información verificable en Waziristan asegura que algunos civiles muertos no serán susceptibles a tan alto nivel de pruebas documentadas, y de esa manera no será cuantificado por la metodología que sigue la Agencia.

La cuestión es que la Agencia es extremadamente escrupulosa, quizás en exceso, en las afirmaciones que hace sobre las víctimas civiles por ataques de aviones no tripulados. Sus descubrimientos de ataques deliberados a rescatadores y a los que atienden a los funerales se apoyan en amplios y verificados testimonios presenciales, investigación sobre terreno y con informes públicos, los cuales la Agencia ha documentado en su totalidad. Como dijo Wood por correo electrónico: “Hemos estado trabajando durante meses con investigadores sobre terreno en Waziristan para verificar independientemente los informes originales. En 12 casos podemos confirmar que en efecto se atacó a los rescatadores y a los que atendían a los funerales.”

Como señala el informe, es particularmente destacable que esos descubrimientos le van pisando los talones a la reciente fanfarronada de Obama sobre la eficacia de los aviones no tripulados y en concreto su afirmación de que esa política “no ha causado un enorme número de víctimas civiles”, añadiendo que era “importante para todo el mundo entender que este asunto se haya mantenido muy controlado.” Comparad esa afirmación con la conclusión realmente subestimada de la Agencia de que “desde que Obama tomó el despacho hace tres años, se han reportado de manera creíble entre 282 y 535 civiles muertos incluyendo más de 60 niños.” Y atacar rescatadores y funerales de tus víctimas es totalmente lo opuesto a mantener el programa “muy controlado”. Como indicó Samiullah Khan, uno de los investigadores en terreno de la Agencia:

En una situación de guerra no se le permite a nadie atacar a la Cruz Roja. Los rescatadores son lo mismo. No puedes atacar rescatadores. Ya lo sabes, el número de Talibanes está aumentando día a día en Waziristan, porque se está matando a inocentes y rescatadores cada día.

Estrictamente hablando, la legalidad de atacar a los rescatadores puede ser ambigua porque, tal como indicaba la Agencia: “Es un crimen de guerra bajo las Convenciones de Ginebra atacar a los que lleven el emblema de la Cruz Roja o la Luna Creciente. Pero, ¿qué pasa si los rescatadores no llevan emblemas, o si los civiles están mezclados con los militantes, como la investigación de la Agencia sobre los ataques de los aviones no tripulados en Waziristán ha encontrado repetidamente?” Pero no hay ninguna ambigüedad sobre su moralidad, o la de atacar a los funerales (recordar la peor parte del vídeo publicado por WikiLeaks del ataque en Bagdad: que el helicóptero Apache primero disparó contra un grupo en el que habían periodistas de Reuters, después dispararon contra la gente que llegaba a ayudar a los heridos). Independientemente de lo que sea verdad, parece muy probable que Barack Obama es el primer premio nobel de la paz que, después de recibir su premio, comandó el ataque deliberado de rescatadores y funerales de sus víctimas.

ACTUALIZACIÓN:Tal vez de aquí vino la idea de atacar rescatadores:

17 de mayo de 2004
El FBI de nuevo advierte de artefactos explosivos secundarios. Se pide precaución a los oficiales para que vigilen los alrededores.

El FBI ha advertido de nuevo a las fuerzas de seguridad de EEUU que los terroristas pueden usar artefactos explosivos secundarios para matar y herir al personal de emergencia que está respondiendo a  un ataque inicial.

PoliceOne” ha enviado anteriormente alertas de este tipo, y nosotros advertimos de nuevo a las fuerzas de la ley que estén vigilantes de ataques o explosiones secundarias durante los incidentes de tipo terrorista .

En su boletín semanal enviado el miércoles tarde, el FBI pide precaución a los oficiales de policía y a otros para que vigilen cuidadosamente sus alrededores.

El boletín decía: “Estos artefactos pueden estar escondidos en objetos cotidianos tales como vehículos, maletines, maceteros o cubos de basura; o pueden ser ataques suicidas secuenciales en la misma localización, y son por lo general detonados menos de una hora después del primer ataque, con el objetivo de afectar a los primeros en responder así como a la población en general,”

O a lo mejor venía de aquí:

La viuda de un oficial de policía de Birmingham, Alabama, denunció que Eric Rudolph, el terrorista que puso la bomba, era un monstruo el lunes siguiente de que un juez federal lo sentenciara a cadena perpetua por el atentado que mató a su marido en 1998.

El Juez distrital de EEUU en Birmingham Lynwood Smith sentenció a Rudolph a dos cadenas perpetuas consecutivas sin posibilidad de recurso en conexión con el ataque con bomba de enero de 1998 en la clínica “New Woman All Women”, en la que se llevan a cabo abortos…

Después de los atentados de Atlanta, Rudolph pretendía atentar contra agentes federales al colocar bombas secundarias cerca, programadas para detonar después de que la policía llegara a investigar la primera explosión.

En enero de 1997, una bomba explotó en la clínica de Servicios de Planificación Familiar de Northside, en un suburbio de Sandy Springs in Atlanta. Una segunda bomba explotó una hora más tarde, hiriendo a siete personas.

Un mes más tarde, cuatro personas fueron heridas en una explosión en una explosión en “Otherside Lounge” en Atlanta. La policía encontró una segunda bomba y la inactivó antes de que estallara.

O quizás es de aquí: un informe del 2007 de Seguridad Nacional sobre terrorismo, explica que esta es el sello característico de los ataques terroristas de Hamas:

El método que se empleaba era imitar la táctica favorita de Hamas, el “doble golpe;” un artefacto es detonado, y cuando la policía y otros llegan primero al lugar, un segundo y más potente artefacto es detonado para producir más víctimas y sembrar el pánico. Tanto si los terroristas fueron directamente apoyados por Hamas o solamente inspirado por sus acciones, fueron técnicamente eficientes; un experto del FBI recreó un arma similar para probar, y funcionó adecuadamente.

Cuando se describía a Hamas, Seguridad Nacional incluso bautizó esos ataques con un nombre: “el doble golpe.” Independientemente de que sea verdad, esta conducta es algo que el FBI, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS por sus siglas en inglés), el Departamento de Justicia (DOJ por sus siglas en inglés) y las cortes federales han denunciado formalmente como terrorismo.

ACTUALIZACIÓN II: Esta semana, del 6 al 11 de febrero estaré hablando en numerosos eventes alrededor del país sobre el estado de las libertades civiles. Estaré en Nueva York, Indiana, Tennessee, Ohia y – para llevar la idea central a la cena anual de la Unión de Libertades Civiles Americana (ACLU por sus siglas en inglés) – en Boise, Idaho. Todos los eventos son abiertos al público. La información de los eventos está aquí.

ACTUALIZACIÓN III: AP reportó la semana pasada que “los oficiales del Premio Nobel de la Paz estaban afrontando una investigación formal sobre acusaciones por las que ellos se habrían alejado de los criterios originales del premio al escoger a ganadores como el Presidente Barack Obama.” Específicamente:

La investigación se da después de insistentes quejas por un investigador noruego sobre la paz que indica que el propósito original del premio fue disminuir el rol del poder militar en las relaciones internacionales.

Si el comité del Condado de Estocolmo, el cual supervisa las fundaciones de la capital sueca, encuentra que el premio no está honorando el legado de Alfred Nobel, tiene la autoridad para suspender las decisiones para premiar que se dieron tres años atrás – aunque esto sería improbable y sin precedentes, como dijo Mikael Wiman, un experto legal trabajando para el condado…

Fredrik Heffermehl, un importante investigador y crítico del proceso de selección dijo a “The Associated Press” el miércoles que “Nobel lo llamó un premio para los campeones de la paz.”

“Y es innegable que él tenía en mente un movimiento pacífico, por ejemplo un desarrollo activo de la ley internacional y las instituciones, un nuevo orden mundial donde las naciones pueden reducir con seguridad los armamentos nacionales” dijo…

“¿Ves a Obama como un promotor de la abolición de lo militar como una herramienta de relaciones internacionales?” preguntó Heffermehl retóricamente.

Esto de hecho es una pregunta retórica.

Este artículo apareció originalmente en Salon.

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Leon Panetta: Es legal asesinar ciudadanos estadounidenses

Publicado por moncadista en 13 febrero, 2012

2 de febrero de 2012

Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
11 de febrero de 2012

Scott Pelly de las noticias de CBS parece ser uno de los pocos periodistas americanos molestos o incluso interesados por el hecho de que el Presidente Obama ha hecho valer y ha utilizado la potestad para que la CIA ejecute a ciudadanos de EEUU sin un atisbo del debido proceso y lejos de cualquier campo de batalla. Fue Pelly quien hábilmente entrevistó al candidato presidencial republicano en el debate de noviembre sobre si los asesinatos sin el debido proceso eran apropiados, incitando a Newt Gingrich, Mitt Romney y Michele Bachmann a aplaudir al presidente Obama por asesinar al ciudadano de EEUU Anwar Awlaki (tal como Rick PerryDick and Liz Cheney y Bill Kristol habían hecho ya). Anoche, Pelly hizo lo mismo cuando entrevistó en 60 minutosal secretario de defensa y ex-jefe de la CIA Leon Panetta. Vale la pena ver este vídeo de 3 minutos porque, aunque panetta no dice nada nuevo (simplemente afirma los eslóganes estándar y las afirmaciones no demostradas que los defensores de Obama siempre utilizan en este asunto), viendo a un alto oficial de Obama ante un buen interrogatorio, defender la potestad de asesinar a ciudadanos de EEUU muestra profundamente la mentalidad autoritaria que hay detrás de todo esto.

Vídeo de la CBS

Las respuestas de Panetta están impregnadas de afirmaciones dudosas o incluso falsas. Por ejemplo, es falso que los EEUU proveyeran del debido proceso a todo aquel detenido por terrorismo. Más bien al contrario, la administración Obama ha estado reteniendo durante años sin cargos a docenas de sospechosos de terrorismo y el presidente Obama acaba de firmar una ley que le da poder para detener indefinidamente a personas acusadas de terrorismo. Pero si incluso fuera verdad que todos los sospechosos de terrorismo que son detenidos se les diera el debido proceso, esto solamente refuerza lo qué perversa es la situación para afirmar la potestad para ejecutarlos sin el debido proceso. Después de todo, ¿cómo puede ser que el gobierno tenga que probar la culpabilidad para encarcelar terroristas pero no para ejecutarlos?

Pero esta es sin duda una de las hipocresías más grandes de las políticas del Partido Demócrata. Exactamente la misma facción que pretendía hace años estar tan escandalizada solo por las escuchas y por la detención de acusados de terrorismo sin el debido proceso está ahora tan contenta de tener a su propio presidente matando a acusados de terrorismo sin el debido proceso, incluso cuando las víctimas son su conciudadanos: obviamente un abuso mucho más “draconiano” y permanente que las escuchas o las detenciones (exactamente la misma facción que protestaba contra la teoría radical de Bush de que el mundo entero es un campo de batalla, ahora debe abrazar justo esa teoría para justificar cómo alguien conduciendo un coche, o sentado en casa, o durmiendo en su cama, en un país donde no hay una guerra declarada, está en un “campo de batalla” en el momento que la CIA termina con su vida).

Es igualmente falso a la vez que engañoso y perverso, cuando Panetta asegura que un ciudadano en la posición de Awlaki podría venir a EEUU para asegurarse de que se le garantiza el debido proceso. Por un lado, Awlaki nunca fue acusado o culpado de nada en los EEUU – simplemente fue ejecutado sin cargos (la administración Obama, después de intentar matarlo, supuestamente “consideró” acusarlo de crímenes en algún momento pero nunca lo hizo) – por lo que no había nada por lo que él podría haberse entregado, incluso si hubiera querido.

Peor aún, la lista negra del presidente Obama de los que él aprueba para ser asesinados es totalmente secreta; nosotros supimos que Awlaki fue señalado solo porque alguien filtró el hecho a Dana Priest. La manera en la que el proceso funciona normalmente, tal como describió Reuters, es que los americanos señalados son seleccionados “por un panel secreto de oficiales veteranos del gobierno, los cuales después informan al presidente de sus decisiones”; además, “no hay un registro público de las operaciones o de las decisiones del panel” ni “ninguna ley que establezca su existencia o ponga las reglas por las que se supone tiene que operar.” Por lo que sin una filtración fortuita (actos por los que la administración Obama de manera vengativa está ejerciendo el más severo castigo), sería imposible para los ciudadanos americanos saber que han sido seleccionados para ser ejecutados por el presidente Obama (y así, obviamente imposible garantizarse a uno mismo los derechos del debido proceso para pararlo).

Mucho peor, si un americano señalado para ser asesinado comenzara un procedimiento judicial para intentar detener el intento de asesinato en ausencia de juicio – tal como el padre de Awlaki hizo en nombre de su hijo, con la ayuda de la Unión de Libertades Civiles Americana (ACLU por sus siglas en inglés) y el Centro por los Derechos Constitucionales (CCR por sus siglas en inglés)- entonces el Departamento de Justicia (DOJ por sus siglas en inglés) de Obama insistirá en que las razones para el asesinato son “secretos de Estado” y no pueden ser examinadas judicialmente, e independientemente, que tales son asuntos que sólo el presidente decide por lo que las cortes no tienen ningún papel que jugar interfiriendo con tales decisiones (ver PUNTO II). Las cortes americanas, en su mayor parte respetuosas con los reclamos de secretismo y autoridad presidenciales después del 11 de septiembre, aceptan tales reclamos casi por reflejo. En otras palabras, si un estadounidense en la mira intenta hacer valer su derecho al debido proceso, la administración de Obama irá a la corte y tomará exactamente la posición contraria a la que Panetta está afirmando aquí: a saber, que la persona no tiene el derecho a que una corte interfiera en la orden de asesinato del presidente.

Por lo que por muchas razones, la declaración de Panetta es completamente falsa: ciudadanos americanos señalados en secreto por el presidente Obama para ser ejecutados no tienen la manera de conseguir el debido proceso incluso en el improbable caso de que se enteren de que han sido de hecho señalados. Y todo esto es independiente de la idea distorsionada de Panetta de que un estadounidense tiene que estar en suelo de EEUU para reclamar protección constitucional, un gran rechazo de la bien arraigada ley constitucional por la que los estadounidenses tienen el derecho a viajar al extranjero y que cuando lo hacen mantienen sus derechos constitucionales contra el gobierno de EEUU, incluso estando en suelo extranjero. Como la corte suprema decretó en 1956, específicamente discutiendo el requerimiento de que si un ciudadano tiene que ser juzgado antes de ser castigado puede ser obviado (énfasis añadido):

Al principio, rechazamos la idea de que, cuando los Estados Unidos actúan contra ciudadanos en el extranjero, puede hacerlo sin acatar la Carta de Derechos. Los Estados Unidos son totalmente una criatura de la Constitución. Su poder y autoridad no tienen otra fuente. Solo pueden actuar de acuerdo con todas las limitaciones impuestas por la Constitución. Cuando el gobierno alcanza a castigar a un ciudadano que está en el extranjero, el escudo que provee la Carta de Derechos y otras partes de la Constitución para proteger su vida y libertad no debería ser despojado sólo porque esté en otra tierra. Esto no es un concepto de novela. Por el contrario, es tan viejo como el gobierno.

Pero el último punto es el más importante y revelador de todos: todo el caso de Panetta descansa en una simple afirmación, sin probar, de que Awlaki era un terrorista intentando “matar americanos.” Eso, por supuesto, es precisamente lo que está en cuestión: verdaderos expertos en Yemen han cuestionado ampliamente si Awlaki tenía ningún papel operacional en Al Qaeda (tan opuesto a ese papel como su abogado, el cual es protegido claramente por la libertad de expresión). No se ha presentado ninguna evidencia pública que pruebe que Awlaki tenía ese papel. Simplemente tenemos las acusaciones de oficiales del gobierno que no han sido comprobadas o verificadas. Acusaciones como la de Leon Panetta diciendo que es culpable: en otras palabras, no tenemos nada más que decretos de culpabilidad. La constitución de los EEUU, en primer lugar, fue diseñada para prohibir la aplicación de castigos basados en acusaciones del gobierno que no han sido verificadas o probadas en una corte de justicia; para aquellos que lo duden, tan solo leer las disposiciones relevantes (“Ninguna persona será condenada de ningún delito sin el testimonio de dos testigos en el mismo acto público, o una confesión en una Corte abierta”; ninguna persona será privada de vida, libertad o propiedad sin el debido proceso legal”).

Sin embargo, como escribí el otro día, “Los EEUU son realmente una sociedad que no cree más en el debido proceso: en el momento que el rasgo que define la libertad de EEUU es despreciado como una clase de doctrina marginal, radical y académica.” En cambio:

Defensores de ambos partidos políticos apoyan, o al menos toleran, todos los modos de castigo gubernamental sin simular ni siquiera un juicio, basado únicamente en la acusación del gobierno: encarcelamiento de por vida, traslados a terceros países, incluso asesinatos de compatriotas. Simplemente pronunciando la palabra terrorista, sin probarlo, es suficiente.

Aquí tenemos al Secretario de Defensa, por mucho tiempo Demócrata, Leon Panetta, diciéndote tan claro como puede que esta es exactamente la premisa para actuar de la administración en la que sirve: una vez que el Presidente te acusa de ser un terrorista, una decisión tomada en secreto y sin ningún control o debido proceso, podemos hacer lo que queramos contigo, incluyendo ejecutarte donde sea que te encontremos. Es difícil saber qué es más extraordinario: que él se siente tan cómodo diciendo esto abiertamente, o que a tan poca gente parezca importarle.

Jake Tapper de las noticias de ABC presionó en octubre al portavoz de la Casa Blanca Jay Carney sobre las pruebas que la administración tenía que demostraran la culpabilidad de Awlaki, y se emitió el mismo decreto autoritariohemos dicho que es un terrorista y no hace falta decir nada más.

>Este artículo apareció originalmente en salon.com el 30 de enero de 2012.

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La justicia occidental: La potestad para asesinar sin presentar pruebas

Publicado por moncadista en 8 febrero, 2012

24 de enero de 2012
Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
07 de febrero de 2012

El sábado en Somalia, los misiles de EEUU disparados desde un avión no tripulado mataron al ex-ciudadano británico Bilal el-Berjawi, nacido en Líbano y de 27 años de edad. Su esposa había dado a luz 24 horas antes y se especula que los EEUU lo localizaron cuando su esposa lo llamó para darle la noticia.

Hace apenas un año, a El-Berjawi se le despojó de su ciudadanía británica, (que obtuvo cuando su familia se mudó a ese país cuando era un niño), mediante una ley anti-terrorista del gobierno británico del 2006 – aprobada después del atentado del metro de Londres – que el actual gobierno está usando cada vez con más frecuencia para despojar de la ciudadanía a supuestos terroristas con doble nacionalidad (sin dar ninguna explicación sobre el hecho).

La familia de El-Berjawi niega encarecidamente que estuviera envuelto en terrorismo, pero nunca fue capaz de apelar contra la orden contra él por esta razón:

Se suponía que Berjawi estaba en miras de apelar en contra de la orden, pero los abogados que representaban a su familia fueron incapaces de recibir instrucciones suyas por la preocupación de que cualquier teléfono de contacto podría llevar a un ataque con un avión no tripulado.

Obviamente esas preocupaciones eran fundadas. O sea que primero los EEUU intenta asesinar gente, después montan acusaciones contra ellos para ser difundidas, para que los individuos, temiendo por su vida, sean incapaces de defenderse. Mientras tanto, no se ha dado ninguna explicación o prueba sobre la negativa ley del gobierno o el asesinato: es simplemente un decreto secreto y así seguirá siendo.

Exactamente lo mismo pasó con el ciudadano estadounidense Anwar Awlaki. Cuando la Unión de Libertades Civiles Americana (ACLU por sus siglas en inglés) y el Centro por los Derechos Constitucionales (CCR por sus siglas en inglés), representando al padre de Awlaki, interpuso una demanda contra el presidente Obamapidiendo a una corte federal imponerse al presidente por matar a su hijo americano sin un juicio, el departamento de justicia de Obama insistió (y la corte al final aceptó) que Awlaki en persona era el que tenía que demandar. Obviamente, eso era imposible dado que la administración Obama había admitido que estaba intentando matarlo y seguramente habría hecho eso en el mismo momento que asomara la cabeza para contactar con sus abogados (de hecho, EEUU intentó matarlo cada vez que creían que lo habían localizado, hasta que lo consiguieron). Por lo que de nuevo en el caso de Awlaki: los EEUU señalan a alguien para matarlo, y después la incapacidad de defenderse a sí mismos es usado como un arma para denegar sus derechos legales.

La negativa a ser transparentes es lo mismo. Desde que Awlaki fue asesinado, la administración de Obama ha rechazado firmemente revelar no solo ninguna prueba que justifique las acusaciones de terrorismo contra él, sino ni siquiera las teorías legales que están usando para afirmar la potestad para condenar a ciudadanos estadounidenses a morir sin acusaciones. Un memorándum legal secreto autorizando el asesinato de Awlaki, elaborado por los abogados de Obama David Baron y Marty Lederman, permanece secreto.

Durante los años de Bush, los abogados de Obama condenaron vehementemente como “ley secreta” tiránica el rechazo del Departamento de Justicia de Bush a liberar incluso un memorando legal de la Oficina del Consejo Legal (OLC por sus siglas en inglés). Uno de los abogados que más ruido hacía sobre las maldades de la “ley secreta”, Dawn Johnsen (el elegido, aunque nunca confirmado, por Obama para ser jefe de la OLC) durante los años de Bush me dijo en octubre: “De ninguna manera apoyo el encubrimiento por parte de la OLC del memorando de Awlaki…. La administración Obama debería hacer público cualquier memorándum existente explicando por qué cree que tiene autoridad para llevar a cabo asesinatos selectivos o del mismo modo hacer público un análisis legal detallado de las competencias que dice tener.

Un informe del “Daily Beast” dice que la administración Obama finalmente va a romper su silencio” sobre el asesinato de Awlaki, pero aquí tenéis lo que revelará y lo que no:

En las próximas semanas, según los cuatro participantes en el debate, el procurador general Eric Holder Jr. planea hacer un discurso trascendental sobre el archivo de seguridad nacional de la administración. Insertado en este discurso estará meticulosamente expresado la firme defensa de su derecho a señalar como objetivos a ciudadanos estadounidenses…

Un borrador anticipado del discurso de Holder identificó el nombre de Awlaki, pero como concesión a preocupaciones del grupo de inteligencia, se quitaron todas las referencias a al Qaeda. Tal como está escrito ahora, el discurso no hace mención a la operación de Awlaki, y no revela nada de inteligencia en que la administración se basó para llevar a cabo su asesinato.

En otras palabras, van a enviar a Eric Holder a afirmar que el Gobierno de EUU tiene el poder para señalar a ciudadanos de EEUU para ser asesinados por aviones no tripulados de la CIA, pero ni siquiera describirán una sola prueba que justifique la afirmación de que Awlaki era culpable de algo. De hecho, ni siquiera mencionarán su nombre. Como dijo Marcy Wheeler:

Esto es simplemente un compromiso estúpido. Todos sabemos que la administración mató a Awlaki. Todos sabemos que la Administración usó un ataque con aviones no tripulado para hacerlo..

El problema – el problema que golpea en el mismo corazón de la responsabilidad democrática -es que los planes de la Administración para mantener en secreto los detalles que probarían (o no) que Awlaki era lo que la Administración felizmente afirma que está bajo anonimato, todo esto mientras afirman que esa información es precisamente un secreto de estado.

La Administración parece estar planeando hacer un gran discurso antiterrorista – ¡ey! ¡Otra oportunidad de nuevo para jactarse de haberse deshecho de Osama bin Laden! – sin revelar precisamente esos detalles que serían necesarios para distinguir este asesinato, a este país, del de un dictador cualquiera.

La CIA parece haber forzado a nuestro Presidente elegido democráticamente a que no puede ofrecer el tipo de transparencia necesario para seguir siendo una democracia. Te podemos matar – parecen estar planeando decir – y nunca tendremos que probar que hacerlo era justo. ¡Tendrás que confiar en nosotros!

Este, por supuesto, es el corazón y alma de la mentalidad de la administración cuando se trata de esos asuntos, y ¿por qué no? Entre Republicanos que siempre aplaudieron los asesinatos de musulmanes con o sin explicación o transparencia y los Demócratas que lo hacen cuando su líder es el asesino, al final no hay ninguna presión política para que se expliquen. Esta revelación planeada si sirve de algo es para empeorar el problema, ya que tendremos el espectáculo de Eric Holder, revolcándose en una pomposidad legal de su propia integridad, para al final defender el poder de Obama que ya está utilizando -para asesinar a ciudadanos de EEUU en secreto y sin control – pero ocultando lo que es más necesario: las pruebas de que Awlaki era lo que el gobierno de los EEUU afirma que es. Esto simplemente sirve para reforzar el mensaje que el gobierno envía repetidamente: como Marcy indica, “Podemos matarte y nunca tendremos que probar que hacerlo era justo. ¡Tendrás que confiar en nosotros!” El experto en Yemen Gregory Johnsen añadió :”La opinión legal de EEUU sobre Awlaki es una cosa, pero se basa en asunciones hechas por el grupo de inteligencia, y que no será revelado.”

Esto ya no le parece radical a nadie – porque ha sido normalizado -porque viene dándose desde hace tanto, y lo que es más importante, ahora forma parte del consenso bipartidista. Pero para ver lo extremo que llega a ser esto, para entender qué salida tan radical es, sólo considerad lo que el neocon embajador de Israel durante Bush, Martin Indyk, dijo a los israelíes en el 2001, como señalaba este artículo de opinión de Mary Ellen O’Connell en el Guardian cuando comparaba los asesinatos de Obama con el programa de torturas de Bush:

El gobierno de los Estados Unidos es muy claro conste en acta en que está en contra de los asesinatos selectivos. Son asesinatos extrajudiciales, y nosotros no apoyamos eso.

Lo que el embajador durante George Bush condenó a la cara a los israelíes sólo hace una década como algo de lo que estaba firmemente en contra, se ha convertido ahora en una constante de la política del gobierno: dirigido incluso a sus propios ciudadanos, y llevado a cabo en completo secreto. Y aquellos que se tiran años burlándose del concepto de que “el 11-9 lo cambió todo” no tendrán otra opción que invocar el mantra propagandístico para poder defender esto: ¿qué más hay que decir?

Este artículo apareció originalmente en Salon.com

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La “Unión de Libertades Civiles Americana” (ACLU) sobre Obama y las libertades fundamentales.

Publicado por moncadista en 31 enero, 2012

Glenn Greenwald.

9 de septiembre de 2011.

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
30 de enero de 2012

Nota editorial de El Mundo no Puede Esperar.
Este artículo fue escrito antes de que Obama firmara como ley el Acta de autorización de Defensa Nacional (NDAA por sus siglas en inglés) a finales de diciembre de 2011.

La “Unión de Libertades Civiles Americana” (ACLU por sus siglas en inglés) decidió usar el décimo aniversario del ataque del 11/9 para hacer un informe exhaustivo sobre la erosión de las libertades civiles justificadas en el nombre del suceso, una erosión que – como documenta – no ha menguado en lo más mínimo, incluso a menudo se ha acelerad, bajo la administración Obama. La organización hoy trata un informe titulado “Un llamado al coraje: reclamando nuestras libertades diez años después del 11 de septiembre; este título pretende subrayar la ironía de que los líderes políticos que se pavonean alrededor como guerreros valientes contra el terrorismo en verdad dependen de un arma principal – sembrar miedo: la ausencia de coraje – para conferir al gobierno con más poderes incluso y a la ciudadanía con menos derechos si cabe. En el país, la “Guerra contra el Terror” ha sido, y continúa siendo, una guerra contra las libertades políticas básicas más que otra cosa. Las cuestiones concretas que aparecen en esta nuevo informe de la ACLU no serán ni mucho menos nuevas para muchos de nuestros lectores, pero dado el estatus de la organización entre los proguesistas así como de los principales grupos defensores de derechos en el país, y debido a que el informe trata estos temas muy por encima, merece mucho la pena subrayar algunos de sus conclusiones clave.

Empecemos con el resumen de la valoración que hace la ACLU sobre lo que el presidente Obama ha hecho con respecto a estos asuntos:

Hace diez años, no podríamos habernos imaginado a nuestro país involucrado en políticas sistemáticas de tortura y asesinatos selectivos, traslado de sospechosos desde otros países y teléfonos pinchados sin orden judicial, comisiones militares y detención indefinida, vigilancia política y discriminación religiosa. Esas políticas no sólo estaban completamente reñidas con nuestros valores, sino que participando en ellas, tensamos las relaciones con nuestros aliados, damos una herramienta de propaganda a nuestros enemigos, socabamos la confianza de las comunidades cuya cooperación es esencial para luchar contra el terrorismo, y desviamos recursos ya de por sí escasos dedicados a defender la ley. Algunas de estas políticas se han parado. La tortura y el traslado de sospechosos desde otros países ya no son oficialmente consentidos. Pero muchas otras medidas – detención indefinida, asesinato selectivo, juicios por comisiones militares, vigilancia sin garantías, y discriminación racial – siguen siendo elementos clave de nuestra estrategia de seguridad nacional hoy.

La semana pasada, el principal abogado y veterano de la CIA con 34 años de servicio, John Rizzo, explicaba en PBS Frontline que Obama no ha cambiado virtualmente ninguna de las políticas de Bush en ese area, y esta semana, la Unión de Libertades Civiles Americana (ACLU por sus siglas en inglés) explica que “hoy la mayoría de las políticas (de Bush) siguen siendo elementos clave de nuestra estrategia de seguridad nacional.” En algún momento muy pronto, será imposible que los más leales de ambos partidos puedan negar esta verdad básica sin echarse a reir, ya que ambos han sido entusiastas, cada uno por sus propias razones, en denegarla (e incluso las dos diferencias citadas allí, si bien son positivas, son ampliamente exageradas por los defensores de Obama: las técnica de torturas autorizadas por Bush ya no estaban siendo utilizadas y los centros clandestinos de detención estaban vacíos cuando Obama tomó posesión; al contrario, hay claras evidencias de que la administración Obama continúa usando la tortura de manera indirecta y el traslado de prisioneros a los centros de detención clandestinos de manera indirecta también).

La ACLU entonces subraya una de las más perversas, aunque reveladoras, ironías en la opinión sobre libertades civiles del Partido Demócrata en la era Obama: la manera en el que el simple intento de Bush de encarcelar a ciudadanos de los EEUU sin el debido proceso (o simplemente escuchas secretas a ciudadanos) dio lugar a semejante escándalo, mientras que el que Obama reclame el derecho a asesinar ciudadanos estadounidenses sin el debido proceso no ha provocado literalmente ninguna protesta:

De esa manera un ciudadano estadounidense detenido por militares y llevado a una cárcel en Nueva York, señalado por el Presidente Bush como un “combatiente enemigo”, y encerrado en un calabozo de la marina sin cargos o juicio. De esa manera el presidente Bush, echando mano de poderes de guerra y en secreto se declara con autoridad para violar las prohibiciones del Congreso e ignorar la necesidad de autorización judicial para ordenar el seguimiento electrónico de ciudadanos americanos. De esa manera el presidente Obama echó mano de una autoridad sin restricciones para usar fuerza letal contra ciudadanos estadounidenses, lejos de cualquier campo de batalla, en base a su propia y unilateral determinación de que el ciudadano supone una amenaza a la nación. Y de esa manera el Congreso aprobó leyes para poder detener prisioneros en Guantánamo de manera indefinida, incluso aunque la prisión sea una mancha en la conciencia y la historia de nuestra nación y una herramienta de reclutamiento para nuestros enemigos.

De manera crítica la ACLU pone énfasis en que esta fijación de Obama – los programas ampliamente expandidos de asesinar selectivamente a ciudadanos estadounidenses lejos de cualquier campo de batalla – es una amenaza al estado de derecho, y por lo menos tan peligroso como cualquier política implementada por Bush/Cheney:

“Ninguna política de seguridad nacional supone una amenaza tan grave a los derechos humanos y al estado de derecho internacional que el asesinato selectivo, porque el gobierno utiliza la autoridad que se le ha dado para imponer un sentencia de muerte extrajudicial a gente – incluyendo ciudadanos estadounidenses – localizados lejos de cualquier campo de batalla.”

Bajo el programa de asesinatos selectivos empezado por la administración de Bush y ampliamente expandido por la administración Obama, ahora el gobierno recaba “listas negras” secretas de sus objetivos, y por lo menos algunos de esos objetivos permanecen en esas listas durante meses al mismo tiempo. Por definición esos objetivos no pueden siempre suponer amenazas “inminentes”. Al mismo tiempo, el gobierno ha rechazado incluso revelar los criterios legales que utiliza para decidir a quién va a matar. El público americano no tiene manera de saber si el programa de asesinatos selectivos es legal, y mucho menos si en concreto la gente que el gobierno mata en el nombre de nuestra seguridad realmente representa una inminente amenaza a nuestra nación. Sin embargo nosotros sabemos, que en la década que va desde el 11 de septiembre, el gobierno ha señalado repetidamente a gente como terrorista – incluyendo en Guantánamo – y sólo más tarde hemos encontrado (o una corte ha encontrado) que las pruebas del gobierno eran exageradas, erróneas, o no existentes. Si conferimos al gobierno de una autoridad sin control para imponer sentencias de muerte de personas que están lejos de cualquier campo de batalla y que no han sido nunca condenadas o ni siquiera acusadas de un crimen, es inevitable que – a pesar de las afirmaciones no verificables del gobierno de lo contrario – que gente inocente sea ejecutada.

Para todo lo que se dice sobre que Bush y Cheney volvieron a los EEUU en un estado granuja, aquí está el resultado aumentado de la política de Obama:

En los últimos diez años, América se ha convertido en una legalidad internacional atípica al invocar el derecho a usar la fuerza letal y la detención indefinida contra sospechosos de terrorismo fuera de los campos de batalla. Si seguimos afianzando la militarización de nuestros esfuerzos anti terroristas, nuestra nación arriesga en convertirse en un paria legal, en detrimento de esos esfuerzos.

La ACLU entonces dedica un capítulo entero al modo en que la inmunidad para los torturadores americanos – conferida conjuntamente por el presidente Obama y una rama judicial dócilmente respetuosa al llamado de Obama Bush al secreto de Estado – ha contaminado y degradado todo el sistema judicial y ha hecho que la futura reintroducción de la tortura sea virtualmente inevitable:

“Hoy tenemos una situación general que debería ser motivo de vergüenza para todos los americanos: ni una sola víctima del régimen de torturas de la administración de Bush ha estado ante un tribunal. Y ni un solo tribunal que se ha atrevido con un pleito sobre tortura ha apuntado a la cuestión clave de si los derechos legales de la víctima fueron violados.

Entonces se está produciendo el señalamiento de musulmanes americanos por algunas de las acciones más invasivas y reductoras de derechos de las últimas décadas. La ACLU explica: “Ninguna área de la sociedad civil musulmana de América no se vio afectada por las acciones discriminatorias e ilegales durante los años del gobierno de Bush… Resumiendo, la administración de Bush usó la discriminación religiosa, racial y de nacionalidad como una de las principales herramientas de la lucha antiterrorista de esta nación.” ¿Y ahora?

Con un alarmante amplitud, la administración de Obama ha continuado utilizando la discriminación como una política oficial del gobierno.

Un capítulo separado lo dedican a lo que la ACLU llama “Una masiva y descontrolada sociedad vigilada.” Explica: “Usando la autoridad del Acta Patriótica, la Administración de Bush empezó – y la Administración Obama ha continuado – llevando a cabo una intensiva vigilancia “preventiva” de americanos inocentes sin una revisión judicial.” Y “el resultado es una sociedad vigilada a nivel nacional en la que el derecho a la privacidad de los americanos está sitiado como nunca antes.” Pero poco se sabe sobre lo que exactamente el gobierno está haciendo con esto, inexplicablemente a escondidas – es lo que el Washington Post llama “América máximo secreto” – por esto:

La administración Obama, como la administración Bush antes, ha usado excesivo secretismo para esconder una posible inconstitucionalidad de la vigilancia.

Este “Estado de Vigilancia”, al igual que otras muchas políticas antiterroristas de Bush/Obama, se justifica por una interminable plan para sembrar miedo. Porque además del enriquecimiento de la industria estatal de seguridad privada (ved aquí y aquí), su propósito real – como ya expresé la semana pasada – es este:

Demasiado a menudo, la vigilancia gubernamental después del 11-9 ha señalado a gente sólo por expresar sus opiniones políticos o por protestar las políticas del gobierno. La ACLU ha documentado ejemplos de espionaje político, monitorización y acoso a los americanos basados en sus actividades, que están protegidas por la Primera Enmienda, por parte de los oficiales locales, estatales y federales de al menos 33 estados y el distrito de Columbia62. El gobierno ha espiado a grupos de minorías raciales y religiosas y a comunidades organizadas, grupos universitarios, reservistas militares cuando llaman a sus familias a casa, periodistas, cooperantes, activistas políticos, y muchos otros63.

Pero la principal causa de esta continuidad Bush-Obama ha sido que ambos presidentes han adoptado rotundamente la misma teoría de la guerra contra el terrorismo- el ilimitado campo de batalla global y el resultante poder sin restricciones para actuar en cualquier parte del mundo sin límites – lo que tuvo mucha controversia durante la presidencia de Bush pero que se ha convertido en la línea principal, de consenso bipartidista:

Por supuesto, no son sólo algunos en el Congreso que han adoptado una guerra contra el terrorismo mundial. Desde el 11 de septiembre, no ha habido más algo más dramático o con un desarrollo con consecuencias que la controversia entre las administraciones de Obama y Bush de que Estados Unidos está metido en un conflicto armado global contra entidades terroristas definidas con poco rigor y las indefinidas “fuerzas aliadas”. Las políticas más concretas que se han seguido con esta construcción son la detención militar indefinida y el asesinato selectivo de civiles lejos de cualquier campo de batalla convencional o teatro de operaciones.

Apuntando a esa teoría central de ambos presidentes, la ACLU resuelve una de las reivindicaciones más erróneas de los defensores de Obama: que el fracaso del presidente en cerrar Guantánamo se debe exclusivamente al obstruccionismo del Congreso; de hecho, mucho antes de que el Congreso hiciera nada con respecto al campo, el presidente anunció su intención de continuar con la injusticia principal – la detención indefinida – aunque en un escenario diferente:

Pero la promesa del presidente Obama de cerrar Guantánamo fue minada por él mismo en mayo del 2009 al anunciar una política que consagraba en Guantánamos el principio detención indefinida militar sin cargos o juicio6.

Durante la era Bush, las acciones y condenas de la ACLU recibieron una atención amplia y positiva de los progresistas. Eso, por supuesto, no es verdad ahora, y este mordaz y crítico reportaje será probablemente ignorado en la mayoría de esos círculos, igual que lo ha sido este comentario realmente destacable del director ejecutivo de la ACLU. Y como siempre, cualquiera que pida con insistencia que se preste atención a estos hechos se encontrará con la exigencia de que la mirada tiene que desviarse en cambio a qué miedo dan Sarah Palin Christine O’Donnell Michele Bachmann Rick Perry, y después esto se desvanecerá tan alegremente en una nube de electoralismo partidista incluso cuando a las elecciones les faltan más de un año.

De una manera u otra, este autoritarismo avanza de manera sigilosa, sin restricciones y sin disminuir, y es ahora – más que en la esfera del ala derecha republicana – con un completo consenso bipartidista. Realmente no entiendo cómo los progresistas piensan que se les va a tomar en serio la próxima vez que haya un gobierno republicano e intenten resucitar su fingida preocupación por esas cuestiones; serán tan creíbles como los conservadores que pretenden ser guerreros del déficit y de un gobierno comedido sólo cuando es el otro partido el que está en el poder.

Pero incluso eso últimamente importa poco: tan afianzado está el militarismo institucional, el secretismo, la vigilancia y el autoritarismo que incluso si hubiera un gran debate público sobre ello, como hubo durante la presidencia de Bush, este sistema difícilmente se vería afectado, ni mucho menos amenazado. El gobierno y otras facciones de poder – especialmente aquellas amenazadas por la posibilidad de descontento y agitación social – no renuncian a este tipo de autoridad a menos que se les fuerce a ello.

ACTUALIZACIÓN: Mañana por la mañana, empezando alrededor de las 11.20, estaré en el programa de la radio pública nacional (NPR por sus siglas en inglés)On Point, hablando del 11 de septiembre y las libertades civiles, junto con Dana Priest del Washington Post, que estará desde el principio del programa hablando sobre “la América del Máximo secreto”.

ACTUALIZACIÓN II: Donald Rumsfeld se ha convertido en la última figura de la derecha – entre muchos – en colmar de alabanzas al presidente Obama sobre las políticas de libertades civiles y terrorismo ( h/t flellis):

El anterior secretario de defensa Donald Rumsfeld le dice al presidente Obama que ha tenido que aceptar buena parte de la doctrina Bush por necesidad, a pesar de que lo que prometió durante la campaña en el 2008…

“Han terminado dejando Guantánamo abierto no porque les guste – a nosotros no nos gustaba tampoco – sino porque no pudieron pensar en una solución mejor,” dijo Rumsfeld a Greta Van Susteren de las noticias de la Fox el martes…

“Es lo mismo que con el Acta Patriótica, las comisiones militares y la detención indefinida. Todas esas cosas fueron criticadas pero hoy todavía están activas dos años y medio más tarde porque son la mejor alternativa a las demás opciones – y de hecho están sirviendo para mantener a América más segura,” dice Rumsfeld.

Igual que nadie podría haber fortalecido el formato antiterrorista de Bush/Cheney en el modo que Obama lo ha hecho, de igual manera nadie habría podido darle confirmación a esas políticas como él lo ha hecho.

Este artículo apareció originalmente en Salon.com el 7 de septiembre de 2011.

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Tres mitos sobre EL PROYECTO DE LEY de detenciones de Obama

Publicado por moncadista en 23 enero, 2012

Glenn GreenwaldBarack Obama

20 de diciembre de 2011

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
4 de enero de 2012

La condena al Presidente Obama es intensa, y está creciendo, como resultado de su anunciado intento de firmar la ley de detención indefinida dentro del Acta de Autorización de defensa nacional del 2012 (NDAA por sus siglas en inglés).

Estas denuncias no vienen sólo de los líderes de grupos de libertades civiles y derechos humanos, sino también de la página editorial del periódico pro-Obama New York Times, que tiene una mordaz Editorial describiendo la posición de Obama como un “completo suicidio político, que refuerza la impresión de una presidencia torpe” y lamentando que “el proyecto de ley tiene muchos otros aspectos cuestionables que no podemos analizar” así como los portavoces de los que apoyan a Obama, como Andrew Sullivan, que escribió que este episodio es “otra señal de que su promesa electoral de ser vigilante de las libertades civiles en la guerra contra el terror era mentira.” En modo “control de daños”, los grupos aliados a la Casa Blanca están yendo al rescate mediante ataques a la Unión americana de libertades civiles (ACLU por sus siglas en inglés) y con evasivas empequeñeciendo los peligros de la reforma.

Por esta razón, vale la pena examinar brevemente – y desmontar las falsedades – los tres principales mitos que están siendo difundidos por los que apoyan esta reforma, y para hacerlo de manera muy simple: citando los principales argumentos de la reforma, así como los pasajes relevantes del informe original del 2001 “Autorización para el uso de la fuerza militar” (AUMF por sus siglas en inglés), para que todos pueden juzgar por sí mismo lo que este proyecto de ley incluye (más allá de la evidencia que junté para escribir sobre la ley ayer.)

Mito 1: Esta reforma no conlleva la detención indefinida.

La sección 1021 de la NDAA del gobierno, como su título dice, “Autoridad de las Fuerzas Armadas para detener personas con orden de captura al amparo de la AUMF.” La primera – sección (a) – explícitamente “afirma que la autoridad del Presidente” bajo la jurisdicción de la AUMF “incluye la autoridad para las fuerzas armadas de Estados Unidos para detener personas bajo su jurisdicción.” En la siguiente sección, (b), define “personas bajo su jurisdicción” – por ejemplo, esas que pueden ser detenidas por los militares de EEUU – como “una persona que en parte o sustancialmente apoyaba al-Qaeda, los Talibanes, o fuerzas aliadas que llevaban a cabo hostilidades contra los Estados Unidos o sus aliados.” Al respecto de esos “individuos bajo su jurisdicción,” este es el poder delegado en el Presidente en la siguiente sección, (c):

(c) Disposición bajo la ley marcial. – La disposición de una persona bajo ley marcial como se describe en la subsección (a) puede incluir lo siguiente:

1. Detención bajo la ley marcial sin juicio hasta el fin de las hostilidades autorizadas por la “Autorización del uso de la Fuerza Militar”.

No puede estar más claro dentro de los límites del inglés, que esta reforma regula la potestad para detener indefinidamente. Expresamente capacita al presidente – con respecto a cualquiera acusado de los actos de la sección (b) – para detenerles “sin juicio o hasta que terminen las hostilidades.” Esta es la verdadera definición de “detención indefinida”, y no podría ser más claro que el estatuto regula este poder. Cualquiera que diga que esta reforma no regula la detención indefinida debería ser obligado a explicar cómo pueden afirmar eso ante algo que está más claro que el agua.

Es verdad, como he señalado repetidamente, que tanto las administraciones de Bush como las de Obama han sostenido que la AUMF del 2001 implícitamente (o sea, en silencio) ya otorga al Presidente la potestad para detener indefinidamente, y prestigiosos tribunales después del 11 de septiembre han aceptado ampliamente esta visión (igual que el Departamento de Justicia durante Bush defendió que el AUMF del 2001 implícitamente (o sea, en silencio) les permitió hacer escuchas ilegales a americanos sin las garantías requeridas por ley). Eso es por lo que la “Ley de autorización de Defensa Nacional” (NDAA por sus siglas en inglés) puede afirmar que no se pretende expandir la AUMF del 2001 mientras se está consiguiendo exactamente eso: porque la interpretación ejecutiva y judicial dada al AUMF del 2001 es ya mucho más amplia que lo que su texto indica.

Pero esta es la primera vez que esta autoridad para detener indefinidamente está siendo expresamente expuesta en un estatuto (no hay ni una palabra sobre la autoridad para detener en la AUMF del 2001). De hecho, como la ACLU y los Observadores de Derechos Humanos (HRW por sus siglas en inglés) indicaban, es la primera vez que tales poderes están siendo plasmados en un estatuto desde la ley de Seguridad Interna de McCarthy en 1950, sobre lo que ya escribí.

Segundo mito: La reforma no aumenta el objetivo de la Guerra contra el Terror tal como se define en la AUMF del 2001.

Este mito es muy fácil de desmontar. El objetivo de la guerra, tal como se define en el original AUMF del 2001 era, al menos con respecto a esta nueva reforma, bastante específico y concreto. Aquí está todo el texto original del AUMF en el que se regulaban las facultades:

(a) EN GENERAL- Que el Presidente está autorizado para usar toda la fuerza necesaria y apropiada contra todas aquellas naciones, organizaciones o personas que él determine que hayan planeado, autorizado, cometido o ayudado a los ataques terroristas que ocurrieron el 11 de septiembre de 2001, o dado refugio tales organizaciones o personas, de manera que se pueda prevenir en el futuro actos de terrorismo internacional contra los Estados Unidos por dichas naciones, organizaciones o personas.

Bajo el claro lenguaje de la AUMF del 2001, la autorización al Presidente para el uso de la fuerza estaba explícitamente confinado a aquellos que (a) ayudaron a perpetrar el ataque del 11/9 o (b) albergaron a los responsables. Eso es todo. Ahora miren qué amplia es la NDAA con respecto a quién puede ser objetivo:

(b) Personas amparada. – Una persona amparada bajo esta sección es cualquier persona como sigue:

(1) Una persona que planeó, autorizó, cometió o ayudó a los ataques terroristas que ocurrieron el 11 de septiembre del 2001, o albergaron a los responsables de esos ataques.

(2) Una persona que formó parte o sustancialmente apoyó a al-Qaeda, los talibanes, o fuerzas asociadas que están implicadas en hostilidades contra los Estados Unidos o sus aliados, incluyendo cualquier persona que ha cometido un acto beligerante o directamente ha apoyado tales hostilidades en ayuda a dichas fuerzas enemigas.

La sección (1) es básicamente una reproducción de la AUMF del 2001. Pero la sección (2) es una adición totalmente nueva. Permite al presidente señalar como objetivo no sólo a aquellos que ayudaron a cometer los ataques del 11/9 o a los que los acogieron, sino también: a cualquiera que “apoya sustancialmente” tales grupos y/o a “fuerzas relacionadas.” Esos son términos extremadamente vagos, sujetos a niveles de abuso amplios y obvios, (ver lo que el profesor de derecho Jonathan Hafetz me dijo en una entrevista la semana pasada sobre los peligros de tales términos). Esta es una importante escalada legal de la Guerra contra el Terror y la autoridad del presidente bajo la misma, y ocurre más de 10 años después del 11/9, con Osama bin Laden muerto, y con el gobierno de EEUU jactándosede que prácticamente todos los líderes de Al Qaeda han sido eliminados y la organización original (la acusada de perpetrar el ataque del 11/9) se ha vuelto inoperable.

Es verdad que tanto la administración de Bush como la de Obama han estado mucho tiempo discutiendo que el original AUMF debería ser ampliamente “interpretado” para que así se autorice el uso de la fuerza contra un abanico más amplio de individuos, a pesar de la total ausencia de ese lenguaje en el original del AUMF. Así es como la administración de Obama justifica los bombardeos que se están llevando a cabo en Yemen y Somalia y los muertos consecuencia de ellos basados en la afirmación de que ellos apoyan a grupos ni siquiera existían en el tiempo del 11/9 – es decir, argumentan: que esos nuevos grupos pos-11/9 que estamos señalando son “fuerzas asociadas” a Al Qaeda y los individuos que estamos matando “apoyan de manera importante” a dichos grupos. Pero esta es la primera vez que el congreso ha puesto sobre el papel una definición amplia del “Enemigo en la Guerra contra el Terror”. Y lo que cualquiera tiene que hacer para ver esto es comparar el viejo AUMF con el nuevo en la NDAA.

Mito número 3: los ciudadanos estadounidenses están excluidos de este nuevo proyecto de ley.

Esto es sencillamente falso, al menos cuando se expresa de manera taxativa y sin salvedades. El proyecto de ley es intencionalmente confuso en esta cuestión y esto es lo que facilita la falsedad.

Hay dos disposiciones separadas en cuanto a la detención militar indefinida. La primera, en el apartado 1021, autoriza la detención indefinida para las “personas afectadas por la ley”, una definición muy amplia, discutida más arriba en el anterior punto. Y en ese mismo apartado dice que “Nada en este apartado será interpretado de manera que afecte una ley existente o autoridad para la detención de ciudadanos estadounidenses, extranjeros legalmente residentes en los EEUU, o cualquier otra persona capturada o arrestada en los Estados Unidos”.

Por lo que este apartado contiene una exención con respecto a la intención de ampliar la autoridad para detener a ciudadanos estadounidenses, pero es sólo para la autoridad conferida por ese apartado específico. Y aún más importante, la exclusión parece que es sólo extensivo a los ciudadanos estadounidenses “capturados y arrestados en los Estados Unidos” – lo que quiere decir que la autoridad para la detención indefinida conferida en este apartado aplica a los ciudadanos estadounidenses capturados en cualquier parte en el extranjero (existen algunas imprecisiones gramaticales en este punto, pero muy al final, hay un argumento válido: que la potestad para detener a ciudadanos estadounidenses capturados en el exterior aplica en este apartado).

Pero el siguiente apartado, Sección 1022, es otra historia. Este apartado específicamente se ocupa de una categoría más pequeña de gente que el grupo más amplio amparado en el 1021: a saber, cualquiera que el Presidente determine como “un miembro de, o parte, de al-Qaeda o una fuerza asociada” y “que participara en el proceso de planear o llevar a cabo un ataque o intento contra los Estados Unidos o sus aliados.” Para esas personas, la sección (a) no sólo autoriza, sino querequiere (no hay una renuncia del Presidente), que sean mantenidos “bajo custodia militar pendiente de disposición a la ley militar.” El título del apartado es “Custodia militar para Terroristas de Al Qaeda extranjeros,” pero la definición de quién está amparado no excluye a ciudadanos estadounidenses ni incluye ningún requerimiento de extranjería.

Este apartado – 1022 – no contiene la amplia exención con respecto a los ciudadanos estadounidenses que contiene la 1021. Sin embargo, simplemente dice que el requerimiento de detención militar no aplica a los ciudadanos estadounidenses, pero no excluye a los ciudadanos estadounidenses de la autoridad, la opción, para mantenerlos bajo custodia militar. Aquí está lo que dice:

(b) Aplicabilidad para los ciudadanos estadounidenses y extranjeros legalmente residentes.

(1) Ciudadanos estadounidenses – El requerimiento para detener a una persona bajo custodia militar en este apartado no se extiende a los ciudadanos de Estados Unidos.

La única disposición por la que los ciudadanos estadounidenses están aquí exentos es el requisito de la detención militar. Para extranjeros acusados de ser miembros de Al Qaeda, la detención militar es obligada, para los ciudadanos estadounidenses, es opcional. Este apartado no exime a ciudadanos estadounidenses de la potestad presidencial de la detención militar: sólo del requisito de la detención militar.

El punto más importante en este tema es el mismo que se subraya en los dos puntos anteriores: el “compromiso” alcanzado por el Congreso incluye un lenguaje que conserva el status quo. Eso es porque la administración Obama ya plantea que el original AUMF del 2001 los autoriza a actuar contra ciudadanos estadounidenses (obviamente, si ellos creen que tienen la competencia para asesinar a ciudadanos estadounidenses declarados objetivos, entonces creen que tienen el poder para detener ciudadanos estadounidenses como combatientes enemigos). La prueba de que esta reforma no exime expresamente a los ciudadanos estadounidenses o aquellos capturados en suelo de EEUU es que las enmiendas impulsadas por el senador Feinstein que se referían expresamente a esa prerrogativa fueron rechazadas. El “compromiso” fue preservar el status quo incluyendo la disposición de que la reforma no pretendía cambiar nada con respecto a los ciudadanos americanos, pero eso es porque los que proponen la amplia potestad para detener están confiados en que el status quo ya les permite tales detenciones.

Incluso si fuera verdad que esta reforma no cambia nada cuando se la compara con cómo el brazo ejecutivo ha venido interpretando y llevando a cabo las prerrogativas de la vieja AUMF, hay peligros y perjuicios serios por poner todo el peso institucional y estatutario del Congreso – con patrocinadores bipartidistas, por los Demócratas del Senado y por la mayoría Republicana en el Cámara de Representantes bajo atribuciones previamente reclamadas y utilizadas por el Presidente sólo. Esta codificación afianza dichas atribuciones. Como dice la editorial del New York Times: la reforma de la ley contiene “nuevas medidas terribles que harán la detención indefinida y los tribunales militares un parte permanente de la ley americana.”

Lo particularmente irónico (y revelador) de todo esto es que el ex abogado de la Casa Blanca Greg Craig aseguró a Jane Mayer del New Yorker, en febrero del 2009, que era“difícil imaginar a Barack Obama como el primer Presidente de los Estados Unidos que introduce una ley de detención preventiva.” Cuatro meses más tarde, el Presidente Obama propuso exactamente dicha ley – que The New York Times describió como un “alejamiento del modo en el que el país se ve a sí mismo, como un lugar donde la gente en manos del gobierno puede o enfrentarse a cargos criminales o ir libre” – y ahora él convertirá ese plan en una ley.

Este artículo apareció originalmente en Salon.

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La maldad de la detención indefinida y aquellos que quieren sacarla de la agenda.

Publicado por moncadista en 22 enero, 2012

8 de enero de 2012
Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
22 de enero de 2012

Este miércoles se cumplirá el décimo aniversario de la inauguración del campo de prisioneros de Guantánamo. En el New York Times, un antiguo prisionero del campo, Lakhdar Boumediene, escribe un increible y poderoso artículo de opinión donde vuelve a contar la flagrante injusticia que supuso su detención sin el debido proceso y que duró 7 años.

Desde el principio quedó claro que las acusaciones contra el ciudadano bosnio – que en el momento de los ataques del 9-11 era director de la Sociedad de la Luna Roja Creciente llevando ayuda humanitaria a niños bosnios – eran falsas; de hecho, un alto tribunal en Bosnia investigó y le retiró los cargos americanos de terrorismo. Pero las fuerzas de EEUU lo secuestraron de todas maneras, lo ataron, lo mandaron a Guantánamo y lo encerraron durante siete años sin juicio.

En septiembre del 2006, el Congreso de EEUU aprobó el Acta de las Comisiones Militares (MCA de sus siglas en inglés) el cual, entre otras cosas, no sólo autorizaba la detención de sospechosos de terrorismo sin un juicio, sino que incluso negaba explícitamente a todos los detenidos en Guantánamo el derecho al Habeas corpus: el procedimiento por mandato constitucional permite a los prisioneros al menos la posibilidad para convencer a un jurado de que están siendo erróneamente retenidos. Las audiencias de Habeas protegen mucho menos que un juicio completo: el gobierno no necesita convencer a un jurado bajo la duda razonable de que alguien es culpable, sino que apenas tienen que presentar algunas pruebas creíbles para justificar el encarcelamiento. Pero el MCA denegaba incluso los derechos de habeas a los detenidos.

Sólo una vez la Corte Suprema de EEUU, en una decisión del 2008 llevando el nombre de Boumediene, sentenció que la disposición del MCA denegando el habeas era inconstitucional, y que los detenidos de Guantánamo tenían derecho a una revisión del habeas corpus. Esto hizo que al final se le requiriera al gobierno de EEUU a enseñar esas pruebas contra Boumediene ante una corte de verdad. 43 jueces federales designados por Bush después sentenciaron que no había ninguna prueba creíble que sustentara las acusaciones contra él, y fue finalmente liberado en mayo de 2009. Por favor primero leed el corto pero apasionante relato de lo que esta detención indefinida le hizo a su vida, y después considerar los siguientes puntos:

(1) Desde la decisión de la Corte Suprema sobre Boumediene, a docenas de detenidos de Guantánamo como Boumediene se les permitió tener una revisión de su caso por una corte federal para ver si había alguna prueba creíble contra ellos, y la gran mayoría de ellos ganaron los casos porque no había ninguna prueba (hubo un momento en el que el 75% de los detenidos prevaleció aunque el porcentaje es ahora algo más bajo). Si el Acta de las Comisiones Militares hubiera sido ratificada como constitucional, Boumedien – y docenas de otros inocentes detenidos que han sido liberados de Guantánamo – sin duda estarían ahora encarcelados indefinidamente.

Mírenlo de otra forma, si aquellos que votaron por el MCA hubieran hecho lo mismo– y eso incluye todos los Senadores republicanos excepto Lincoln Chafee junto con 12 Demócratas, inluyendo Jay Rockefeller, Debbie Stabenow, Robert Menendez, Frank Lautenberg, y en actual Secretario de Interior Ken Salazar – entonces Boumediene y docenas de otros detenidos inocentes estarían erróneamente encarcelados. Además, los Demócratas tenían 46 senadores en ese momento y podrían haberlo intentado bloquear pero no lo hicieron, es más, muchos Demócratas que incluso votaron contra la reforma de ley nombraron a John McCain como su negociador y estaban preparados para votar por la MCA hasta que en el último fin de semana se hicieron algunos cambios que aunque no estaban relacionados, lo hicieron sin su participación y les ofendió ese procedimiento. Como el artículo de opinión de Boumediene refleja, actuar para dar la potestad al Presidente de encarcelar gente indefinidamente sin cargos es una de los pasos más peligrosos y perjudiciales que un gobierno pueda tomar, y precisamente el Congreso de los EEUU en 2006 hizo exactamente eso.

(2) La decisión de la Corte Suprema sobre el caso Boumediene fue con una votación 5 contra 4; por lo que 4 Jueces de la Corte Suprema de los EEUU votaron por mantener la constitucionalidad del encarcelamiento indefinido de seres humanos, probablemente de por vida, sin ni siquiera las mínima protección de la audiencia de habeas. Si Anhonny Kennedy hubiera votado con sus colegas conservadores, no sólo Boumediene y docenas más estarían todavía erróneamente encarcelados, sino que el poder con el que los EEUU ha oprimido por tiempo a sus ciudadanos es el sello distintivo que define a la tiranía – la potestad para encarcelar sin el debido proceso – habría sido totalmente consagrado mediante una ley americana.

(3) Después del caso Boumediene, la detención indefinida sigue siendo una parte clave de la política de Obama. El Departamento de Justicia (DOJ por sus siglas en inglés) de Obama ha argumentado repetidamente que las reglas que se aplicaron a Boumediene no deberían ser aplicadas en Bagram, donde – la administración Obama insiste – se tiene la potestad para encarcelar a gente sin el debido proceso, ni siquiera con audiencia de habeas; el Departamento de Justicia (DOJ) de Obama al final logró tener ese poder consagrado. Obama ha propuesto una ley para darle a él plenas facultades “para detener de manera prolongada” de manera que se pueda permitir que sospechosos de terrorismo sean encarcelados sin juicios. Su plan para cerrar Guantánamo implicaba una mera relocalización de su sistema de detención indefinida a suelo Estadounidense, donde docenas de detenidos, por lo menos, continuarán encarcelados sin juicio. Y por supuesto acaba de firmar la ley que regula el Acta de autorización de defensa nacional (NDAA por sus siglas en inglés) que contiene – como refleja el ACLU- “una disposición que ampliamente permite la detención indefinida en cualquier parte del mundo,” lo que quiere decir – como dice Human Rights Watch – que “el Presidente Obama quedará en la historia como el presidente que consagró como ley estadounidense la detención indefinida sin juicio.” Esos mantenidos en Guantánamo continuarán recibiendo por lo menos la audiencia de habeas, pero no aquellos mantenidos en otras prisiones de la Guerra contra el Terror americana. Leer el artículo de opinión de Boumediene para ver por qué esto es tan detestable.

(4) Como se aproxima un año electoral, cada vez se está volviendo más común una táctica tan repelente como estrambótica y evidente en sí misma utilizada por algunos militantes Demócratas contra aquellos que como nosotros insistimos que temas como el de la detención indefinida (junto con el asesinato de civiles que se está dando en el mundo musulmán) merece una prioridad máxima. El argumento es que poner el énfasis en esos asuntos es perjudicar al Presidente Obama (porque él es responsable de la detención indefinida, la muerte de bastantes civiles, y las agresiones con riesgo de guerra) mientras se ayuda a los candidatos competidores (como Gary Johnson o Ron Paul) quienes vehementemente se oponen a esas políticas. Así que, sigue este razonamiento, reivindicar que temas como la detención indefinida y la muerte de civiles sea prioritario en la valoración de la carrera presidencial significa subordinar la importancia de otros asuntos como el aborto, la igualdad de los gays o los derechos civiles en el país, cuestiones en las que Obama y los Demócratas son mejores. Muchos de estos comentaristas insinúan de manera muy fuerte, o ahora incluso abiertamente plantean, que sólo hombres y blancos están dispuestos a discutir por este esquema de prioridades porque los asuntos a los que se les ha quitado prioridad no les afectan. Pueden ver aquí (Megan Carpentier), aquí (Katha Pollitt) y aquí (Dylan Matthews) como tres de los muchos ejemplos de esta insinuación acusatoria y grotesca.

Hay muchos errores que llaman la atención en su táctica para dividir. Uno, depende de la distorsión deliberada y a gran escala del argumento que se ha hecho; demandando que los temas como la detención indefinida, la muerte de civiles y la guerra agresiva sean temas de alta prioridad en la carrera presidencial no abogan, ni de lejos, por quitarle prioridad a otros asuntos. Otro, muchas mujeres y minorías étnicas y raciales – así como los gays americanos – están dando argumentos similares sobre la necesidad de que estos temas reciban suficientes atención en las elecciones.

Y más importante, es extremadamente irracional defender que el interés personal o los “privilegios” llevarían a alguien a priorizar asuntos como la detención indefinida y las bajas civiles ya que los que están siendo acusados y que defienden las libertades civiles o están en contra de la guerra es extremadamente improbable que se vean implicados en los abusos por los que protestan. No son hombres blancos la mayor parte de los que están siendo detenidos indefinidamente, a los que se les destruye sus casas y coches con aviones no tripulados – las víctimas de esas políticas son gente como Boumediene, o Gulet Mohamed, o José Padilla, o Awal Gul, o Sami al-Haj, o Binyam Mohamed, o aldeanos afganos, o familias paquistaníes, o adolescentes yemenís.

Veamoslo de otra manera, cuando empleas la mayor parte de tu tiempo trabajando contra las injusticias impuestas casi exclusivamente sobre las minorías y los marginados – como hace cualquiera que trabaja en temas de libertades civiles y guerra – es reprobable para cualquiera utilizar ese tipo de tácticas acusatorias, todo al servicio del objetivo vacío de la aplicación de la lealtad partidista. Precisamente esos que actúan por privilegiados intereses propios querrían quitar prioridad a esos asuntos en la campaña presidencial, no insistir en su vital importancia.

Y este es el verdadero punto aquí: lo más retorcido de los que emplean estas tácticas con fines partidistas es lo fácil que podría ser utilizadas contra ellos, en lugar de por ellos. Todos los autores de los tres ejemplos acusatorios mencionados más arriba (Carpentier, Pollitt y Matthews) – así como todos esos Demócratas que se han hundido por argumentar explícitamente que esos asuntos no tienen importancia – son blancos y no musulmanes. Para aplicar su degradada retórica a ellos, uno podría fácilmente decir:

Desde luego que no consideran que la detención indefinida, las invasiones y ocupaciones, y la matanza de civiles estén descalificando a un Presidente o incluso mereciendo mucha atención en la elección presidencial – por supuesto ellos pedirán que todo el mundo apoye fielmente al Presidente que continúa haciendo todas esas cosas de manera agresiva – porque, como no musulmanes, ellos no son los que serán encarcelados por años sin juicio o un avión de EEUU o un ataque aéreo no hará pedazos a sus niños, entonces ¿qué les importa?

No utilizo ni apoyo ese desafortunado razonamiento, pero esos que lo hacen – como los autores de las acusaciones que enlazo más arriba – deberían haberlo aplicado a ellos mismos y a sus prioridades políticas; merecen cosechar lo que están sembrando.

Es más, el Washington Post tiene un excelente artículo sobre los millones de civiles muertos que EEUU ha causado en las últimas décadas y cómo firmemente esos civiles muertos son ignorados en el discurso político y mediático en EEUU. El artículo es de John Tirman, el director ejecutivo y principal científico de investigación en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT por sus siglas en inglés), en el Centro de Estudios Internacionales, que acaba de publicar un libro sobre ese tema. Una de las principales razones por las que esos muertos reciben tuna prioridad tan baja es porque los americanos no se ven afectados por esas bajas y pueden así quitarles prioridad como aberrante.

Esto explica mucho de nuestra respuesta a la violencia en Corea, Vietnam, Irak y Afganistán. Cuando la guerra iba muy mal y la violencia iba en aumento, los americanos tendían a ignorar o incluso culpar a las víctimas. El público descartaba a los civiles porque sus altas tasas de mortalidad, desplazamiento y ciudades destruidas no concordaban con nuestra idea de las misiones y del papel de EEUU en el mundo.

Esas actitudes tienen consecuencias. Tal vez la más importante – aparte de las tensiones creadas con los gobiernos anfitriones, que han hecho bastante ruido protestando por las bajas civiles – es que la indiferencia da permiso a nuestros militares y líderes políticos para buscar más intervenciones.

Para apelar a las tácticas acusatorias y explosivas de Megan Carpentier, Katha Pollitt, Dylan Matthews y otros acusadores que se enlazan más abajo: es mucho más fácil ver esas políticas como no descalificadoras e insistir en quitarles prioridad en favor de otras políticas porque sus privilegios de blancos y no musulmanes significa que ellos no son los que van a ser detenidos indefinidamente, asesinados sin el debido proceso, ni sus casas y niños serán objetivo de aviones no tripulados y bombas de racimo. Los musulmanes tienen momentos más difíciles, consintiendo tan alegremente esos abusos – como hacen los nos musulmanes que son capaces de protestar por las graves injusticias incluso cuando no están directamente afectados por ellas. De nuevo, esta no es una forma de razonar que yo acepto o uso – podría haber todo tipo de razones por las que alguien querría que esas políticas fueran no prioritarias o por lo menos que no sean vistas como descalificadas bajo indiferencia basada en el egoísmo y los privilegios – pero esos que vomitan ese tipo de calumnias deberían entender qué fácilmente se les puede someter a esas mismas acusaciones.

Al final, realmente no es tan complicado entender por qué tanta gente considera esos asuntos tan fundamentales. Esos luchando por entenderlo deberían leer el artículo de opinión de Lakhdar Boumediene. O esta historia y este artículo de opinión sobre un chico de 16 años y su primo de 12 a los que se les quitó la vida cuando el de 16 años fue atacado (en secreto y sin ningún control) con un ataque desde un avión no tripulado en Pakistán. O estos descubrimientos recién documentados de abusos que están ocurriendo a detenidos en Bagram. O las docenas de mujeres y niños yemeníes asesinados por una bomba de racimo de EEUU. O el proceso secreto por el que el actual Presidente ha tomado la potestad unilateral para poner como objetivo a ciudadanos estadounidenses para asesinarlos.

Hay muchas razones por las que uno podría insistir en que hay que poner atención a estos asuntos, incluso en un año electoral. Como expliqué en mi respuesta al modesto ataque de Carpentier en Guardian, el interés propio y los “privilegios” no están entre ellos. Si acaso, es probable que esos rasgos produzcan exactamente la reacción contraria, por ejemplo que esos asuntos no sean priorizados porque dan más poder al partido político propio o que preocuparse sobre asuntos que lo dañan personalmente es el objetivo predominante.

Este artículo apareció originalmente en Salon.com

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LA GUERRA DE LOS AVIONES NO TRIPULADOS: LA INMENSA OPERACIÓN ASESINA DE OBAMA

Publicado por moncadista en 14 enero, 2012

29 de diciembre del 2011
Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
12 de enero de 2012

Pretendía escribir esporádicamente o nada esta semana, y todavía ese es mi plan, pero hay un artículo nuevo en el Washington Post que contiene tres pasajes cortos que quiero realmente subrayar porque recojen muy gráficamente su esencia.

Al artículo, de Greg Miller, el “Post” lo está anunciando de esta manera: “En 3 años, la administración de Obama ha creado una inmensa operación de matanzas con aviones no tripulados”; describe el completo secreto con el que esto está siendo llevado y anota: “nunca ningún presidente ha confiado tan ampliamente en el asesinato en secreto de individuos para promover los objetivos de seguridad de la nación”.

Aquí está el primer pasaje, bonito y revelador:

Los Demócratas veteranos ni siquiera pestañean ante la idea de que un presidente de su partido monte una maquinaria tan eficiente para matar sospechosos de terrorismo. Esto denota lo incómoda que se ha hecho la campaña con aviones no tripulados, un secreto a voces en Washington, que incluso aquellos que tendían a expresar sus dudas ahora sólo puedan aludir a un programa que, oficialmente, no se les permite discutir.

En definitiva: el Presidente puede matar a quien le de la gana en cualquier parte del mundo (incluyendo a ciudadanos de EEUU) sin el más mínimo control o vigilancia, y ha incrementado masivamente esos asesinatos desde que llegó al despacho (en el momento de la investidura de Obama, los ataques de los aviones no tripulados sólo se usaban en un país (Pakistán); bajo el mandato de Obama, esos ataques se han dado en al menos seis países musulmanes). Y como es un demócrata el que hace esto (y no un gran y malvado George W. Bush), literalmente ningún miembro del Partido dice ni pío (unos pocos se atreven a expresar sólo tibiamente, abstractas “inquietudes” sobre la posibilidad de un abuso en el futuro). E incluso aunque estos asesinatos encubiertos y sistemáticos son ampliamente conocidos y discutidos en periódicos de todo el mundo – especialmente en los sitios donde continúan apagando las vidas de docenas de personas inocentes, incluyendo niños – Obama designa la existencia del programa como un secreto, lo que significa que nuestros representantes democráticos y todos los funcionarios de Washington tienen totalmente prohibido por ley comentar algo o incluso reconocer que el programa de aviones no tripulados de la CIA existe (una prohibición impuesta por una administración que ha perseguido las filtraciones que no gustan con más severidad que ninguna administración con anterioridad). Después tenemos esto:

Otra razón para la falta de un debate extenso es el secretismo. La Casa Blanca ha rechazado divulgar detalles sobre la estructura del programa de aviones no tripulados o, con raras excepciones, quién fue asesinado. Los funcionarios de la Casa Blanca y la CIA rechazaron hablar públicamente para este artículo.

Dentro de la Casa Blanca, de acuerdo con funcionarios que discutieron sobre el programa de aviones no tripulados sólo a condición de mantener el anonimato, el programa es visto como una herramienta de crítica cuya evolución fue acelerada incluso antes de que Obama fuese elegido.

La Administración Más Transparente que Nunca Ha Habido TM no sólo previene el debate público envolviendo el programa entero en secretismo – incluyendo a los que han matado y el por qué, e incluyendo sus aclamadas bases legales para esos asesinatos (lo que los abogados demócratascondenaban durante los años de Bush como la tiranía de la “ley secreta”) -pero entonces ellos envían a sus propios funcionarios para defender lo que están haciendo, solamente que cubriéndose con el anonimato de manera que no haya responsabilidad alguna. Y, por supuesto, el Post (Washington Post) (artículo que es bueno aunque imperfecto) diligentemente les permite hacer esto. En otras palabras: si nos preguntas sobre nuestra sistemática operación de asesinatos, rechazaremos responder o incluso reconocer que existe y legalmente evitaremos las críticas al prohibir hablar de ello en público; nadie en el gobierno puede comentar nada de esto excepto nosotros, lo cual haremos sólo haciendo públicas sentencias declarándolo Bueno y Correcto. Al final tenemos esto:

Miembros clave del equipo de seguridad nacional de Obama tomaron el cargo más inclinados a apoyar los ataques de los aviones no tripulados que sus predecesores con Bush, dijeron actuales y antiguos funcionarios en el cargo.

La secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton, el antiguo director de la CIA y actual Secretario de Defensa Leon E. Panetta, y el consejero antiterrorista John O. Brennan parecían siempre listos para pisar el acelerador

El único miembro del equipo de Obama, que se sepa, que ha levantado la voz para objetar la campaña en expansión de aviones no tripulados es Dennis Blair, que sirvió como director de inteligencia nacional.

Durante un encuentro del Consejo de Seguridad Nacional en noviembre del 2009, Blair apuntó a hacer caso omiso a la agenda y forzar un debate sobre el uso de los aviones no tripulados, según dos participantes.

Desde entonces Blair ha expresado sus inquietudes en público, llamando a la suspensión de los bombardeos unilaterales por aviones no tripulados en Pakistán, lo cual él argumenta daña las relaciones con ese país y mata principalmente a militantes de medio nivel. Pero ahora habla como un ciudadano normal. Su opinión contribuyó a su aislamiento del círculo más cercano a Obama, y fue despedido el año pasado.

A los funcionarios de Obama les encanta los asesinatos secretos y seleccionados mucho más que a los funcionarios de Bush. “Siempre están listos para pisar el acelerador” (y, por supuesto, fueron mucho más lejos que Bush al poner como objetivo a ciudadanos estadounidenses muy lejos de cualquier campo de batalla). Sólo el almirante Blair puso objeciones, y lo despidieron, y ahora es relegado a explicar en las cartas de opinión del New York Times que esos asesinatos, a este punto, no sólo hacen poco daño a Al Qaeda, sino más bien al contrario: incrementan el riesgo de Terrorismo al alimentar el odio anti-americano, algo que inevitablemente despertará de los cadáveres de hombres, mujeres y niños inocentes amontonados por el programa de Obama.

A los americanos les encanta pensar que están muy bien informados como resultado de la robusta libertad de prensa de la que disfrutan, mientras esos primitivos e ignorantes musulmanes están trágicamente manipulados y sujetos a propaganda por sus gobiernos. Sin embargo, aquí tenemos una trascendental y extraordinaria “amplia operación de asesinatos mediante aviones no tripulados”, y mientras esos en el mundo musulmán son muy conscientes de lo que es y lo que hace y debaten todo eso abierta y enérgicamente, los americanos son mantenidos sobre ello en gran parte en la oscuridad. Eso es porque: (a) el gobierno de EEUU lo blinda todo en secreto (sin esconderlo a nadie excepto a sus ciudadanos); (b) los medios de EEUU generalmente evitan subrayar las víctimas inocentes de la violencia americana; y – sobre todo – (c) todo esto está consagrado al consenso bipartidista, con el Comité Nacional republicano (GOP por sus siglas en inglés) aprobando de manera consistente cualquier agresión gubernamental cubierta que mate extranjeros, y los Demócratas permaneciendo callados porque es su líder quien lo está haciendo. Eso es por lo que este artículo del Post proporciona tal gráfica instantánea de lo que es Washington y cómo trabaja.

Este artículo apareció originalmente en la página Salon.

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